lunes , 18 diciembre 2017

Vivir despierto.

Por Angélica Rodríguez
@angiemzt
@seryconsciencia
vivirdecorazon.mx@gmail.com

“Quien mira hacia fuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta”. Carl Gustav Jung.

A veces de repente. De golpe. Como un balde de agua fría en la cara que sacude, te ubica; otras en partes, como cuando te estiras en la cama por la mañana poco a poco, queriendo reconocer quién eres y en dónde estás.

Despertar es ese darte cuenta de situaciones que siempre has tenido frente a ti pero no habías podido ver. Porque aún no estabas preparado, porque no había necesidad de mirarlo, porque no era el momento, en fin, sería complicado determinar las causas, pero el efecto, es que ahora estoy ahí, de frente a mi realidad, a mis circunstancias, a un nuevo panorama que puede darme desde emoción, alegría hasta incertidumbre, miedo.

Me ha costado mucho, muchísimo, hacerme responsable de mi vida, de mis emociones, de mi felicidad o mi infelicidad, de mis insatisfacciones… el sueño era creer que yo no era la generadora de mis conflictos o aciertos con los lugares, las personas, los resultados en mi vida. Entender que no hay tal cosa como “allá afuera” (llámese padres, pareja, hijo, hermanos, amigos, crisis, oportunidades…), sino que todo inicia en el interior, y que han sido mis pensamientos los que han creado mi realidad, tal cual es, momento a momento.

Despertar es haberme dado cuenta que todas las personas y los acontecimientos que han sido parte de mi experiencia, los que han sido fugaces, temporales y los que permanecen hasta hoy, llegaron porque así mismo lo he convocado yo (me gusten o no, los quiera o no), algo muy superior a mi entendimiento terrenal opera para que mi existencia crezca, evolucione, trascienda… pero depende de mí, única y exclusivamente de mí, lo que yo decida resolver hacer con ellos.

Estar despiertos es ver que esas dificultades, el dolor, la incomodidad, la enfermedad, no son más que señales para voltear a ver lo que ha sido ignorado. La molestia (sea física o emocional) es el síntoma claro, inequívoco, de que hay algo que no estamos viendo, algo que se nos ha escapado, y por tanto, no hemos resuelto.

Sin embargo, esa ausencia, ese vacío, no siempre es tan evidente, tan claro, cuando “tengo todo… pero me hace falta algo”. Tener una vida aparentemente resuelta con un buen trabajo, una profesión, un matrimonio, un estatus… muchas veces nos distrae, nos evade de lo verdaderamente importante: encontrar el sentido de nuestra vida.

– ¿Eres feliz?… le pregunta Sócrates a Dan, en una de las escenas más intensas de la película “El guerrero pacífico”.

– ¿Y la felicidad que tiene que ver con esto?… responde el joven gimnasta. (Yo, el “esto”, lo aplicaría al lugar en donde nos encontramos exactamente en estos momentos, a las relaciones que mantenemos y el cómo nos sentimos).

– Todo. Que puede que todavía estés dormido. Se puede vivir toda una vida sin despertarse, todo el mundo dice lo que es mejor para ti, no quiere que busques respuestas sino que creas en las suyas. A la gente le da miedo su interior, y es el único lugar donde encontrarán lo que necesita.

Y así, cerrar los ojos físicos y ver con los del corazón hacia dentro es despertar, abrir la conciencia a lo que realmente nos conmueve y nos hace sentirnos vivos, y no solamente esos estímulos, reacciones automáticas, que nos mantienen sobreviviendo.

En esta época donde parecería que todos estamos en el “mood” de dar, de compartir, de ser bondadosos, alegres, felices, amorosos y solidarios, quizá sería un buen momento para volcar todos esos sentimientos, pero en nosotros mismos… quitarnos las lagañas, lo modorro, la pereza, y despertar; evitar encandilarnos por las luces de los arbolitos de navidad, las decoraciones decembrinas, y buscar esa luz interior con la cual hemos sido dotados todos al llegar a este mundo, pero que hemos apagado a fuerza de indiferencia y olvido de quienes verdaderamente somos.

Si has sentido ese llamado, si algo resuena en ti, si ahora mismo sientes esa necesidad de limpiar la casa por dentro y recibir el año nuevo renovado, con nuevos hábitos en tu mente, en tu corazón, en tus emociones, en tus finanzas, en tu existir… este próximo fin de semana, 10 y 11 de diciembre adelanta tu Navidad, y regálate estar aquí.

Congreso Vivencial de Un Curso de Milagros

Tu despertar es el servicio más grande a la Humanidad.

“La muerte no es triste. Lo triste es que la gente no sepa vivir”.

Bendiciones, AR.

Acerca de Angélica Rodríguez

Angélica Rodríguez estudió Ciencias y Técnicas de la Comunicación, y tras 15 años desarrollándose en diferentes áreas de gobierno relacionadas con la difusión, producción y locución de radio, conducción de eventos, organización de congresos y seminarios, capacitación a funcionarios públicos y manejo de redes sociales, un proceso de transformación personal y la crisis de acercarse a los 40, la puso de frente a este Encuentro: comunicar desde la conciencia y el corazón.

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