martes , 26 septiembre 2017
El extraño y aterrador regreso del eterno monstruo priista

El extraño y aterrador regreso del eterno monstruo priista

Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Es como ver una vieja película de terror. El monstruo se rehúsa a morir y siempre regresa para arrancar el último grito de terror antes de terminar la película y dejar al espectador preparado para la próxima secuela de sustos. Eso es el PRI.

Cuando uno cree que la sociedad mexicana ha alcanzado los máximos niveles de indignación y se prepara para asestar un certero golpe en el corazón de la bestia, el PRI regresa como el rey de los no muertos y nos engulle en su frenesí de miseria y marginación. En pocas palabras: la maldición eterna de un partido que se niega aceptar la democracia nos persigue y no hay forma de poder exorcizar ese demonio de una buena vez.

El monstruo vive y se alimenta de nuestros sueños. El PRI es el Fredy Kruger del imaginario colectivo nacional. Se mete en nuestras mentes, juega con nuestros sueños, se pasea entre nuestros deseos y al final saca las garras, nos rebana la ilusión de una guantada y nos regresa a nuestra realidad de impotencia y resignación; el PRI es el Jason que nos cercena la cabeza de un machetazo cuando se trata de pensar y ser críticos.

Pero también es la momia envuelta en décadas de podredumbre. Con su andar cansino y sus quejidos pestilentes se niega a quedar enterrado bajo las piedras de la corrupción, los excesos y la miseria humana que mantiene a los mexicanos sumidos en los dominios del más grande explotador que ha visto este país.

El PRI se niega a morir y los mexicanos nos negamos a matarlo. Hasta parece que nos sentimos cómodos con la presencia del vampiro chupa sangre, el señor de las tinieblas, el demiurgo de maldad, el devorador de almas, el Cthulu de los mil llantos… en fin, el PRI es nuestra maldición que va superar los 100 años de oscuridad.

México esta poseído por el espíritu demoniaco priista y la democracia emparedada entre despensas, coacción, intimidación y cualquier otra forma de armas del inframundo tricolor. Es una desgracia vivir (o sobrevivir) en una sociedad que convive con sus monstruos, los alimenta y hasta los cuida, en lugar de exterminarlos una vez por todas.

Los Moreiras, los del Mazo, Los Peña Nietos, los Videgaray, los Nuño pueden estar tranquilos y seguir espantando al pueblo. Los moradores de la villa están muy aterrados para agarrar sus antorchas y azadones para salir a lincharlos en la hoguera de la justicia. Hoy los monstruos pueden dormir tranquilos en nuestros sueños.

Hoy ni siquiera los priistas deben de estar contentos con el rumbo de la política. Ellos también necesitan de otro país. Ayer domingo triunfaron nuestros demonios y nuestros fantasmas.
¡No merecemos a la bestia… no merecemos al PRI!

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