sábado , 16 enero 2021

Leslie Abigail, una bala y una relación perdidas que cambiaron su vida

Leslie Abigail, una bala y una relación perdidas que cambiaron su vida

Carlos Rosas

Culiacán, Sinaloa (Café Negro Portal).- El 13 de febrero de 2011 la joven Leslie Abigail Escobedo Niebla, estudiante de prepataratoria, estuvo en el lugar equivocado y vivió un accidente que cambió su vida en cuestión de segundos.

Una bala que disparó un elemento del Ejército Mexicano se alojó en su cabeza, que tiempo después dejó sus dos piernas inmóviles y permanece postrada en una silla de ruedas que la ayuda a movilizarse por diversos lugares para tratar de continuar una vida normal.

La noche de ese día la estudiante viajaba junto con otras cinco personas por una calle de la colonia Antonio Nakayama de esta ciudad capital cuando se topan a un convoy de elementos de la milicia que perseguían a una unidad Hummer, de esas que ya que en ese tiempo estaban de moda en Sinaloa.

Los soldados inician la persecución del ostentoso vehículo a punta disparos y se cruzan con una Ford Lobo, que era tripulada por las seis personas, entre ellas Leslie Abigail.

Una aparente confusión ocasionó una desgracia en el interior de la camioneta, donde por el cráneo de una joven corre la sangre.

«Yo salí de mi casa con mi cuñado, mi hermana y la hermana de mi cuñado. Entonces, me habló una amiga. Yo le dije a mi mamá que iba a ir a un mandadito al Oxxo. Y en eso me habló mi amiga cuando ya íbamos llegando al Oxxo para que me fuera donde ellas estaban y pues yo fui y se me hizo fácil cambiarme de carro. Me cambié de carro y fuimos al Parque 87, en donde están los juegos. Estuvimos platicando un ratito, nos fuimos a cenar y ya después era las 11 y ya íbamos a la casa porque ya era domingo y el lunes teníamos escuela. Entonces, pues, íbamos llegando a la casa y ya no me acuerdo», dijo al pausar la entrevista.

La ojiva de bala que se alojó en su  cabeza no le permite recordar ese trágico momento. «Todo lo que sé es porque me lo han contado mis amigas y mi hermano», dice al reportero cuando las palabras de Leslie se hacen acompañar de unos ojos vidriosos.

Rechaza que los soldados le hayan hecho parada al vehículo en que se trasladaban, al menos así se lo manifiestan sus nulos recuerdos que cotaje junto a la versión de sus amigos.

Leslie tenía 17 años cuando recibió la bala; hoy cuenta con 21 años de edad.

La estudiante revela cómo ha sido su vida a cuatro años de aquel accidente donde un elemento de la milicia adoleció de prudencia para disparar su arma de fuego de grueso calibre.

La pérdida de fuerza en sus dos piernas no le impidieron salir adelante. Su madre nunca la dejó sola, tampoco sus amigos.

Hoy, a sus 22 años de edad, estudia la carrera de trabajo social y las terapias que recibe en el CREE le han permitido pararse con el auxilio de otra persona.

El accidente que sufrió no solo ocasionó que perdiera la movilidad de las extremidades de sus piernas, también ocasionó que su novio, con quien tenía un año de relación, se alegara de ella.

«Al principio fue mucho apoyo de parte de él. Me fue a ver a Guadalajara, me hablaba todos los días y me escribía. Después, ya nada», dijo.

Una vez que terminó las terapias en Jalisco, Leslie regresó a su casa. Platicó con su pareja y éste le manifestó que le daba miedo continuar con la relación porque «pensó que iba a quedarme para siempre así».

Su novio desapareció. Tuvo noticias de él hace cuatro meses.

La víctima de la imprudencia de los militares tenía su cabello largo cuando fue baleada. Hoy su melena es corta y en su pecho está una cicatriz ocasionada por una sonda que le fue colocada durante el tiempo que permaneció internada en un hospital, donde las esperanzas de vida eran eran escasas.

Leslie dejó de lado ese trago amargo, el darse cuenta que su pareja de hace un año la estaba abandonando por su condición física, pero salió adelante y se adaptó a una nueva realidad. Esa realidad que espera que cambie en los próximos meses o quizá años, ya que los médicos le dan muchas esperanzas de que pueda volver a caminar.

Mientras tanto, se concentra en sus estudios y consciente de que una discapacidad no es una limitante para crecer y salir adelante.

Hoy no es la misma de hace cuatro años. Los golpes duros que recibió de la vida le enseñaron que dos piernas no limitan sus pasos.

«Los médicos me dicen que sí voy a caminar, pero le tengo que echar ganas», confiesa.

Para recobrar la fuerza en sus dos piernas, Leslie asiste a terapias cada tres días.

La joven este día acudió al Congreso del Estado para solicitarle al diputado del PAS Robespierre Lizárraga Otero apoyo económico para pagar una computadora, ya que se «encharcó» en Coppel y ya viene la primer mensualidad.

 

Simple Share Buttons