miércoles , 20 enero 2021

Tras las huellas del venado…

Tras las huellas del venado…

Por Karla Trías

Palos Blancos, Sinaloa.- Con la idea principal de fotografiar algún venado en su hábitat natural, unos amigos de la tradición mayo-yoreme contaron que para localizarlos los antiguos abuelos se adentraban en la sierra sinaloense en épocas de lluvia, buscando el árbol de Palo Blanco, distinguiéndose entre el paisaje por lo plateado de sus troncos, con floración en forma de trompillas y corolas de un solo pétalo.

Además de ser medicinal, es identificado como el alimento favorito del venado cola blanca. Y con suerte, al amanecer o al caer el alba, allí estarían alimentándose de la miel de sus flores.

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Con dicha inquietud no faltó quien informara de la comunidad de Palo Blanco, perteneciente a la sindicatura de San Lorenzo, aproximadamente a unos 80 kilómetros de la capital del estado de Sinaloa, dedicada a la ganadería, agricultura de temporal y maderas de la zona serrana.

Al contactarnos con el señor Jesús Alberto Soto Delgado, síndico municipal de San Lorenzo y preguntarle acerca de los venados, con un tono de voz nerviosa y campirana, nos dio la bienvenida a su comunidad y nos explicó que un allegado suyo sería nuestro guía.

Nos acompañó el señor Álvaro, y lo primero que nos comentó es una inquietud, al ir avanzando por los caminos vecinales al señalar rumbo a los cerros cercanos y resaltar que antes florecía mucho el palo blanco, se veían llenos los cerros de ese y otros árboles, pero la necesidad rural ha tenido como consecuencia que la gente sobreexplote la venta de estacón, la leña y otros troncos para cercas que van y se malbaratan a la costa, y han dejado nuestro cerro sin reforestar y alargando las lluvias.

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El venado ha tenido que irse más lejos además que cada día hay menos, pues con hambre pasa a las mesas junto con el jabalí.

Y efectivamente, es un paisaje hermosamente árido por todas partes, con arroyos sin agua y sin lluvia donde la sequía y la falta de empleo los dejó prácticamente sin producción ganadera, donde la cría de porcinos y bovinos ya no es lo que era años atrás pero siguen de pie.

El guía nos dice que la sequía afecta todo y no ven una salida, no hay fuente de trabajo, el temporal se acaba y la gente pues se va al monte a la caza y come lo que encuentra; «no se puede vivir con eso, menos cuando aquí la gente está acostumbrada a trabajar, a tener sus animales y sembrar», indica .

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Al adentrarnos  en la comunidad,  se observan  casas de dos aguas, con cercos hechizos de madera  de la región,  muchas deshabitadas  y otras  las menos perfectamente barridas con escobas de malva , decoradas con flores de la región regadas con agua de noria,  reciclada de la limpieza, tandeada y almacenada.

Con su cocina  tradicional  de adobe , horno de pan de leña, con techo de hojalatas, portal con horquetas y vara del monte y con la calidez de su gente, pero de corrales vacíos o con uno o dos animales de poco peso y en general las poblaciones aledañas tienen el mismo panorama.

La mayoría de los pobladores es gente productiva y, en su mayoría, mujeres  jefas de familia y adultos mayores  y que al unísono ofrecen sus servicios para trabajar de lo que se pueda para llevar un ingreso a las familias.

Aseguran que  no son flojos, que les gusta arar la tierra y cuidar animales para crianza y producir  sus productos regionales; que son buenos para hacer quesos,  requesón, tortillas, tamales, carnitas y les gusta tener su pequeña parcela en casa y que son gente sencilla de campo.

Cada día está más difícil la vida, nada  es como antes y no desean emigrar, pero por la familia, si no hay salida, lo tendrán que hacer ya que sus familias siempre se han dedicado a la crianza de bovinos, ovinos, porcinos, ganado vacuno y agricultura.

Recientemente, a la comunidad de Palos Blancos les renació una esperanza, su síndico contactó la doctora Helga Pérez Félix, reconocida por su trabajo en la asociación Avicultores Pérez Vidaña, productora de huevos de gallina orgánicos en el estado de Sinaloa, una mujer emprendedora a quien agradecen que de manera altruista y sin costo alguno.

Por su propia experiencia, los asesoró, organizó y buscó diversos apoyos, realizó la gestión de veintidós proyectos productivos, no solo a esta comunidad, sino también a los pobladores que se acercaron del Realito y Copaco, los cuales se presentaron formalmente ante las delegaciones federales de INAES y SAGARPA; actualmente esperan la aprobación de sus proyectos y poder construir realidades distintas en su medio rural con estos apoyos.

Es su deseo reforestar de Palo Blanco, su comunidad, no dejar que su reflejo plateado se apague al contrario que florezca alrededor de sus cerros y se reproduzcan los venados; dejar de consumir jabalís, dedicarse a producir en su terruño para que sus nietos tengan mejor calidad de vida y, sobre todo, que el gobierno federal conozca sus ganas de trabajar y sus propuestas que no los dejen solos.

Agradecen todo el apoyo que han tenido a la fecha y que esperan que se escuche su voz y tener un resultado positivo.

Dicho lo anterior, emprendí con el guía y a pie la búsqueda de venados silvestres para mi posterior regreso.

 

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