domingo , 18 abril 2021

Columnista de Café Negro revela su travesía por la vida con la diabetes

Columnista de Café Negro revela su travesía por la vida con la diabetes

Con la insulina en la mochila y mi amor en el Corazón…

Sé que mi alma es noble y no se separará de mí hasta el final… y no desampara a quien me rodea.

«Mi primer pensamiento en aquella primera travesía, un buen amigo me invitó a recordar el día de ayer el origen de mi dulzura, hace ya casi trece años o más, según mis recuerdos… Es cierto, nunca planeo nada; todo es espontáneo, pero esta travesía no fue ni pensada, nunca la deseé, a pesar de conocerla a través de mi linaje; su inicio fue poco menos que inesperado, temeroso, me llenó de angustia y fue la pauta para verdaderamente vivir, aun más convivir.

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En esta travesía no podía aislarme de los demás o encerrarme en mí misma y a la vez pretender cierto grado de bienestar o victimización.

Me puse triste, infinitamente triste. No era fácil: me diagnosticaron lo que llamaron la “muerte dulce”.

De repente, comencé a sentirme mal, subí muchísimo de peso, posteriormente me sentía sola, cansada y sin ganas de hacer mi vida normal.

Soy hiperactiva y lo que le sigue, mi familia me observaba y se les hacia raro.

De repente, empecé a bajar de peso en exceso, temblaba muchísimo; dolor de abdomen, náuseas y vómitos, había bajado como 6 kilos en una semana, no comía, tomaba mucha agua, iba muchas veces al baño y lo curioso es que me fatigaba muchísimo; tenía una respiración muy agitada y eso me llamó la atención; empezó mi recorrido en el mundo de las batas blancas.

Sufrí de mal diagnóstico. Mi edad, mi complexión no eran para lo que realmente tenía; era absurdo, sufrí unos meses más…

Decían que era gastritis, estrés. Me consultaban y me iba sin un tratamiento adecuado, pero me empecé a complicar; ya no quería comer, me dormía mucho y empecé a perder el sentido en lugares públicos: un día en una iglesia, otro día en el cine y estaba más que deprimida.

En cierta ocasión caí en urgencias médicas con síntomas de frÍo, extravío y mucho dolor estomacal.

Recuerdo a un médico mayor con cara de bonachón que se me acercó, vio mi cuello, me hizo una serie de preguntas y algunos exámenes de laboratorio.

Cuando tuve los resultados, “sorpresa». Fue mi glucosa, era mayor de 400 mg/dl.

En ese momento comencé a llorar, a la par que me explicaba el padecimiento.

Yo no tenía idea de lo que era la diabetes, pero supuse era algo muy malo y me rebotaban las palabras del doctor bonachón.

Le agradezco de corazón. Hizo su mayor esfuerzo para tener la relación médico paciente lo más profesional posible; me comentó de la necesidad de hacer más estudios para ver qué tipo me correspondía porque yo me salía de la estadística. Mi edad no estaba acorde con la enfermedad ni mi peso; cosas de genética.

Después de una travesía de agujas, exámenes, revisión de diagnósticos, era la versión oficial: “Diabetes tipo 1 “, que pasó de ser diabetes tipo 2, diabetes juvenil etc..

Esos tiempos fueron sombras que viví; hoy los agradezco, no por el padecimiento. Constituyeron, simplemente, el principio de ser mejor con los demás, un medio de prueba de vida durísimo.

Pasé de la indisciplina que destruye a la que edifica; de la obscuridad de un hipoglucemia a buscar la salida vía educación en diabetes; a salvarme varias veces de la huesuda y un buen día me sequé la lágrima y le dije a mi doctor:  «Bueno, esto no tiene remedio, por lo que veo. Dígame usted qué tengo qué hacer y qué no ..”

Fue mi primer maestro; me dio mi primera lección; reconocí que necesitaba hacer una serie de cambios, ejercicios de voluntad, trabajar en mí y ascender la cuesta por mi familia y lo que quería; la suma de mi decisión me daría más tiempo, más vida.

Vivir con diabetes es una experiencia única. El primer paso, la educación en diabetes. Cuántos podrían evitar enfermedades en su propia vida o, como en mi caso, retardar el día de las complicaciones y a estudiar mis primeros diplomados en diabetes.

Dejé dogmas y mitos, me encontré con la verdadera pandemia y con todo lo que a su alrededor implica.

Luego comprendí, mis cambios de carácter, mi depresión y aun más lo que se me venía… Era una circunstancia complicada absurda de lo normal y saludable. A lo contrario me generaba insuficiencia emocional, brotaban un sinfín de situaciones en mi cabeza.

La vida se me hacía menos grata, incluyendo en primer lugar a mi familia. Tenía que equilibrarme, tener dominio propio, más allá de la correcta convivencia, implicaba no culparme ni culpar a nadie, tener el cuidado correcto de mi salud y hasta una relación de fe con el Creador.

Únicamente tenía que acompañarme de luz de la conciencia de lo que era mi enfermedad y las fuerzas de seguir viva, el amor por mí misma y quienes me rodean. Me costó.

Ya inmersa, me encontré con personas preocupadas, abatidas, cansadas, enfermas con exceso de azúcar y necesitadas de simpatía, resonó en mi corazón “Nooo…. Yo no viviré así. De eso estoy segura, ese grito fue de mi alma”.

Contra todo pronóstico, siempre mi mayor esfuerzo todos los días, vivir de la mejor manera posible, de corazón y con fe.

Solicité encontrarme con el lado amable de mi sangre azucarada y lo encontré muchísimos hermanos dulces con la misma decisión: “amar la vida con diabetes”. Hoy los bendigo, les mando un abrazo y una oración al ángel que me cuida desde el cielo.

Reconozco no siempre es fácil, pero se logra, las lecciones “a pesar de ser tan dulces duelen”, pero el impulso de la naturaleza humana es el deseo de vivir; el mío propio, disfrutar lo que ella me ofrece, cuidarla y respetarla, aprender de mis errores.

También reconozco se pueden repetir, pero nada a lo que no se pueda sobrevivir.

Empecé a dar pasos pequeños, luego otros medianos, pero concluyo mis metas recaigo y me levanto, pero siempre Sonrío; no hay mejor medicina que la sonrisa. De ser necesario, lloro, me despeja el alma. No tengo un esquema especifico de aprendizaje en esta travesía; solo mi amor a mí misma, a los demás y lo que quiero.

Fue difícil comprenderlo y asimilarlo como lección, tengo un gurú que es capaz de correr un maratón y no cualquier maratón con todo y la enfermedad; otro gurú que es una enciclopedia en términos, tratamientos y tecnología en diabetes; un ángel hermoso que me enseñó a nunca caer y buscar siempre en mi corazón, luego en mi familia (sanguínea y no sanguínea), que yo puedo vivir con diabetes y bastantes hermanitas dulces que una con otra nos damos ánimos, amor y regaños.

Hoy sé que si me vence lo dulce, debo retomar el rumbo y sonreír; volver a empezar el cuidado de mi cuerpo es primero. Es el único vehículo para cumplir mis sueños, mis metas y ver por mi familia, disfrutarla, debo honrarlo y cuidarlo, sobre todo respetarlo y no contaminarlo; debo alimentarlo desde el alma, desde lo nutrientes que necesita y ejercitarlo.

Solo yo y desde mí yo interior soy la responsable de mi templo y su provecho.

Dulcemente su sistema está un poco averiado, con mi voluntad sanará pero no puedo abusar; he aprendido a escucharle y lucho día con día para que mi voluntad no flaquee; hago pausas y analizo las señales de alerta y trato de prevenir bajas y altas de azúcar; Acudo al sector médico para mantenerlo lo mejor posible; ya no oculto ningún síntoma, no le pido tampoco explicaciones; estoy dispuesta agotar hasta el último recurso de fe y médico para conservar y adorar mi cuerpo.

Lo esencial es invisible a los ojos; la frase que adopté del primer libro de mi niñez, El Principito, me ha enseñado a vivir desde mi corazón, estar atento a lo que no se ve, ser sensible a mi sentir y al de los demás. Me volví más humana a comprender mi entorno, a saber que formo parte de algo maravilloso que se llama vida; a pasar de mi razón lógica a simplemente amar.

Me encontré con la espiritualidad a respetarme y respetar sobre todas las cosas. Hay quien piensa que me fui y si como dice uno de los seres que más amo: tú diles “arre, unicornio, y sigue siendo como eres”; solo reflexiono más, me interiorizo, veo dentro de mí; solo eso… Empecé a comprender qué significaba tener diabetes y qué aprendizaje me estaba dando.

Ahora, en mi edad adulta, sé que cuento hoy en día con médicos comprometidos con el padecimiento y con una hermosa familia, amigos maravillosos que hoy agradezco, que me cuidan, me quitan lo dulce para que no enferme (suelo ser medio malcriada); conducen el auto cuando no puedo, preguntar por mí, están atentos a cualquier signo de alerta y sobre todo están bien inmersos en el significado de mi padecimiento y me dan ánimos. Veo la vida lo más normal que se puede.

Cuando recaigo, aclaro es parte de lo crónico de la enfermedad. Todos saben que peleo a diario, bendigo a todos lo que han confiado en mí y me ha permitido vivir desde mi perspectiva, desde mis comienzos con diabetes.

Con total autonomía, debo decir que la persona que ha sido mi guía, mi confidente y mi apoyo soy YO; no es ego; es que solo con querernos los que padecemos la enfermedad tenemos suficiente para vivir en alegría, ser autoreflexivos, autodecisivos y con mayor responsabilidad. Simple aceptarnos tal y como somos, sin compadecernos; al contrario, fortalecernos.

No puedo contarles que la diabetes me ha limitado; al contrario, al conocerla, tomé más fuerza, empecé a verdaderamente vivir; tengo hoy una excelente familia, hijos, contra todo pronóstico; un trabajo tan normal como todos; amigos que me aman y me aceptan como soy; estudios varios y locos. Mis letras son más hermosas desde hace tiempo. Lo más importante conocerse así mismo. Trato de ser genuina, lo más positiva y sobre todo tener esa consistencia diaria.

Sé que es duro, mi organismo me da señales contrarias; es crónica y degenerativa, pero mi corazón le da todo mi amor y lo baña de su esencia para seguir adelante día con día, tengo fe de que un día habrá un mejor futuro para otros.

Como meta, espero tener las fuerzas, los medios suficientes y la ayuda para una próxima fundación sinaloense, la espero bien constituida a fin de ayudar física, médica y espiritualmente a quienes como yo estamos en un andar dulce, mis hermanitos dulces… mi espíritu de servir me llama:.“Yo amo la Vida “. ¡¡¡Amar la vida con diabetes, sí se puede!!!
Karla Trías

 

 

 

 

 

 

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