viernes , 5 marzo 2021

La mujer que fue exhibida semidesnuda y arrastrada por una plazuela en Navolato relata su infierno

La mujer que fue exhibida semidesnuda y arrastrada por una plazuela en Navolato relata su infierno

Samuel Sánchez Rubio

Navolato, Sinaloa.- Al interior de un modesto salón de belleza ubicado en pleno centro de Navolato se encuentra una mujer de cabello castaño, con blusa color rojo, falda de mezclilla y zapato de tacón.

La manera en que desarrolla su trabajo, demuestra la gran pasión que tiene por el estilismo.

Su nombre es Ana Cecilia Bojórquez Arce, la mujer que hace un mes fue exhibida semidesnuda y arrastrada en la plazuela Vicente Guerrero por su esposo.

Como un día normal, ella atiende a una jovencita y con gran esmero realiza un peinado; en una pinza enrolla el cabello y después lo suelta hasta lograr risos perfectos.

El reportero la observa detenidamente.

Ana Cecilia está tan concentrada en su labor que pareciera no darse cuenta de su presencia.

Al paso de unos minutos, el reportero se acerca y le habla sobre su interés de conocer su historia.

Ella no responde una sola palabra y continúa su trabajo y después advierte: «Ya estoy lista».

Sin descuidar su labor, mientras realiza el peinado, Ana Cecilia empieza a hablar. Se le percibe recuperada, su semblante muestra seguridad y en sus manos, cuello y piernas no se observa rastro de violencia.

Por fortuna los golpes que le ocasionó su ex pareja ese día quedaron atrás, tal como ese miedo que llegó a sentir durante días, pues hoy dice que se ha convertido en una mujer fuerte, que nunca se dará por vencida, sobre todo si se trata de sacar adelante a lo que más quiere en su vida: Sus dos hijas y su nieta.

Pero volver a recuperar la confianza en sí misma y en los demás no fue fácil para esta mujer.

Para ella fueron los 15 días más dolorosos y largos de su vida.

Cada minuto, cada hora que pasaban, después de la agresión que sufrió, se volvió una eternidad, pero con el apoyo psicológico brindado por el DIF municipal y por diversos organismos, entre estos el Instituto Sinaloense de las Mujeres, el vacío fue desapareciendo poco a poco.

Pero, sin duda, la mayor fortaleza fueron sus hermanos, quienes viajaron hasta Navolato para apoyarla en el momento más difícil de su vida.

“No fue fácil poder asimilar, poder darme cuenta que la vida a veces cambia rotundamente, pero también me di cuenta que tengo que salir adelante, esforzarme mucho, porque tengo una gran tarea que son mis hijas; ellas son el motor de mi vida, siempre lo han sido y por eso pues me puse de pie y volví a retomar mi trabajo, regresé a lo que más me gusta, atender a los clientes, ser una persona que se gana el dinero como debe de ser: trabajando”, expresó.

Al dejar atrás la violencia de la que fue víctima por el hombre con quien compartió su hogar por casi 26 años, con orgullo dice ser una mujer afortunada por contar con dos grandes motores en su vida: sus hijas de 28 y 15 años de edad y su nieta, la más pequeña de su hogar con apenas ocho años, quien todos los días lleva alegría a su hogar.

«Soy una mujer que lucha y ser esfuerza para que sus hijas tengan lo mejor, que no sufran ni que pasen por donde yo pasé, por la pobreza en la que yo viví, por eso yo me vine a Navolato a la edad de 18 años, soy de un rancho y a los 18 años me vine a trabajar para acá y desde entonces estoy aquí”, mencionó .

Mientras comparte su experiencia, Ana Cecilia continúa realizando el peinado. En ningún momento su voz se corta y ni derrama lágrimas. Con gran fuerza continúa narrando lo que vivió durante 15 días después de la agresión.

“Fueron los peores días que he vivido, doy gracias a Dios porque he tenido el apoyo siempre de mi familia, de mis hermanos: somos diez hermanos y pues están fuera, pero todos se vinieron al saber de esto que me había sucedido a mí y la verdad pues es lo que me ha ayudado a salir adelante, el apoyo de ellos, el amor que ellos me muestran cada día, siempre están al pendiente de mí, siempre están preocupados por mí y pues, la verdad, somos una familia muy unida”, comentó.

La jovencita continúa sentada mientras Ana Cecilia, una estilista con 15 años de experiencia, continúa realizando el peinado.

El reportero le pregunta sobre lo que sucedió aquel día cuando su esposo la agredió sin compasión.

Esta mujer cuenta que no había sido la primera vez que su pareja ejercía un tipo de violencia hacia ella, algo similar había ocurrido hace 22 años.

Su esposo se había enfurecido en contra de ella por “un mitote”, pero después de ese día no habían tenido problemas graves, hasta unos meses atrás cuando todo cambió.

“Se empezaron a dar cosas que nunca habían sucedido en mi casa, como mal humor, gritos que nunca se habían escuchado en mi casa, pero yo nunca le di mucha importancia a eso, pero la verdad a veces son los avisos para que uno ponga atención a que la situación no estaba bien verdad”, lamentó.

Dejando el temor atrás, Ana Cecilia narra que esa mañana de la agresión se encontraba en su hogar, a punto se meterse a bañar para cambiarse y trasladarse al trabajo.

Su hija de 15 años y su nieta ya se encontraban en la escuela.

Solo su sobrina, quien desde hace un tiempo vive con ellos, se encontraba dormida en una habitación, pero al llegar su esposo, la despertó y le pidió que abandonara la casa por unos instantes, con el pretexto que tendría que platicar con su tía.

“Yo la despido, la abrazo y le doy un beso. Le digo que se vaya con una amiga cerquita, que vuelva al rato. Ella se va, yo me meto a mi recámara, mi esposo se mete después y es cuando me empieza agredir, sus primeras palabras fueron muy fuertes; yo me asusté cuando lo vi; yo nunca lo había visto de esa manera. Fue terrible, desde ese momento viví unas horas, la verdad, que no se las deseo a nadie”, refirió.

Al quedar sola en su hogar, su esposo empezó a golpearla, después la desvistió, cuenta la señora Ana Cecilia.

Fue en ese momento cuando ella se imaginó lo peor, que él la exhibiría ante los vecinos de su colonia, pero jamás pensó que la llevaría hasta la plazuela de su ciudad.

“Me sube a un bocho blanco de su hermano, el cual le ayudó. Como una hora antes llegó a la casa, yo le pido ayuda, pero él nunca me la quiso dar. Es hermano de él quien le ayudó a traerme, él no sabe manejar; no tiene carro. Si él no le hubiera ayudado, él no hubiera logrado su objetivo, pero tuvo quien le ayudara desgraciadamente; él a mí me ignoró, no me quiso ayudar y pues sucedió lo que me sucedió”, dijo.

Después de recorrer unas cuadras, el automóvil se detuvo frente a la plazuela.

A ella su esposo le había enrollado una cuerda sobre su cuerpo.

Abre la puerta del automóvil, ella logra salir, pero al caminar, cae sobre el pavimento.

“Llegamos a la plazuela, él me jala, yo caigo al suelo; él me jala con la soga, no me puedo levantar; yo empiezo a pedir ayuda, pero no obtengo la ayuda y pues muchas cosas pasaron que, la verdad, es lamentable; es muy doloso esto”, dice Ana Cecilia quien se queda sin palabras al recordar este doloso suceso de su vida.

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Esta madre de familia y abuela, quien ve de frente, con voz firme, dice no tener nada de qué avergonzarse y desmiente haber sido infiel, tal como contó su esposo, al señalar esto como motivo principal de su agresión.

Después de los momentos de angustia, de ser cuestionada por la propia sociedad por algo que ella no cometió, Ana Cecilia tiene algo claro: no abandonar sus metas.

“Tengo que seguir, tengo una vida y tengo que seguirla; doy gracias a Dios porque me permite vivir hasta estos momentos”, expresa con felicidad.

La mujer, quien dice haber superado la violencia que vivió de parte de su pareja, agradece el apoyo que le han brindado todos los organismos para hacer justicia de este hecho, pero lamenta que a pesar de todas las pruebas y de la forma en que fue víctima de su esposo, las autoridades no consideren grave el delito que se cometió y que él se encuentre en libertad, por lo que continuará el proceso en su contra hasta las últimas consecuencias.

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“Yo sigo adelante con mis trámites y pues solamente Dios y las personas que lo van a juzgar aquí también en la tierra, saben de qué manera y cuánto tiempo, si le van a dar cárcel o no. Yo, todos los días, me pongo en la mano de Dios y de la justicia que hay aquí en la tierra. Lo que sí quisiera yo es que se hiciera justicia como debe de ser, porque esto no debió haber sucedido; yo no quisiera que otra mujer pasara por donde yo pasé”, exigió.

Ana Cecilia está a punto de terminar el peinado, su semblante sigue firme, pero al llegar a la última pregunta del encuentro, su voz se quiebra.

¿Ana Cecilia, tienes medio?

“La verdad no tengo miedo por mí, pero sí tengo miedo por mi familia, por los que me rodean, por lo que hacen por mí, por los que me han ayudado hasta este momento”, expresó.

Ana Cecilia ruega a las mujeres nunca permitir ningún tipo de violencia de sus parejas, pues reconoce que ella nunca se imaginó que al paso de las agresiones verbales, todo se saldría de control hasta llegar a los golpes.

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