Domingo , 20 Agosto 2017

La sombra de la desesperanza

(…de nuestro querido Don Jorge)

Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,

[… no los encontrarás] si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.

Leer a Don Jorge del Rincón me llevó a recordar a Konstantinos Kavafis. Kavafis no escribe el poema Ítaca en honor a puerto alguno; lo hace pensando en Ulises, motivado por acompañarlo en el viaje, deseoso de que lo emprenda y, sobre todo, ansioso de que lo entienda.
¡¿Qué sería de Ítaca sin Ulises?!, se preguntaría este autor griego. De antemano, su ausencia acabaría con la posibilidad de escribir una nueva historia; al no haber un nuevo viaje, una nueva “larga marcha”, el desfallecimiento se impondría a la motivación, la apatía al deseo y la pobreza de espíritu a la razón. De ahí que, “La sombra de la desesperanza” se resuma en una interrogante: ¿y si ya no hay Ulises que se atrevan a emprender el viaje? ¿Qué será de México o, de Sinaloa?
Este es el tercer libro que presento de Don Jorge. Es un hombre que ha dado tanto y en distintas trincheras, que la culminación de múltiples esfuerzos traducidos en lápiz y papel me inspiraba. Me equivoqué. Desde entonces, el abuelo de mi entrañable amigo Ricardo, lleva dos obras más. La última tuve el honor de presentarla en la ciudad de los Mochis, junto a otro gran amigo, Juan de Dios Palazuelos.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) esta de regreso en Los Pinos desde hace tres años. Con la elección de Enrique Peña Nieto el 1o de julio de 2012, terminó la primer experiencia de alternancia en México en la Presidencia de la República. El Partido Acción Nacional (PAN), el partido al que dedicó su vida Don Jorge, gobernó el país durante doce años. Para no pocos autores, éste periodo ha resultado infructuoso. Incluso, se le adjetiva como la época del “desencanto”.
Latinobarómetro mide el grado de satisfacción de los países de América Latina con la democracia. De acuerdo a su reporte de 2013, los mexicanos esperaban mucho de la salida del PRI o, de la llegada del PAN a la presidencia de la República. Para el 63% de la población en el 2002, la democracia era preferible a cualquier otra forma de gobierno. Ocho años más tarde, ese valor alcanzó un nivel de 40%; es decir, una disminución de 23%.
La “sombra de la desesperanza” es un libro construido a partir de 86 artículos, estructurado en cuatro partes, ubicados en el acontecer político entre 2007-2014; es decir, los años de la “pérdida de confianza”.
A diferencia de otras de sus otras obras como, “Así Pasan los Años” o “No sólo de PAN…”, este libro está escrito por un analista. No es el empresario, el militante, el político ni el filántropo quien redacta. Aunque no por ello está ausente “el sello de la casa”, la marca; me refiero “al gusto por la convicción”.
Escribe con el rigor de un académico, pero nunca se esconde detrás de su pluma. Ello explica la forma en que defiende en múltiples ensayos al gobierno de Felipe Calderón o le recrimina a Andrés López Obrador.
Jorge del Rincón Bernal escribe a partir de los gobiernos de la alternancia, sobre sus actores, sus detractores, SU (querido) partido; le preocupa la consolidación de la democracia en México y Sinaloa, la amenaza del populismo y las francas amenazas de una regresión autoritaria. Al leerlo, lo imagino gritando a bordo de un trasatlántico que se está hundiendo, dando la “señal de alerta”, pero nadie le responde; los pasajeros aun duermen o bien, la tripulación se niega escuchar el llamado a cubierta. Tienen demasiados intereses en juego. En conclusión: ¡no hay marinos para izar las velas!
En el fondo, a Don Jorge como a tantos otros de su generación, como Rafael Morgan Ríos, lo que les inquieta es la convocatoria. ¿Convocar a qué, a quienes, con quién, para qué? ¡Temen por Ulises!, por su naufragio en el olvido; por el dolor de la historia que no fue, y ya no será. Porque el barco a la deriva puede mantenerse así, porque le es funcional a quienes se han apoderado “del viaje”.
Por extraño que parezca, “la sombra de la desesperanza” no es una claudicación; todo lo contrario, se trata de una invitación, un desafío, una proclama. “Yo ya hice lo que me tocaba ahora, ¡¿tú que vas a hace?!”
No ofrece hoja de ruta, pero si un punto de partida: la libertad como bandera. Para nuestro observador, existe un camino: la política. Y es que, hacer política para nuestro autor, es hacer sociedad.
¿Qué tienen que decir a todos aquellos que reflexionan sobre la pertinencia de interesarse todavía por la política? ¿Acaso vale la pena comprometerse con un ideal que muy probablemente será arrasado por la voracidad del pragmatimso “ramplón”? ¿Cómo equilibrar el evidente divorcio entre las palabras y los hechos cuando los márgenes de maniobra en el ejercicio gubernamental son tan reducidos? ¿De qué sirve que gobierne PAN, PRI, PRD, la chiquillada o coalición alguna, si los tres expresan el mismo desdén por los gobernados? ¿De qué sirve militar en un partido político, si los dirigentes tienen confiscada la palabra?
Hace 50 años, Efraín González Luna calificaba el “mal de México” como una “enfermedad generalizada”. Los ingredientes de la impunidad, sabotaje político, anarquismo, ya nos llegó el terrorismo, los dilemas de la democracia, centralismo endémico, pobreza y hambre, el síndrome Hybris son más que algunos de los títulos de la obra presentada. Se trata de la conexión de Don Jorge con uno de sus menotres, de quién vivió en su casa mientras estudiaba en Guadalajara, sobre la vigencia de esta “enfermedad generalizada” y de la invitación a renovar el compromiso.
¿Habrá más “Ulises” en el camino, dispuestos a una “larga jornada”? Lo ignoro, pero siempre estarán las nuevas generaciones para aclararlo.
Con profundo afecto para Don Jorge y toda una generación, deseosa de recuperar una historia acorde a sus biografías; porque ni duda cabe, varias de sus biografías, no se merecen esta historia.
Que así sea.

juanalfonsomejia@hotmail.com
Twitter: @juanmejia_mzt

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