sábado , 16 enero 2021

Le regalan al diputado Cuén dos gallinas y una canasta de huevos de rancho

Le regalan al diputado Cuén dos gallinas y una canasta de huevos de rancho

Irene Medrano Villanueva

¡Dictamen…dictamen! Es el grito que se está haciendo costumbre en el Congreso del estado. Todo porque “los diputados no sirven…”, gritaban desde la parte alta del recinto parlamentario.

Ahora fueron los habitantes del Dorado que solicitaban que de una vez por todas saquen adelanta el dictamen para que esta sindicatura se convierta en el municipio 19. Pero así como ellos, también los maestros jubilados de la Sección 27 demandaban se dictamine la iniciativa ley que tiene cerca de un año en “la congeladora”, donde solicitan se homologue 65 días de salario al aguinaldo.

El pueblo se está cansando, gritaban los inconformes. “Un día vamos a acabar con la congeladora”, señalaban, para luego sacar silbatos y chiflarle a los legisladores “para destaparle las orejas porque no escuchan».

Los inconformes del Dorado, en su mayoría personas de la tercera edad, gritaban y hacían sonar los silbatos, pero luego, poco a poco, se iban “desinflando”, descansaban y luego volvían a la cargada, lo que divertía a los diputados. Sin embargo, llegó un momento que los inconformes fueron auxiliados por gente más joven que estaba presente y con los silbatos a todo volumen lograron paralizar la sesión.

Luego del llamado del presidente de la mesa directiva Martín Pérez a que guardaran orden, lo que recibió fue una andanada de epítetos: “usted tiene la facultad de dictaminar de que Eldorado sea municipio…No sirve para nada, es solo un parapeto…si no puede, renuncie”, le gritaban.

Ante la respuesta de los manifestantes y el estridente ruido de los silbatos, se suspendió la sesión por 20 minutos, logrando reanudarla después de que pasó una hora, sin que se llegara a una solución y los manifestantes continuaron en su misma posición.

Los manifestantes acabaron con el proyecto de los legisladores: que todos los reflectores se enfocaran en su propósito: demandar un alto al asesinato de mujeres al celebrarse el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

El Congreso del Estado se vistió de naranja…los diputados con sus corbatas, camisetas y moños en la solapa del saco; las legisladoras con sus blusas, camisetas y sacos de color naranja, demandaban un alto a la violencia contra las mujeres.

¡Parecen barrenderos…Cantinflas les quedó chico!, bromeaban los asistentes al ver entrar a los legisladores con camisetas.

El diputado Héctor Melesio Cuén Ojeda llegaba trajeado y con la camiseta en la mano. “Que se la ponga…que se la ponga”, le gritaban.

Obediente, el diputado del PAS empezó a quitarse la corbata, el saco y luego…. pero pudorosamente, dejó la curul y se fue al baño para regresar vestido de naranja, mientras la diputada Sylvia Myriam Chávez, vestida de azul, saludaba a la gente que la vitoreaba.

“Pos no hay ni a quien irle”, decían entre la gente al ver que los aplausos para ambos legisladores estaban muy parejos.

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El más querido sin duda es Cuén, decían, al momento de que recibía un regalo: un par de gallinas y una canasta de huevos de rancho.

“No sé si traen mensaje…pero siempre les agradezco todo lo que la gente me da…es muy agradecida y eso me impulsa a seguir adelante, nunca me canso porque la actitud de la gente es lo que cuenta”, decía Cuén volvía el ruido de los silbatos.

¡Parecen grillos! Hay que hablarle a los barrenderos, bromeaban.

La diputada del PRI Sandra Lara lamentaba no ponerse la camiseta. “Ahorita no me queda con esta barriga. Por eso, me pinte la trompa de naranja y me puse esta pashmina …”, decía al explicar que pronto nacerá su bebé.

Lo que necesitan tú y Sylvia Myriam es una carpa de circo para que les quede. Le dijo una de sus compañeras.

Nos vestimos de naranja…muy bien, nos indignamos, sentimos dolor por los crímenes cometidos, muy bien, pero todo esto, no va a tener resultados si no hay voluntad estatal para atender de manera integral esta problemática, señalaba la diputada Imelda Castro y pedía congruencia al Congreso del Estado para que se demande al Ejecutivo por omisión.

Explicaban que este color libera las emociones negativas, hace sentirse menos inseguro, menos penoso, más comprensivo con los defectos de los demás y le aporta ganas de perdonarlo todo. Por ello se preguntaban si el diputado Jesús Enrique Chávez perdonaría a los manifestantes, quienes le gritaban mentiroso porque les había dicho que el dictamen iba a salir y no era verdad.

El diputado, sentado en su curul, parecía que no los oía, ni siquiera volteaba hacia atrás de donde venían los insultos. “Chuquiqui da la cara…”. Le pedían.

“Ellos saben de la promesa de que el dictamen va a salir antes de que concluya este periodo, que se manifiesten el último día si no les cumplimos”, comentaban los diputados.

“El Chuquiqui, es un político, no se va a enfrentar a ellos”, decían los diputados y el panista Miguel Ángel Camacho agregaba: “es de admirarse; tiene un gran colmillo para esto…”

A la manifestación de los maestros, de los inconformes del Dorado, se sumaban los policías despedidos, pero contrario al grupo que estaba en la parte de arriba, ellos llegaban tranquilos. Sin capucha, se sentaban, pero al ver a los fotógrafos que se dirigían a ellos, de inmediato se cubrieron el rostro.

Desde sus lugares los manifestantes gritaban que ya habían cumplido con todos los requisitos, por lo que exigían que se dictaminara de manera positiva la propuesta de municipalización de esta sindicatura.

«La juventud se está dando cuenta del proceder del Congreso. ¿Quieren que el pueblo se levante y les haga destrozos como en el sur? Son 40 años de lucha y no se atreven a darle al pueblo lo que necesita… el dictamen», advertían.

Luego le pedían a un grupo de estudiantes que llegaban de manera tranquila a que se inconformaran.

“Sigan el camino de los de Ayotzinapa». Les pedían y los estudiantes los veían y algunas de ellas comentaban: “estos viejitos están locos”.

Si no hay dictamen…vamos a agarrar las armas, sentenciaban y amenazaba que de no haber respuesta, ahí se iban a quedar.

¡Pura llamarada de petate…! dijeron al ver que se iban “desinflados” por tanto soplarle al silbato.

(El Sol de Sinaloa)

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