jueves , 15 abril 2021

Despiden a «Gabo» en Bellas Artes

Despiden a «Gabo» en Bellas Artes

MÉXICO, D.F. (apro).- El novelista, cuentista, periodista y Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, fue despedido este lunes por miles de personas, quienes se sorprendieron al observar las cenizas del cuentista colombiano, depositadas en una urna de madera sobre un pedestal en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, así como la enorme fotografía del autor de Cien años de soledad que enmarcaba la entrada del teatro principal de ese recinto cultural.

En la imagen del colombiano destaca una de sus frases célebres: “La vida no es lo que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Justo a las 14:00 horas comenzaron a formar una larga fila los seguidores del creador de El amor en los tiempos de cólera, quienes en la mano o bajo el brazo cargaban libros como Cien años de soledad, La hojarasca, El otoño del patriarca o El general en su

José Ascensión Lara, de 76 años y con 55 como maestro, comenta que es de Petatlán, Oaxaca, y que en cuanto supo del fallecimiento del narrador tomó un autobús con su esposa y dos hijos, uno un abogado y otro un estudiante de preparatoria, con el fin de darle el último adiós al célebre colombiano:

“Soy profesor de lenguas y literatura española. Hice 10 horas en camión. Soy además jefe de enseñanza en la región de la Costa, pues están a mi cargo 31 maestros de español en nivel secundaria.

“Les recomiendo a los jóvenes que desean iniciarse en la lectura que empiecen con Cien años de soledad. Cuando releo este libro –compartió– sueño con su magia. Pasajes y personajes se me manifiestan en diferente forma”.

Melania Villamar Vigueras, de 75 años, también profesora pero ella de música en el Distrito Federal, destaca que desde joven leyó a García Márquez:

“Me atrapó su manera de narrar, muy diferente, con mucha descripción de cómo somos los latinos. Fue un impacto para mí”, confiesa.

La sinaloense Silvia Castilla, de 58 años, comparte: “Soy ama de casa y para mí Gabo, como lo llamaban, era un gran escritor, lo he leído y me gusta”.

Ruth Avilés, de 68 años y también de Sinaloa, lamenta las muertes de José Emilio Pacheco, Álvaro Mutis y García Márquez, pues “poco a poco se están apagando las luces que nos iluminaban el camino de nuestra imaginación y aprendizaje”.

Afuera del palacio de mármol un trompetista interpretó Macondo, canción que Óscar Chávez compuso por Cien años de soledad.

Entre las largas filas de lectores destacaron tres jóvenes colombianas que adornaron su cabello y manos con flores amarillas.

Diana y Juliana Pantoja, así como Ana Costa apuntaron: “Es una tristeza que haya muerto el autor de Memoria de mis putas tristes y Cien años de soledad, pero también es una experiencia poder despedirlo. Es un honor estar aquí. Era uno de los mejores escritores latinoamericanos, sin duda”.

“Homenaje expropiado”

laberinto, además de flores amarillas, entre ellas rosas, claveles o girasoles.

En tanto, el historiador Bernardo García Díaz, de Veracruz, deploró: “Gabo es del pueblo, no puede ser que me forme durante mucho tiempo y deba pasar rápido ante las cenizas. ¡Es un homenaje expropiado! Aquí sólo tienen derecho a hacer guardia los políticos e intelectuales, ¿por qué?

“Eso no le hubiera gustado al escritor. Escribía para el pueblo y es del pueblo”, machacó.

A la denuncia se sumó Luis Rosas, un joven de 16 años:

“No es posible que no podamos hacer guardia. Sólo los políticos que están ahí para la foto. No se vale. Todo lo vi de lejos. No es posible. Pero adoro a Gabo. Me impresionó ver la caja con sus cenizas. Y la foto de él es impresionante.”

Otra colombiana, Paula Sierra, de 33 años, sostuvo que “es duro asistir al homenaje, pero vine a agradecerle al novelista por todas las palabras tan bonitas que plasmó en sus historias”.

A las 17:00 horas ya habían ingresado al recinto unas mil personas, aunque la fila de lectores del Gabo que buscó darle el último adiós al narrador llegaba hasta terminar la Alameda, ya en las calles de Balderas.

Un estudiante de primaria, Roberto Canto, confesó que sólo ha leído Cien años de soledad y unos cuentos del Nobel colombiano:

“Mi mamá me compro los libros. No es difícil leerlos. Me gusta. Me hubiera gustado conocerlo, pero ni modo. Vengo a decirle que seguiré leyendo su obra”.

Una decena de universitarias porto una cartulina con otra frase célebre de García Márquez: “La crónica es la novela de la realidad”.

En coro, exclamaron, “¡Adiooósss, Gabo!”.

 

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