Sábado , 29 Abril 2017
¡Feliz cumpleaños al PRI!

¡Feliz cumpleaños al PRI!

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Hace 88 años (parecen millones, por aquello del PRInosaurio) vio la luz una de las criaturas más extravagantes, fascinantes, oscuras, contradictorias y controvertidas de la vida pública de este país: el PRI.

Al finalizar la Revolución Mexicana y cansados de matarse los unos a los otros por la silla presidencial, don Plutarco, decidió que era hora de terminar con las balas y pasar al terreno de la política.

Tras algunos cambios de nombre y dos o tres traiciones muy comunes entre el priismo de aquellos tiempos (y de ahora dirán algunos) nace la contradicción hecha política.

Si origen es destino, el PRI está condenado a la incongruencia eterna. Ninguna revolución es institucional. El PRI, desde su nombre, se niega a sí mismo la congruencia dialéctica en el sólo hecho de existir bajo ese nombre.

El PRI nace desde el poder para el poder y con el poder. Las premisas básicas de la democracia no tuvieron cabido en la fundación del otrora partidazo. La línea, el chantaje, el dedazo, el corporativismo y demás linduras del totalitarismo ramplón son las piedras angulares del edificio tricolor.

Con el tiempo, como buen monstruo adaptable, la evolución ha camuflado de mejor manera los vestigios de aquellos tiempos de barbarie. El PRI ha madurado. Se sometió a una cirugía reconstructiva, pero el dinosaurio sigue con sus mañas. Es un bello dinosaurio, pero lagartija a fin de cuentas.

En el discurso del 88 aniversario del PRI nuestro hermoso PRInosurio Rex nos dijo muy orondo que el PRI tiene un ADN ganador, que está en su genética competir para ganar. Tal vez tenga algo de razón. Sin embargo, le faltó agregar que es un ganador que necesita de la trampa para ganar.

El PRI es un ciclista que necesita doparse para ser competitivo. El PRI se ahoga el día que las despensas, los acarreos, el dedazo, las urnas embarazadas, el carrusel y el ratón loco desparezcan de este país.

En 88 años los grandes éxitos del PRI son innegables: Las herencias fastuosas de Miguel Alemán, los eternos viajes de López Mateos, Díaz Ordaz y sus estudiantes; la felicidad populista de Echeverría y López Portillo; la Solidaridad de Salinas, las linduras de Peña, las aventuras del duende Javier Duarte, el rey de la moral Gonzalo N. Santos; la siempre emprendedora y exitosa familia Hank y largos, largos etc.

88 años de la fábrica de caciques más grande del mundo: Fidel Velázquez, Carlos Jonguitud, Elba Esther, Romero Deschamps y el muy nuestro, Daniel Amador.

¿Quién necesita democracia?, ¿cuándo se tiene maquinaria? 88 años de una fábrica de votos aceitada y ordenada claramente nos demuestra que las ideologías no tienen cabida en la vida pública de México. El voto a toda costa es patente del PRI. Los partidos opositores aprendieron está lección; desde entonteces han intentado sin éxito copiar el secreto industrial de la fábrica tricolor.

El mayor legado de 88 años de priismo en el país fue convencer a los ciudadanos que todos los partidos son iguales; si bien los partidos opositores se esfuerzan por repetir las nefastas prácticas tricolores, nada en política es igual. El PRI triunfa y se regodea en convencer a México que todos son como él, y si todos son como él, nada es mejor que el original.

Señoras y señores, con ustedes, después de 88 largos años… ¡EL PRI!

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