viernes , 15 enero 2021

Tragedia Quilá. Max está triste: Su amo, Cristian Alí, se ha ido

Tragedia Quilá. Max está triste: Su amo, Cristian Alí, se ha ido

Irene Medrano Villanueva

La Compuerta, sindicatura de Quilá.- Max, el perro de raza pug, está triste…a su pequeño amo ya no lo volverá a ver y su dolor lo esconde entre los dolientes acurrucado en una silla, dolor que comparte con el papá de su dueño, Cristian Saúl García, quien no puede asimilar todavía la muerte de su pequeño. “A mi niño yo lo saqué en mis brazos…ya estaba muerto”, dijo.

Dos pequeñas vidas perdidas, dos funerales, uno cerca del otro. En el callejón donde están siendo velados Jesús Raúl Soto Ramírez, de seis años, y Cristian Alí García Urrea, de cinco años, está callado; el dolor crispa la piel de quien se atreve a pasar por ahí, por esa calle terregosa que todavía el miércoles por la tarde por última vez fue transitada por esos dos pequeños en sus bicicletas; ahora, están cubiertos de flores y lágrimas.

Familiares, vecinos y curiosos realizan los funerales de los dos menores fallecidos en el accidente registrado la mañana del jueves en el jardín de niños «Luis Donaldo Colosio» de esta comunidad.

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Cristian se traslada 24 horas antes, cuando su pequeño Cristian, le cantó las mañanitas antes de que su mamá lo llevara a clases, era su cumpleaños. “Y miren mi festejo se convirtió en velorio”, dice con los ojos anegados en llanto.

Recuerda que se despidió de su familia, les prometió que los iba a llevar a comer al Conchal y luego él festejaría por la noche con sus amigos, ya tenía pagada la música y el local y todo eso se convirtió en vueltas, “en ir a la funeraria».

«Me entregaron su cuerpo a los doce y media de la noche del jueves”, dice al momento de señalar que también está con el pendiente de la pequeña Deisy que es su sobrina y que se encuentra en terapia intensiva por los golpes que recibió en el mismo accidente.

No hay oraciones, sólo suspiros y lágrimas. “Nuestros angelitos ya están con Dios”, señalan los abatidos familiares, quienes no alcanzan a dilucidar cómo la tragedia la llevó a esta comunidad, el hombre al que a diario saludaban los vecinos, porque era el que les dejaba el agua y que la camioneta que manejaba se haya introducido al salón de clases que está a unos metros donde están velando a Jesús y haya malogrado dos vidas inocentes.

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Los dolientes en las exequias también se compadecen por el hombre que hoy está en la cárcel, “porque no creemos que quisiera hacerles un daño a los niños cuando ellos mismos recibían el agua”.

Otros dicen que el sufrimiento del chofer es igual al de los familiares “porque cómo se sentirá haber truncado dos vidas. Además, dicen que está enfermo de epilepsia y otros señalan que se le chorrearon los frenos”.

La primera parada que hace la gente al llegar a las honras fúnebres es ver el lugar donde cayeron las dos víctimas, luego se acercan lentamente al funeral de Jesús Raúl; están unos momentos y luego se van a acompañar a la familia de Cristian, que está unos pasos más adelante.

La gente compungida quiere estar más tiempo aquí. “No sabemos cómo manejar nuestro acompañamiento, Cristian murió degollado, yo no quiero ni verlo…mejor me quedo con el recuerdo”, dice una de las vecinas.

El abuelo del pequeño Cristian, un hombre alto fuerte y que sólo el dolor lo ha doblado, sus ojos rojos quieren esconder una lágrima, pero la suelta, al igual que soltó todo el dolor. “Pero cómo no, si los abuelos se encariñan más con los nietos que con los propios hijos”, balbucean los dolientes.

Y don Loreto Urrea Medina, con la voz entrecortada, compara a su pequeño Cristian con El muchacho alegre, el de la canción, era un niño muy cantador. “Cómo voy a extrañar sus canciones, sus bailes y sus largas pláticas que teníamos”, señala.

Lamenta no tener las palabras de consuelo para su hija Nohemí que está destrozada “y cómo no va a estar sufriendo mi pobre hija, si apenas hacía unos momentos que lo había despedido en el kínder”.

“Los papás de mi nietecito hasta ahorita dicen que no piden nada contra el que les quitó la vida…Dios le dará su castigo, si es responsable”, dice.

Otro que también sufre es Max, la mascota del pequeño Cristian. Mientras cientos de dolientes con la cara enrojecida por el sufrimiento, acompañan el féretro blanco del pequeño, al perro tuvieron que amarrarlo a un árbol, a unos metros donde está inerte su compañero de juegos.

Max sabe que algo anda mal, también ocupó una silla para velar a su amiguito, voltea hacia todos lados, para oreja al escuchar la voz de un niño, pero se acurruca cuando no reconoce la risa y el grito inconfundible de su amo.

“Eran inseparables desde que su tía se lo regaló”, llora el abuelo.

Llegan niños con globos blancos, coronas, flores de jardines, el poblado se ha volcado a externar sus condolencias.

El papá del pequeño Cristian recuerda que empezó a trabajar como todos los días en el yonke, a unos pasos del jardín de niños cuando escuchó un fuerte golpe, de momento pensó que era un choque en la carretera, pero al ver “una polvareda, dejé todo y me fui corriendo al kínder, veía a unos niños que salían de pie, me asomé a la camioneta, por allá vi a mi hijo tirado, me acerqué, tenía una cortada en el cuello, ya no se movía, me quité la camisa y lo cubrí, alguien me dijo que estaba con vida, lo tomé en brazos y…”

El mismo sufrimiento lo padece Casimiro Soto, papá de Jesús Raúl, quien dice que al igual que Cristian, no han podido vivir su duelo.

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Contrario a Cristian, se enteró dos horas después de la muerte de su hijo por los medios de comunicación. “No tengo explicación, no puedo decir lo que siento, es un dolor que me desgarra el alma y no le deseo a nadie lo que siento”, dice entre lágrimas.

“Mi hijo era alegre juguetón. Tanto Cristian como Jesús Raúl eran muy amigos, corrían por la calle, en las tardes salían en bicicleta a la cancha, los dos cantaban, jugaban, eran muy alegres”, llora.

Su llanto se lo traga cuando señala que nunca se va a resignar haberlo perdido. “Era mi único hijo, lo tenía todo, lo único que no le compré era una mascota, quería un perrito, igual que el de Cristian y yo andaba en eso… ”.

El sepelio se llevará a cabo este sábado a las ocho de la mañana y “sólo estamos esperando unos familiares y los dos féretros irán juntos, como amigos que fueron…”, dice Casimiro Soto, y remata “es un gran duelo…y lo que falta”.

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Café Negro/El Sol de Sinaloa

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