miércoles , 27 enero 2021

Tragedia de Quilá. Un salón maldito con una veladora encendida

Tragedia de Quilá. Un salón maldito con una veladora encendida

Irene Medrano

Culiacán, Sinaloa.- ¿Por qué Dios Mío? Es la pregunta que a cada momento se hace Cristian Saúl García, padre de Cristian Alí que murió el jueves pasado en el jardín de niños de Quilá.

El hombre de 31 años no encuentra sosiego, no encuentra una respuesta, llora e implora resignación, pero no llega esa calma a su alma y menos ahora que sabe que el hombre que provocó la tragedia quedará libre bajo fianza.

Sus ojos rojos por tanto llorar se cierran y no alcanza a dilucidar la decisión del juez tercero del ramo penal, porque “me tomó por sorpresa”, dice y su cara demacrada hace un rictus de resignación al reconocer que no todo fue culpa de Jesús Esteban Rosales, el chofer que se impactó en una camioneta contra el kínder Luis Donaldo Colosio, provocando la muerte de su hijo y de Jesús Raúl y causando lesiones en otros cuatro pequeños.

Pero se enfrenta a su otro yo, el que no se conforma: “no sé qué va a pasar, me pongo a pensar que mi hijo ya no está con nosotros, pero él llevaba el carro, pero tanto así que salga de un día para otro… Al momento yo no sé qué hacer, quiero dejar pasar el tiempo, tomar la decisión que sea mejor para todos”.

Es lunes no hubo clases y los padres de familia admiten que no saben cuándo volverán los siete menores que quedaron vivos a ocupar sus pupitres, lo único que sí tienen claro es que ya no quieren el aula en ese lugar para evitar más tragedias.

El día amaneció muy triste…el pequeño saloncito que albergaba a nueve pequeños delata la desdicha y el dolor que se vivió el jueves pasado, en el salón, todavía está colgado el último de los trabajos de Jesús Raúl, el menor que junto con Cristian Alí murieron aplastados por una camioneta repartidora de agua que se introdujo al Jardín de Niños y arrasó con todo a su paso.

La congoja de este pequeño poblado no se ha ido, como testigo una veladora encendida en el kínder y los objetos de la funeraria y el llanto lastimoso de una mujer en el hogar de Jesús Raúl que se escucha a varios metros, dan cuenta de esa doliente congoja.

Por el terregoso callejón está enclavada la escuelita y al final está la casa del pequeño Cristian Ali, y desde ahí su padre, con la mirada perdida busca la figura de su hijo que salía corriendo a encontrarse con su maestra Fabiola Gavilanes, pero eso figura ya no la verá nunca, por eso, llora e implora que llegue la resignación.

Dice que han pasado las horas más aciagas de su vida, después de que le dio cristiana sepultura a su hijo, porque admite que no puede asimilar por qué le quitaron a su hijo de esa manera, por ello, vuelve a repetir: ¡por qué Dios Mío! Y le pide que ilumine su pensamiento para tomar la mejor decisión de revocar la decisión del juez o permitir que el presunto responsable de la muerte de su hijo logre su libertad, pagando una fianza por mil salarios mínimos salarios mínimos.

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Café Negro/El Sol de Sinaloa

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