miércoles , 27 enero 2021

Bryan, un día antes de su muerte se despidió de su madre

Bryan, un día antes de su muerte se despidió de su madre

Carlos Rosas

Culiacán, Sinaloa.- En la vivienda de Bryan Zazueta, el menor de 15 años que murió ahogado en el río Tamazula el pasado lunes, aún está fresco el sentimiento de dolor.

Una madre desconsolada llora a su hijo en el fraccionamiento Estancia 2, en Culiacán, Sinaloa.

La mujer de estatura baja abre las puertas de su casa al reportero, a quien le muestra un cuadro con fotografías de Bryan que hizo en su honor una de sus amigas.

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A un costado del retrato que permanece en el piso recostado en la pared está una veladora y un vaso de agua por el alma del menor que ese día trágico día se aventó al río para bañarse sin pensar que sería su último día de vida.

Gladys Yadira Lizárraga García, madre de Bryan, cuenta que su hijo era un muchacho muy hiperactivo, inquieto travieso, pero también muy sonriente.

«Yo pensé que a mi hijo lo habían regresado de la escuela porque eso se me había dicho, pero ya platiqué con uno de los niños que se fueron con él ese día y argumentan que no llegaron a la escuela, que de la esquina se regresaron», confesó.

Ese día Bryan tomó su mochila al hombro y se fue en camión a la escuela secundaria Emilia Obeso, ya que su mamá tuvo un curso de trabajo muy temprano, pero se había despedido de él por la noche y en la mañana le dio la bendición.

Reconoció que muchas veces los padres de familia no se enteran de lo que hacen los hijos por la rebeldía de los adolescentes, pero afortunadamente pudo recuperar el teléfono celular que le había decomisado el plantel escolar a Bryan el 26 de enero, el cual se lo entregaron los directivos de la escuela el día que el cuerpo de su pequeño era velado en la funeraria.

«Me lo entregaron y pude revisar que tenía allí videos, fotos, donde mi hijo ya se había ido al Parque Las Riberas antes», dijo la madre de dos hijos: Bryan, de 15 años, y Juan Eduardo, de 21.

A Bryan, cuenta su madre, en quien aún están visibles huelas de desvelo, «le gustaba asustarme mucho. Él era inquieto, amaba el tumbling, las marometas a donde él iba, estaba yendo al gimnasio de la UAS; era bueno en lo que hacía, pero muchas veces no tienen la conciencia del peligro. Uno les dice, pero ellos a veces no lo entienden».

A la señora Gladys se le hizo extraño que Bryan, un día antes del accidente, le pidió que lo acompaña en la cena.

«Le dije sí, ahorita vamos a cenar. Sí, me dijo, pero tú y yo solos y cené con él solos y cuando cenamos, cosa que se me hizo rara de él, porque él no era muy, que me demostrara mucho su amor, pues; era como muy rudo. El hijo más grande que tengo sí es más amoroso, de abrazarme, apapacharme, y ese día él estiró sus manos y me las puso en mi cara, una noche antes como a las 11 y media de la noche. Y me dijo: mami, te quiero mucho y me dio un beso en la frente. Y le dije yo: yo también, te quiero mucho, hijo. Y le dije: ya vete a dormir porque mañana tienes que ir a la escuela y me tengo que levantar temprano», reseñó.

Al día siguiente vio por última vez a su hijo, de quien se despidió y le dijo: «Hijo, ve con Dios, que Dios te bendiga. Igualmente, mamá, me dijo. Nos vemos, me dijo. Que te vaya bien, le dije. Fue todo».

Horas más tarde, Gladys recibió una llamada de su esposo donde le daba la terrible noticia de que su hijo había muerto ahogado en el río.

La madre se encontraba en un curso en su trabajo cuando le dieron a conocer que las palabras de despedida de Bryan eran para siempre.

«Me avisaron y así fue como me enteré», dijo al tiempo de estallar en llanto.

Galdys envía un mensaje a los padres de familia para que no vivan el dolor que ella está viviendo: «Que estén pendientes de sus hijos, que los cuiden, porque a veces no nos damos cuenta de lo que hacen los hijos y como te repito: uno les dice las cosas, pero ellos no entienden».

La madre aclaró que no culpa a la escuela secundaria Emilio Obeso de la muerte de su hijo, el cual nunca llegó a la escuela, porque según lo que le manifestó un amigo del pequeño, Bryan no se presentó a la escuela ya que de la esquina se regresó.

Termina la entrevista. Un hombre se asoma por la puerta. Es el padre de Bryan, Juan Zazueta, que al igual que Gladys, pide a los padres de familia estar atentos de sus hijos.

«Mi niño era un niño muy inquieto, a él le gustaba mucho la libertad, pero él era un niño bueno, un niño muy amiguero y la verdad también nosotros, yo como padre, yo llegué a llevarlo a la escuela todos los días, todos los días, todos los días, porque vemos que bajó calificaciones y ahí voy, estoy llevándolo, pero se le dio la libertad de que se fuera solo, pero sí las escuelas tienen su reglamento, ya lo sabemos, que si el niño no lleva el gafete, que si el niño lleva el pelo largo, que si el niño no trae los zapatos adecuados, no se permite la entrada», dijo.

Recuerda que en varias ocasiones a Bryan le querían negar el acceso a la escuela porque no portaba el gafete o porque traía el cabello largo, pero se bajaba de su automóvil y les suplicaba a los maestros que por favor lo dejaran entrar.

El padre de familia admitió que todas las escuelas tienen sus reglas, pero éstas deberían ser más flexibles porque los niños «poquito quieren para agarrar la vagancia».

Los padres del menor aseguran que otro de los mensajes que se les hizo extraño fue una foto que Bryan subió a su Facebook en su cumpleaños, donde aparece con el mensaje: «Al final del camino habrá otro camino».

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Juan Zazueta, quien profesa la religión cristiana, señaló que fue tanto el dolor que sentía por la pérdida de su hijo que pidió a sus patrones que lo reincorporaran a su trabajo para distraerse y no clavarse en el dolor.

Para ello se fue a la playa Brujas, en Mazatlán, y se subió a lo más alto de un cerro, donde se hincó y lloró todo lo que pudo y le preguntó a Dios: «¿Mi hijo está bien?». «Sí, sí, está bien; está en un lugar mejor», obtuvo como respuesta en el reproductor de su música cuando de una canción se brincó a otra y en las estrofas el señor le aseguró lo que a él le preocupaba.

Desde ese momento, dijo, se encuentra tranquilo, ya que en lo más alto de esa montaña sintió cómo los rayos solares quemaban su piel y el un aire fresco acariciaba su piel y frente a él la imagen de su hijo rodeada de una hermosa luz.

Descanse en paz, Bryan.

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