martes , 26 septiembre 2017
Un Plan Estatal de Desarrollo mediocre

Un Plan Estatal de Desarrollo mediocre

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Un Plan Estatal de Desarrollo es el permiso que se da un gobierno a sí mismo de ser optimista. Debe ser la visión integradora de ciudadanos, sectores productivos y gobierno de las acciones a implementar durante la gestión de un gobernador. En teoría, debe ser el eje rector de las prioridades de un gobernador; incluso, se llega aceptar como un manual de buenos deseos.

El Plan Estatal de Desarrollo del gobierno de Quirino Ordaz no es nada de lo anterior. Desde su presentación misma, fue un evento parco, deslucido, escondido de los ciudadanos y arropado por una parte del sector empresarial (no todo). El gris era el color que se traspiraba por cada uno de los poros del gobernador en su discurso de presentación del documento.

En un análisis profundo del documento podemos encontrar graves inconsistencias en la forma y en el fondo. En las 130 metas plasmadas en el Plan no encontramos, literalmente, un solo objetivo de proyección estratégica. Se limitan a metas inerciales y bastante mediocres. La mayoría de las metas tienen que ver con crecimientos marginales de indicadores anteriores o aumentar uno o dos puntos porcentajes de metas poco claras, o de plano, inexistentes. Algunas metas se alcanzan con el hecho de sentarse y no hacer nada.

Lo más preocupante del Plan Estatal de Desarrollo es la desidia con la que aborda el tema de seguridad. Es uno de los apartados más breves en el documento y con unas metas irrisorias. Únicamente 5 metas son establecidas en materia de seguridad. Así es, sólo 5. El problema más grande del estado tiene menos del 5% de los compromisos de esta administración.

Quirino Ordaz se compromete a salir del último lugar del índice de paz nacional, pero sin especificar cuántos lugares quiere avanzar. Según los compromisos de este plan, quedar en penúltimo lugar es cumplir la promesa.

Quirino Ordaz se compromete a disminuir la percepción de seguridad. Así es. No se compromete a disminuir los índices de robo de vehículos, secuestros, asaltos, asesinatos. Se compromete a disminuir la percepción, un par de campañas de medios de comunicacion y listo: ¡meta cumplida! En ningún lugar se deja claro el compromiso por capacitar más policías, en qué porcentajes se van a disminuir los delitos o cuáles delitos.

Y el resto de las metas están por el estilo. Se dejan fuera los proyectos estratégicos para Sinaloa. Ni por asomo en el documento aparecen grandes avances en ninguno de los rubros y la medianía se destila en cada uno de los párrafos del documento. Hay metas que deben ser de los ayuntamientos y el estado los asume como propios. Ni siquiera tienen claro los ámbitos de competencia de su gobierno. O de plano, aceptan que el gobernador es el que manda en las soberanías de los municipios.

Quirino Ordaz tuvo más de un año para entregarnos una visión de Sinaloa diferente (él es gobernador electo desde el 5 de junio del 2016). Todo un año para trabajar y definir grandes proyectos para los ciudadanos del estado. En lugar de arrastrar el lápiz ha convertido su gobierno en el arte de las ocurrencias. No tuvo la capacidad de mencionar el Tianguis Turístico (que tanto presume) en todo el documento, aun sabiendo desde hace meses que el tianguis se va desarrollar en Sinaloa. La gestión más importante del gobernador Ordaz no está en el Plan; menos aún aparece el nuevo estadio de futbol de Mazatlán y algunas otras ocurrencias que ha anunciado últimamente.

El documento más básico por el que se va juzgar está administración es un desastre. Ni siquiera cuidaron las formas para unirlo a Plan Nacional de Desarrollo. He escuchado y leído declaraciones de varios actores políticos defendiendo este vademécum de despropósitos; invito a cualquiera de ellos que nos señalen una meta, una sola que contenga una visión innovadora y algo de avanzada social. No hay proyectos estratégicos o de gran penetración social.

Hago un par de acotaciones en los temas de Educación y de Ciencia y Tecnología. Para mi gusto este par de tópicos son los más salvables y demuestran más cuidado que el resto de las áreas.

Todas aquellas voces que han solicitado apoyar este Plan Estatal de Desarrollo deberían de dar una leída antes. Estoy seguro que una vez que entiendan el documento su visión será otra.

Estamos sin rumbo, sin plan de vuelo. Urge conocer nuestro destino para comenzar a construirlo. Basta ya de un gobierno de ocurrencias. Necesitamos seriedad en el ejercicio del poder. Gobernar debe ser más que vacuidades, saludos a los mercados municipales y “echarse pa’ delante”.

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