jueves , 29 julio 2021

En la perfección del amor, no pueden existir ni el miedo ni la escasez.

En la perfección del amor, no pueden existir ni el miedo ni la escasez.

           Cuando ir al encuentro de  la naturaleza es disfrutar, es ver una ardilla cruzar velozmente a través de mi mirada, mientras el viento libera la carga de mis temores y, en los lejanos arboles de esa postal viviente,  dejo todos esos sucesos que me preocuparon por un momento, y por eso mismo, los retumbos cotidianos del amanecer,  recuerdo los había dejado atrás hacía un buen rato, porque abandonaron mi conciencia en el primer recuadro, como en las veces anteriores cuando voy de travesía,  a la misma hora, las seis de la mañana…  tardé en observar las maravillas de la naturaleza, de las que estaba tan necesitada, iba escuchando los sonidos de las hojas al pisarlas,  la manifestación de los pájaros iba escuchando música celestial incesantemente en primavera,  alrededor de mi, sin aparatos electrónicos,  que otra persona como yo, al que no alenté a caminar conmigo me agradeció, porque eso fue un amanecer único y era tan hermoso el instante de travesía entonces… tanta belleza en el paisaje y por eso del camino, sin más senderos que el de mi vista, así que al abandonar la naturaleza, como tenía pensado,  solo me conecte a mis sentidos a los puros, a los más bellos, porque si deseas caminar en los amaneceres, caminar y sentir que conoces el camino, lo mejor es conocerlo, porque sin saberlo  te reconectas con todas las sensaciones de la vida las que uno  anhela en sueños, las que de verdad conoces y que son las mejores.

En el senderismo de la vida, en ocasiones pensamos conocerla bastante bien, pero  aquel que alimenta el alma en ese camino no se arrepiente jamás,  hoy puedo decirlo lo conozco bastante  bien,  porque una vez preparado,  si te atreves a realmente sentir que el Ser Sagrado late dentro de ti,  las sensaciones sientan un precedente y a partir de allí  puedes analizar, una y otra vez  y volver a empezar con solidez.

El contacto con la naturaleza es volver a los inicios,  es encontrarte después de estar extraviado, ayudarte con tu propia intuición a descubrir tu propio valor y desarrollarte, ese conocimiento que no enseñan las escuelas, a empezar a prestar atención a los sonidos, al ser que vuela, que reconoces tu existencia  y buscas el motivo para reinventarte al equivocarte al caminar o al comenzar a verdaderamente sentir para poder dar a los demás.

Es caminar al natural para reconocerte ante la bruma, al caminar ante tan impactante paisaje, por senderos de arboles, pinos, piedras, debo confesar que me  atrapo, me solté y me atrapo y me atrapo, ese amanecer era ahí donde me encontraba, hasta  que empezó a correr el día y después sé porque me aleje cayó la tarde,  y le siguió una callada noche,  y desde aquí perfectamente recuerdo  que antes de partir de esa hermosa naturaleza, de ese único amanecer, abrace un árbol tan fuerte porque yo misma le había escuchado,  yo  acompañada de mis pensamientos y de personas que como yo solo deseaban caminar ante tan sublime belleza captada una y otra vez por mis ojos, porque no es solo la necesidad de replegarse, a sentir la energía de un árbol, tiene que ver con encontrarse, tiene tanto que ver con el caminar por la vida,  con sentirse  vivo, como uno mismo y  saber que ese amanecer forma parte de un proceso interior.

He venido reflexionando, desde esas caminatas matutinas  ya sea  cerca de diques, del mar o las montañas  y   sobre todo alrededor del malecón de mi ciudad,  y puedo decir ahora que adoro los amaneceres sobre todo  cuando el sol se refleja en las aguas del rio Culiacán, y poder  observar correr las ardillas por esos viejos álamos  y esconderse en las pocas amapas que sobreviven en  las riveras de dicho cauce, vivir el momento;  allí donde las abuelas cuentan  historias a los nietos, yo que conozco de historias donde de chiquilla traviesa solía correr, siempre vuelvo a enamorarme de los amaneceres, de los instantes  tanto como del hecho de ver el sol caer por las tardes. Los poetas dicen, que cuando sale el sol  las mentes marchan en los pasos de la razón…

 Una aspiración, es el esfuerzo en el despertar interior,  porque la naturaleza está ahí, y su clamor es ensordecedor, el clamor que se estremece desde dentro de la vida, porque los pasos más grandes que ha de dar el hombre no son los que le llevaron a instalarse en el espacio, sino los que vamos a dar nosotros, porque estamos cambiando nuestro destino,  porque debemos cuidar lo natural y amar esos amaneceres como nosotros mismos, son nuestro redescubrimiento. 

 Y les reitero que mi corazón sonríe diariamente por las alegrías y dolores que compartimos diariamente y más si se alimentan de la naturaleza y se recargan de cada amanecer…UNO NO SE CURA POR EL HABLA. SE CURA POR LA “ESCUCHA” y cuando proviene de la naturaleza indudablemente suele ser permanente y empieza la transformación de dar amor a los demás.

AUTOR:    Karla C. Trias Estrada

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