Sábado , 25 Marzo 2017

El valor de la honestidad.

Por Angélica Rodríguez
@angiemzt
@seryconsciencia
vivirdecorazon.mx@gmail.com

“A mi me gustan las personas que dicen lo que piensan. Pero por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen”. Mafalda. 

Siendo honesta, no tienen idea de la responsabilidad (y el miedo) tan grande que siento al tocar este tema. Pero dice mi amado (y odiado por muchos) Alejandro Jodorowsky que todo aquello que quieras aprender, lo tienes que enseñar. Y no es que yo venga hoy aquí a dar clases de honestidad, para nada, sino por el contrario, simplemente compartirles algunas veces en que la falta de ella, empezando conmigo misma, me ha metido en serios problemas emocionales, la mayoría innecesarios.

Dice el diccionario que “Honestidad es que no hay contradicciones ni discrepancias entre los pensamientos, palabras y acciones”. Y no hablo de bueno ni malo, de moral o inmoral, correcto o incorrecto sobre lo que pienso, digo y hago sino de congruencia. ¡Cuántas veces he pensado algo, dicho otra cosa y hecho lo contrario! A qué obedecerá esa malsana costumbre de temer ser nosotros mismos, de reconocer simplemente nuestras faltas, fallas, ignorancia o incapacidades, y desde ahí movernos hacia la mejora.

Y también al revés, no ver y desarrollar nuestros talentos, dones, virtudes es una falta total y absoluta de honestidad. Cuántos genios hay ahora mismo lavando retretes por esa falta de autoreconocimiento de su inteligencia y habilidades que se les ha regalado por gracia divina, y en una falsa humildad y ausencia de coraje insisten en sentirse derrotados y faltos de sueños en su espíritu.

Siempre dije que no tenía tiempo, que no tenía dinero, que mis rodillas estaban lastimadas (que sí es verdad, pero a final de cuentas, pretexto) y que no podía hacer ejercicio… honestamente no quería, no quería ejercitarme, pero cuál era el problema con decirlo, así tal cual… mejor aceptar y disfrutar mi sedentarismo que estarme justificando. No fue hasta que decidí moverme, y sin decir nada ni avisarle a nadie (léase redes sociales), un día me puse los tenis y salí a la calle a buscar un lugar donde comenzar. A la fecha llevo tres meses de constancia. Y me siento honestamente feliz y con mucha energía de seguir.

Mucho tiempo me esforcé por hacer una Maestría, para especializarme en mi carrera, y claro que es lo más normal, lógico, y natural –que dicta la sociedad- si quieres superarte y sobresalir en tu profesión, pero no es el único camino, sin duda. Me matriculeé y aguanté dos semestres, hasta eso con buenas calificaciones, pero en el fondo, no tenía ganas de hacerla. Era por pertenecer, por “presumir” que estaba en un posgrado. Cuánta deshonestidad.

En ocasiones, me he mantenido en relaciones dañinas, tanto de pareja como de amistad y laborales, por no ser honesta con mis principios, mis valores, mis sentimientos, mis emociones, mi sentir; por no confiar en mi intuición y ser congruente. Suelo justificar acciones evidentemente mal intencionadas o perjudiciales por miedo a perder, a la soledad, a la inseguridad, a ser juzgada… y porque definitivamente el enfrentar la verdad de las cosas implica tomar acción.

¿Cómo se aprende a ser honestos? ¿En dónde se imparten clases de honestidad? ¿Cómo empezar conmigo misma para poder serlo con los demás? A enfrentones con la vida diaria he comprendido que la honestidad exige hacerse cargo de uno mismo, superarse de verdad, retirarse cuando no hay nada más que dar o quien quiera y pueda recibir lo que damos, ser responsables de nuestros actos y decisiones (poder decir lo siento, me equivoqué, tienes razón, no sé de esto, enséñame…) y ser capaces de mostrarnos genuinos, sin traicionarnos pero respetando la dignidad e integridad de los demás.

En estos tiempos donde los resultados, los logros, lo visible, la fama, el reconocimiento, el éxito es lo importante, el valor (y tener el valor) de la honestidad parece perdido. Aunque -en general- a nadie nos gustan las mentiras, las decimos todo el tiempo, algunos estudios indican que hasta 200 veces en 24 horas. El único ser en la tierra que miente es el ser humano. La naturaleza es honesta. Cada flor, cada animal expresa lo que es.

Para mí, la honestidad nace en el corazón y crece en la mente. Todo lo que sentimos y pensamos produce vibraciones positivas o negativas que viajan en todas direcciones y que impactan tanto en quien las genera como en los demás. Así aunque no se hable o se exprese verbalmente, nuestro cuerpo, nuestro rostro, nuestra postura, nuestra actitud, nuestra energía se manifiesta.

Conocernos, expresarnos sin temor pero con respeto, luchar por lo que queremos sin prejuicios ni orgullos, amar sin máscaras, apostarle a la verdad, a una vida sin secretos, presentándonos tal cual somos y no por lo que proyectamos… es la mejor forma que he encontrado para lograr esa armonía y paz interna que promete el valor de la honestidad. Y honestamente… sí lo intento cada día.

 Bendiciones, AR.

Acerca de Angélica Rodríguez

Angélica Rodríguez estudió Ciencias y Técnicas de la Comunicación, y tras 15 años desarrollándose en diferentes áreas de gobierno relacionadas con la difusión, producción y locución de radio, conducción de eventos, organización de congresos y seminarios, capacitación a funcionarios públicos y manejo de redes sociales, un proceso de transformación personal y la crisis de acercarse a los 40, la puso de frente a este Encuentro: comunicar desde la conciencia y el corazón. Tw/IG @angiemzt Tw @seryconsciencia Mail: vivirdecorazon.mx@gmail.com
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