martes , 25 junio 2019

INEGI – CEMABE: de la necesidad a la oportunidad

La primera vez que lo escuché fui incrédulo. Llegué a pensar que se trataba de “una maniobra gubernamental”, la cual no compartía. Luego me di cuenta de que no era una broma. En la Secretaría de Educación Pública, a nivel del mismo Secretario, se desconocía con certeza los pagos de nómina con las asignaciones docentes. En concreto: se desconocía cuántos maestros había en México.

Al confirmarse esta información, entonces vino el peso de la evidencia. Dado que el maestro es fundamental para la educación de los niños,¿cómo generar políticas públicas efectivas si es imposible estudiar una correlación entre la preparación inicial y continua de los maestros con el logro de aprendizaje de los alumnos?Cualquier política pública gubernamental carece de fundamento en este sentido.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) es un organismo autónomo del gobierno mexicano, dedicado a la coordinación del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica del país. Fue creado el 25 de enero de 1983 bajo decreto presidencial.

La información estadística y geográfica que produce el INEGI y que pone a disposición del Estado y la sociedad, contribuye al desarrollo del país, ya que esta diseñada para que las autoridades y representantes de los diversos sectores tengan un mejor conocimiento de la realidad para fundamentar sus decisiones, así como para evaluar los resultados de su desempeño.

Su prestigio alcanza niveles como el reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas, la Conferencia de Estadísticos Europeos, la Comisión Económica para América Latina, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, el Comité Permanente para la infraestructura de Datos Especiales de las Américas, por citar sólo algunos.

Quizás este resumen sobre una de las más prestigiadas instituciones del Estado mexicano nos permita entender por qué el Gobierno de la República recurrió al INEGI para la elaboración del Censo de Maestros, Escuelas y Alumnos de Educación Básica, Normal y Especial (CEMABE), dado a conocer a la opinión pública el 31 de marzo de 2013.

Por absurdo que parezca, las autoridades estatales parecen haberlo olvidado. Y, en lugar de utilizarlo para la toma de decisiones en beneficio de los niños, niñas y jóvenes, prefieren seguir malgastando el recurso de los contribuyentes y defienden las canonjías de un sistema creado para los adultos.

Gobiernos como el de Tamaulipas, Yucatán, Jalisco, San Luis Potosí, Guerrero, Guanajuato, Estado de México, Quintana Roo y ahora Sinaloa, se empeñan en negarse a aceptar los resultados del Censo. Para las autoridades de estos estados, el INEGI se equivocó. Y, lo que a la institución le tomó realizar prácticamente un año, a los gobiernos locales les toma dos meses descalificarlo.

Van dos ejemplos para ilustrar mi comentario: en el caso de aquél personal que no “fue encontrado en su centro de trabajo” y que fueron registrados como comisionados, 1) el gobierno de Tamaulipas sólo reconoce a 2 en su nómina frente a los mil 124 que arrojó el censo; 2) lo mismo hace Yucatán, donde frente a 2 mil 721 registrados por el censo, la administración estatal sólo acepta 319.

En Sinaloa, el INEGI reportó 12,028 personas que “no estaban en su centro de trabajo”, esto es el 17.5% del total del personal dedicado a la educación. De éstos, registró como profesores fantasma o, aviadores, a2 561. Para la SEPYC eso es falso, la autoridad estatal sólo acepta 10.

Con su negativa, las autoridades educativas estatales intentan borrar con una declaración el excelente despliegue implementado con decisión por el INEGI.Alcanzó todas las entidades, sobrellevó la dispersión y fue acompañado por un comité en cada entidad (SEP / Autoridad Estatal / INEGI) que podía confirmar altas para que la información respondiera a los datos más actualizados que venían del campo. No sólo se produjeron las bases de datos entregadas a la SEP y, ésta a su vez a los estados, sino que se armó un Atlas Educativo que hoy permite localizar con gran precisión a las escuelas y conectarlas con su contexto territorial y demográfico.

Si lo anterior no fuera suficiente, sirva la precisión a enfatizar el hecho de que el CEMABE es un censo realizado a partir de un registro administrativo. Es decir, antes de que el INEGI saliera al terreno, se construyó un catálogo (SEP / Autoridad Estatal / INEGI) de escuelas, de alumnos y de personal con la información entregada por el estado. El INEGI no inventó nada; no buscó escuelas, personal o niños en el aire; sólo verificó lo que decían los papeles de las oficinas burocráticas de cada una de las entidades. Luego entonces, ¡¿por qué los estados descalifican la propia información generada a partir de sus registros?!

El rechazo al censode parte de las autoridades locales se ha vuelto una constante. La pregunta es: ante el evidente desorden administrativo y su negativa para aceptarlo,¿los gobiernos anteponen el aprendizaje de los niñoscomo su máximo interés?

La realización del CEMABE era una necesidad histórica. Ya no lo es. Hoy es una realidad. Sus beneficios pueden ser múltiples, desde la política pública efectiva, el gasto transparente y eficiente, hasta la rendición de cuentas. Pues bien, ya lo tenemos.¡¿Por qué negarnos esta oportunidad?!

Que así sea.

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