sábado , 23 enero 2021

Un sacerdote le pone el cascabel al gato

Oswaldo Villaseñor

Tradicionalmente la Iglesia católica ha jugado un papel protagónico en las grandes revoluciones no solo armadas, sino también de ideas que han llevado a la sociedad a experimentar grandes cambios.

En México no es ni ha sido la excepción a pesar de que desde la época del presidente Juárez se decretó una separación entre el Estado y la Iglesia y se reguló la actuación de esta impidiéndole participar en política.

La relación entre Iglesia y Estado se reanudó durante el gobierno de Carlos Salinas y desde entonces ha sido muy común ver y oír a los representantes de la Iglesia Católica no solo participar en política, sino incluso opinar de los grandes temas políticos y sociales que sacuden al país.

En el 2010, la Iglesia católica no se mantuvo al margen de la lucha por la sucesión en Sinaloa al grado tal de que incluso ésta se dividió, al tomar parte una corriente encabezada por el entonces obispo Benjamín Jiménez en apoyó de Jesús Vizcarra, mientras que algunos sacerdotes se fueron con Mario López Valdez.

Una vez que Malova llegó al poder, se dio el revelo en el obispado de Sinaloa y mucho se comentó que había sido una decisión de los grandes jerarcas de la Iglesia, pues las relaciones entre el obispo y el nuevo gobernador no serían las mejores.

Con la llegada de Jonás Guerrero al obispado de Sinaloa, la Iglesia asumió una actitud respetuosa o complaciente según se quiera ver, del gobierno de Malova y poco se escuchó hablar a los sacerdotes de los grandes males que aquejan a Sinaloa.

En este contexto de responsabilidad o de complacencia, llama la atención las declaraciones que recientemente dio a un medio estatal, el sacerdote Antonio Díaz Fonseca quien dijo que tanto en México como en Sinaloa nada ha cambiado con la alternancia partidista en el poder.

Díaz Fonseca se va más a fondo al cuestionar los pobres resultados que se tienen en Sinaloa en materia de justicia, de seguridad, de combate a la corrupción entre otros temas que evidencian que el cambio prometido no llegó.

Pero más llama la atención que sea un sacerdote quien se atreva a cuestionar lo que se supone deberían cuestionar todos los días los líderes de los partidos políticos quienes se llevan unas verdaderas millonadas de recursos públicos precisamente para que sean los interlocutores de la sociedad y los contrapesos del gobierno y no sean los paleros en que se encuentran convertidos actualmente.

¿Dónde está Martha Tamayo, lideresa del PRI; donde esta Edgardo Burgos, líder del PAN o donde están el resto de los líderes políticos a quienes no se les escucha ni siquiera para aparentar una crítica al gobierno de Mario López Valdez en los temas donde evidentemente se está fallando.

Pero esta responsabilidad social no es exclusiva de los líderes de los partidos políticos, sino también de nuestro Congreso que se supone es el contrapeso natural al Ejecutivo y quién hasta el momento ha sido una comparsa más que le ha solapado todas las evidentes irregularidades que ellos mismos han detectado y denunciado, pero al final le han pasado y perdonado.

En fin, en este contexto donde no hay liderazgos independientes en Sinaloa, en las organizaciones civiles u organismos privados, llama la atención que sea un sacerdote quien se atreva a pintar con palabras, una realidad innegable que vive Sinaloa donde el cambio prometido no se ve por ningún lado.

Así sin quitarle ni ponerle

Habrá que estar pendientes.

 

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