viernes , 22 enero 2021

«La reina del crucero» que regala los periódicos y da la bendición a los automovilistas

«La reina del crucero» que regala los periódicos y da la bendición a los automovilistas

Samuel Sánchez Rubio

Culiacán, Sinaloa.- ¡No llores; nomás acuérdate, mijo¡, le grita doña Magdalena Mansillas a un automovilista que se tocaba los ojos mientras esperaba el cambio de luces del semáforo en el cruce del bulevar Rotarismo y Enrique Félix Castro, en el sector Desarrollo Urbano Tres Ríos.

El conductor de la unidad voltea a ver aquella mujer de baja estatura, con algunas canas y piel agrietada por el tiempo.

Como respuesta, el hombre le sonríe y le dice: «doña Magdalena, ahora le tocó traer los jugos y ¿qué pasó con el periódico?».

“Hoy no vino el muchacho, pero aquí andamos, mijo. Cuídese mucho, que Dios lo bendiga”, respondió con devoción esta humilde trabajadora.

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Doña Magdalena Mansillas es una de los tantos vendedores de periódico que cada día desde las cuatro de la mañana llegan a todos los cruceros y colonias de la ciudad para sacar pal chivo, exponiéndose a toda clase de peligros que se registran en una ciudad como Culiacán.

“Me gustó la información del periódico, enterarme de lo que pasó y ofrecerlo a mis clientes, que aunque ellos a veces no traen dinero, de todos modos le doy el periódico; otro día me dan el dinero”, mencionó al tiempo de explicar el motivo que la impulsó a dedicarse a este oficio desde hace 15 años.

Al saludarla de mano, de inmediato se puede identificar que acabas de conocer a una mujer muy trabajadora.

Sus manos se sienten ásperas, como si por un largo tiempo se hubiese dedicado a una labor de albañilería o jardinería.

Aunque no precisamente fueron estas actividades las que desempeñó esta humilde mujer antes llegar hasta este crucero de Culiacán, con orgullo contó que desde muy pequeña, junto con su familia, se dedicó a hacer ladrillos.

¡Hoy no me dejaron periódico, pero mañana lo tendremos muy temprano!, le responde doña Magdalena a otra automovilista, quien le hacía señas desde el interior de su automóvil”.

Después se acerca a conversar con la mujer y también le sonríe y le dice la frase mágica y que la ha llevado a ganarse el respeto y aprecio de todos los que circulan por esta vialidad: «Que tenga bonito día, que dios me la bendiga».

Hace unos meses doña Magdalena cumplió 60 años, pero a simple vista aparenta más edad.

Al dialogar con esta entusiasta mujer, toda persona logra descubrir a una mujer jovial, simpática y con un gran corazón.

“Me gusta mucho mi trabajo; es un trabajo sencillo, uno no se mata tanto aquí y luego me llegó el otro trabajito, el de los jugos, que ahorita me los trajo el señor y luego vendo tortillas. Mijo, aquí toda la gente me trata bien, como si fuera de la familia, dicen que soy la reina del crucero”, asegura entre risas la carismática mujer, quien asegura no tener forma de agradecer todo el cariño que a diario le demuestran los automovilistas que circulan por este sector de la ciudad.

Aunque este día el repartidor de los periódicos no llegó al crucero, doña Magdalena no se dio por vencida y sobre el camellón tiene una hielera con jugos y más tarde, alrededor de la 13:00 horas, recibirá las tortillas que le tocará vender.

En una mano porta un jugo de betabel y en otra uno de naranja.

Reconoce que además de ser amable con el cliente, la fórmula para vender es mostrar el producto. Es por eso que pese al cansancio, camina entre los carros que esperan el cambio de luz en el semáforo, ofreciéndole estos deliciosos jugos.

¿De cuál va a querer señora?, le dice a una conductora de una unidad.

Ella le responde: «de naranja».

Doña Magdalena le coloca una servilleta, se lo entrega, recibe unas monedas y después le dice: «A empezar el día con todo el ánimo, que Dios me la bendiga.

Ante estas palabras, la automovilista sonríe y le agradece sus buenos deseos.

Doña Magdalena recibe diariamente muestras de cariño de todos aquellos que circulan por esta vialidad y hasta de los comerciantes del área, quienes a veces la invitan a comer, ya que no cuenta con el apoyo más importante: su familia.

“Tengo una hija pero como si no la tuviera, le avisan que estoy enferma y no va a verme”, asegura, mientras deja caer una lágrima.

Hace apenas unos meses doña Magdalena logró tener “ un cuartito” en la colonia Los Mezcales, el cual se convirtió en su hogar.

Antes andaba “ al garete”, dice, pero gracias al apoyo brindado por una señora de esta colonia, quien le construyó esta pequeña vivienda de paredes de madera y techo de lámina, tiene donde “meter la cabeza”.

“Lo que no hizo mi familia, hizo esa señora. Ahí estoy viviendo con ella, doy gracias a Dios que ella me tendió la mano”, dijo con gran alegría.

El sueldo quincenal de doña Magdalena es de mil 100 pesos, más las ganancias que obtiene de la venta de los jugos y tortillas.

Afortunadamente, dice, cuenta con seguro social, pues de lo contrario, no habría manera de salir adelante con su enfermedad: diabetes.

“Mire, aquí tengo estas semillitas; es la famosa moringa; es rebuena para este mal”, asegura.

Aunque todos pudieran pensar que a lo largo de estos 15 años de trabajo en el crucero del bulevar Rotarismo y Enrique Félix Castro los ojos de doña Magdalena han presenciado toda clase de escenas, ella dice que por fortuna a lo largo de todos estos años no ha sido testigo ni de un accidente.

“No, pues, fíjate que no. Cuando yo me voy miré que pasó un choque, que pasó esto, que pasó el otro, pero afortunadamente cuando yo no estoy. Afortunadamente Dios me protege y me cuida que pasen las cosas cuando yo no estoy”, agradeció.

Confiesa haber sufrido anteriormente y hoy asegura ser una mujer feliz, plena y convencida del amor a su trabajo.

Además, pese a que por más de una década se ha dedicado a la venta de toda clase de productos en los cruceros, destaca no tener una fórmula de convencimiento hacia el cliente, solo sonríe y agradece a Dios por permitirle acudir una vez más a la vialidad que desde 15 años ha sido testigo de su trabajo.

“Yo todo el tiempo sigo adelante, aunque relampaguee y truene. Así esté lloviendo, estoy trabajando aquí”, expresó.

«Gracias, que Dios me lo bendiga, joven», dice al reportero luego de dar por concluida la entrevista y tomarse con éste el famoso selfie.

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