martes , 26 septiembre 2017
Sinaloa en medio de la peste

Sinaloa en medio de la peste

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Hace un par de días tuve la oportunidad de leer una de las novelas más famosas de Alberto Camus, “La Peste”.

De golpe y porrazo comprendí que eso estamos sufriendo en Sinaloa: La Peste.

Como cualquier epidemia, las primeras señales, por más mínimas que parezcan, de un padecimiento son vitales para su contención. Y al igual que en la novela, nuestro gobierno ha ignorado los síntomas de nuestra escalofriante patología.

En la novela de Camus, el gobierno se rehúsa a llamar a las cosas por su nombre. Pierde un tiempo valioso cuidando minuciosamente el lenguaje con eufemismos médicos. Aun ante las evidencias avasalladoras de la mortal epidemia, el consejo de gobierno de la ciudad decide que simplemente no es prudente llamar a la Peste: Peste.

La prefectura de la ciudad determinó que si la enfermad no era nombrada, simplemente no existía. En Sinaloa las cosas son igual; nuestro gobierno evita hablar de la muerte por su nombre: muerte. Oculta con declaraciones fáciles y hasta inocentes la abrumadora evidencia de un serio problema que los ha superado.

Finalmente, el microbio de la bubónica se instaló a sus anchas en la ciudad de Camus que, por consiguiente, tuvo que ser puesta en cuarentena por casi un año, seguido de un conteo diario de muertes.

Los cuerpos se acumulaban en la ciudad ante los impotentes autoridades e incrédulos pobladores. La Peste en Sinaloa tiene en las balas a su microbio. La peste sinaloense se propaga en agentes toxicológicos altamente contagiosos: la cultura del narco (con todas sus formas de deformación buchóna), la complicidad de las autoridades, la corrupción, la prepotencia social, la impunidad, etc., siguen su camino de muerte ante los ojos inútiles y complacientes de la autoridad.

La epidemia es total en Sinaloa. Sufrimos por igual los pestíferos y sanos; no hay escapatoria para ninguno de los dos, tenemos que vivir nuestra propia cuarentena hasta que las cosas se resuelvan por si solas o todos terminemos en la tumba.

Algunos ya están infectados con el microbio; no les importa. Viven, o conviven, con la violencia y la abrazan como propia, a sabiendas que tarde o temprano la muerte va reclamar lo que es suyo; en cambio, los sanos, los que no tienen la violencia en la sangre, no les queda otra que voltear la cara y deshumanizarse, todos los muertos son iguales para ellos, no hay diferencia: es un número más en el conteo de la semana.

Eventualmente la enfermedad llega a nuestro círculo cercano y es entonces que recordamos lo brutal de sus consecuencias. Aprendemos a vivir en la Peste sinaloense, podemos hacer que no existe, pero la maldita realidad nos golpea periódicamente: La Peste no se va y el microbio de las balas se fortalece.

Al final de la novela de Camus, las autoridades terminaron por hacer bien su trabajo y adoptaron las medidas pertinentes para terminar con la epidemia. No hay final feliz, pero hubo un final. En Sinaloa seguimos luchando con nuestra propia Peste. No hay una salida en el corto plazo, y mucho menos autoridades capacitadas para extirpar el mal endémico de nuestro estado.

Mientras. aquí seguiremos, luchando con nuestros propios remedios caseros y rogando que nuestras familias puedan esconderse y burlar por el mayor tiempo posible el contagio del narcotráfico y su mortal epidemia que se niega a abandonar Sinaloa.

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