Lunes , 23 enero 2017

¿Pero qué necesidad, para qué tanto problema?

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Se fue Juan Gabriel. Alberto Aguilera. Así, sin más, nos abandonó uno de los últimos personajes de unidad nacional que quedaban en el país.

Sin importar la edad, género, condición social, ideología política, religión, incluso gustos musicales, sus canciones se convirtieron en uno de esos raros fenómenos que generar experiencias colectivas de catarsis y armonía.

Me atrevería a decir que la mayoría de los mexicanos tenemos una anécdota que involucra a Juan Gabriel. Ya sea una de sus canciones o alguno de sus conciertos nos han afectado de manera muy personal. Para mí, significa la primera persona famosa que pude saludar y pedirle un autógrafo.

Yo era un niño de no más de siete u ocho años cuando me tocó conocerlo en Mazatlán.

Recuerdo que nadaba alegremente en las albercas del hotel el Cid junto a mi hermano y un primo, cuando mi tía y mi mamá nos sacaron de la alberca para tomarnos una foto. Ahí estaba él. Acostado en un camastro y escribiendo algunas cosas. Nos firmó el autógrafo y se tomó la foto muy amablemente con nosotros.

Realmente no tengo idea del por qué, pero sus palabras se me quedaron grabadas: “Me gustaría firmarles el autógrafo con el nombre de mi nuevo álbum, pero todavía no sé cómo le voy a poner”. La fotografía la pude ver durante muchos años en el álbum familiar, pero desconozco su paradero.

Ya con la edad me di a la tarea de investigar el nombre de aquél álbum sin nombre en proceso de creación; terminó siendo “Canta a Juan Gabriel Volumen 6”, en donde comparte el famoso dueto con Rocío Dúrcal: “Déjame Vivir”. Todavía me gusta imaginar que aquel éxito fue trabajado e inspirado en Mazatlán (uno nunca sabe). El video de esa canción se convirtió en un ícono televisivo de los años 80´s.

El legado de Juan Gabriel va más allá de su música. Nunca fue un activista en temas sociales, porque su talento hablaba más fuerte que cualquier declaración que pudiera hacer al respecto; consiguió lo impensable en un país con serias limitaciones en derechos civiles: hizo que los mexicanos los admiráramos su capacidad y a nadie pareció importarle su gustos o preferencias. Eso lo convierte en un gigante en todos los sentidos.

Desde luego que tuvo sus polémicas, pero fueron más por sus apoyos políticos y problemas con el fisco que por su vida privada. Juan Gabriel es la historia de un México que debe ser: Exitoso, querido y unido.

Vamos a extrañar a nuestro trovador de noches bohemias, el gran showman incansable y el genio divertido que ocasionalmente se caía en el escenario. México debe estar triste, pero orgulloso de tener historias de éxito como la de él.

Después de todo hasta el roquero más metalero, el amante de la ópera , el fresa más popero, etc, guardan en su corazón una de las canciones del maestro Aguilera.

EL MEMENTO DE HOY

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