martes , 26 septiembre 2017
Crítica y oposición

Crítica y oposición

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

El Poder, el sistema, el gobierno, The Man necesita de pesos, contrapesos y una sana resistencia a sus métodos y formas. Una sociedad democrática merece tener un gobierno vigilado, controlado y ajustado.  Para eso, según las teorías del Estado, existen la crítica y la oposición para ajustar los balances del Poder.

Existen muchos tipos de críticas; van desde las críticas mesuradas hasta las más rabiosas y groseras que denigran cualquier tipo de humanidad de la víctima. En la actualidad las críticas más feroces al sistema encuentran su tierra más fértil en los campos de las redes sociales y plataformas de comunicación comunes. Son Facebook, Twitter, Blogs, Youtube, etc. las incubadoras de insurgentes digitales, expertos en todo e iletrados en nada, donde el sistema encuentra las voces más duras de una sociedad.

Las redes sociales nos regalaron la máxima apertura en libertad de expresión que la humanidad haya experimentado jamás. La crítica fue arrancada de los opinonologos tradicionales y le dieron a cada ciudadano un espacio donde verter sus inconformidades. El sistema todavía no encuentra una estrategia medianamente inteligente para hacer frente a este fenómeno. Es en estos medio postprensa donde la desnudez ética del gobierno encuentra más exposición.

Un error común es suponer que la crítica al gobierno debe venir con propuestas de solución a los problemas; sin embargo, este argumento carece de valor cuando los gobiernos son los únicos que tienen las herramientas necesarias (infraestructura, recurso humano, recurso económico y plataforma jurídica) la sociedad sólo tiene capacidad para detectar y señalar el problema, pero es tarea del gobierno encontrar la mejor estrategia de solución.

Por otro lado, la oposición Institucional ha fracasado.  Los actores políticos que deberían ser el ancla moderadora de los excesos del gobierno se han sumado a ellos y en algunos casos extremos han llegado a ser más oficialistas que los mismos partidos políticos del gobernante en turno. No se trata de ser una oposición que bloquea el ejercicio de gobernabilidad. Se trata de ser una oposición escéptica y muy cuidadosa. Como sociedad, es desesperante ver a un político de oposición llenando de elogios a quienes se supondría tendría que cuidar o exigir mayores resultados en otras áreas.

La difuminación de la oposición “oficial” da entrada a movimientos más radicales. Donde el sistema es un demonio que se debe exorcizar y no existe nada rescatable de él. La voracidad por el control absoluto de los gobernantes, sobre todo de los gobernadores, están criando a un monstruo que eventualmente los va a devorar a todos y a el mismo. Los engendros no tienen razonamiento, pero es lo que menos importa a la hora de saciar sus apetitos.

La crítica y la oposición son las vacunas que tiene la democracia par evitar la decadencia de un sistema, pero cuando la propia vacuna se convierte en enfermedad se tienen que aplicar medidas poco convencionales para erradicar la patología de un cuerpo.

Todavía estamos a tiempo que la oposición entienda su papel y se olvide de aplaudir logros que no son los propios. Más crítica y menos aplausos es lo que en estos momentos necesitamos los mexicanos en general y los sinaloenses en particular. De lo contrario estaremos en manos de una oposición producto de los recelos más viscerales que un ciberactivista pueda esconder.

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