viernes , 17 noviembre 2017

Taxis Vs. Uber, la batalla perdida del gobierno

Taxis Vs. Uber, la batalla perdida del gobierno

Columna: Sofismas de ocasión

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

A través de un video que circuló en diferentes medios de comunicación, fuimos testigos de una vergonzosa batalla campal entre taxistas y operadores de UBER en el puerto de Mazatlán. Los saldos de la gresca (más allá de un par de huesos rotos, moretones y descalabrados) fueron endosados directamente a la credibilidad de los taxistas y la nulidad de un gobierno que se preocupa más por organizar bodas VIP en la plazuela Machado que en resolver de fondo este explosivo conflicto.

Bajo las actuales condiciones de la vetusta y anacrónica ley de tránsito y transportes del estado de Sinaloa, los servicios de taxis operan bajo el yugo de las concesiones. Este sistema ha sido muy redituable para controlar corporativamente a un gremio y someter a una actividad a los designios del gobernante en turno; específicamente a los emanados del PRI.

Los gobernadores tienen décadas utilizando los permisos de alcoholes, notarias y concesiones de transporte para premiar a sus familias, allegados o a ellos mismos. Todavía existen sindicatos de taxistas afiliados al PRI. La actual Ley de Tránsito y Transporte es tierra fértil para la corrupción, sobornos y coacción de las libertades de trabajadores. Es por eso que las bancadas del PRI no han querido o quieren entrar a reformar la legislación.

Pero la modernidad llegó y lo que antes fue el monopolio de la extorsión, hoy se enfrenta a un duro competidor. La ley no escrita, pero superior a la legislación de Tránsito, la ley de oferta y demanda vino a instaurar una opción de transporte que los usuarios están defendiendo: UBER.

El gobierno debe abandonar la idea de sus mal sanas concesiones y entender que la sociedad no debe de ser obligada a utilizar un servicio que no están solicitando. Es verdad que UBER debe pagar impuestos y ser supervisada, pero no debe ser restringida. El gobierno ya perdió una de sus más preciosas dádivas y aferrarse a este moribundo sistema de canonjías, sólo abona a su descrédito.

La Ley de Tránsito y Transporte del estado de Sinaloa es uno de los últimos hábitats naturales de los dinosaurios y sus prácticas opacas. El oscuro sistema de concesiones es una aberración de las actuales prácticas de competencia moderna y el PRI no está dispuesto a perder a una flotilla de automóviles que cada elección le sirve de apoyo logístico de movilidad del voto. Seguramente UBER tiene sus problemas y sus clientes insatisfechos, pero dejemos que sean los usuarios los que decidan qué servicio usar.

A principios del siglo XX debieron ser muy violentos los enfrentamientos entre los operadores de carretas y los nuevos automóviles que circulaban por las calles. Al final la tecnología y el gusto del consumidor se impuso. Así de superados y desfasados, como aquellos operadores de carretas, burros y caballos, parecen nuestras autoridades cuándo se oponen a servicios como UBER.

En la sociedad del siglo XXI no existe mayor poder que el del consumidor y el del usuario. De una vez por todas el gobierno debe empoderar las decisiones ciudadanas y aceptar que está guerra ya la perdió y liberar a los esclavos del volante que por muchos años sirvieron a sus antojos políticos y marrullerías electorales.

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