Lunes , 23 enero 2017

¿Por qué marchar?

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

El pasado sábado 10 de septiembre se vivió una de las jornadas más controversiales de los últimos años para lo sociedad mexicana. En las ciudades más importantes de la República mexicana se organizaron manifestaciones a favor de la familia y algunos dicen que en contra de los matrimonios del mismo sexo… ¡Qué bueno que se manifestaron! (Antes que me coman los jacobinos radicales permitan exponer mis argumentos).

Es sano que la sociedad se manifieste. Nuestra democracia debe aceptar todas las formas de pensamiento. Últimamente los movimientos progresistas se han convertido en los guardianes de la voz de la conciencia y sólo los activistas liberales pueden definir la agenda de lo políticamente correcto.

Una sociedad sana necesita equilibrios. Curiosamente los movimientos activistas se han convertido en lo que tanto odiaban: represores, censuradores e intransigentes ante cualquier otra forma de pensamiento.

Encontrar puntos medios en este tema parece casi imposible. Por un lado, aquellos que defiende los derechos de las personas del mismo sexo a vivir en pareja tienen razón. Ningún ser humano mayor de edad y en plena conciencia de sus facultades debe ser limitado en sus deseos, emociones y elecciones de vida; por otro lado, aquellos que se oponen a que las uniones del mismo sexo se les llame matrimonio también están en su derecho.

En días pasados he escuchado algunos argumentos que es cuestión de semántica la definición que se le dé a matrimonio. En este caso en la semántica radica uno de los principales problemas de las pugnas entre ideologías. Para este caso particular, las palabras sí importan.

Entre la comunidad homosexual son muy celosos de sus definiciones. No les gusta que a todos los encierren bajo el concepto “gay” u “homosexual” y cada año parece que le agregan una letra más a su comunidad LGBTI. Ellos entienden la importancia de diferenciar su identidad. Entonces, con mayor razón deberían entender la importancia de llamar a las uniones entre personas del mismo sexo de otra manera diferente a matrimonio.

El Estado tiene la obligación de dar certeza jurídica a este tipo de uniones, pero los ciudadanos tienen el derecho de discernir moral, ética, teológica y filosóficamente la definición de una da las instituciones primigenias y base del ser humano: el matrimonio. No hay que olvidar el derecho que tiene la iglesia a manifestar sus ideas como un actor más de la sociedad. Querer callar su voz es discriminar.

Definitivamente es un tema complicado para alcanzar acuerdos. En materia de evolución – natural y social- los cambios son paulatinos, pero indetenibles. Es innegable el avance Y reconocimiento de los derechos civiles que ha alcanzado la comunidad homosexual.

Es natural que todavía sientan que les falta mucho camino por recorrer, pero, de igual manera, es innegable el derecho de otra parte de la sociedad a exigir que sus instituciones se respeten y sean diferentes… después de todo hay casos que una palabra es suficiente para alcanzar o frenar la tolerancia.

EL MEMENTO DE HOY

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