domingo , 24 enero 2021

Hijos de jornaleros dejaron el surco para ver por primera vez un hipopótamo y una jirafa

Hijos de jornaleros dejaron el surco para ver por primera vez un hipopótamo y una jirafa

Irene Medrano Villanueva

Estaban anonadados… no sabían qué ver primero, si la jirafa o el hipopótamo. Era su primera salida, muchos de ellos dejaron el surco para festejar su día.

Más de mil 500 niños, hijos de jornaleros agrícolas, de casi 50 campos hortícolas de Culiacán, Navolato, Mocorito y Elota, visitaron el Zoológico de Culiacán como parte de una serie de actividades recreativas, organizadas por la Asociación de Agricultores del Río Culiacán con motivo de los festejos del Día del Niño.

Desde temprano, los niños empezaron a llegar, sus caritas primero reflejaban incertidumbre, ingenuidad porque para la gran mayoría era la primera vez que iban a ver un animal “en persona”, señalaría Pánfila, una pequeña de sexto año y después familiarizados con el ambiente, muchos hasta selfies se tomaron.

Con sus mejores galas, los niños, algunos con el lonche en la mano –frijoles, tortilla y huevo con chile-, querían ser los primeros en ingresar al parque. La espera que fue de unos minutos después de que se bajaban del camión, se les hacía eterna.

Llegaban bien formaditos, ansiosos, querían correr, sentirse libres, queridos, festejados, porque a decir de muchos de ellos, ni siquiera saben que el 30 de abril es su día.

“No sé que es Día de Niño”, contestó Macrina, una pequeña de segundo año, cuando se le preguntó por el Día del Niño, y recordó que ha reprobado en dos ocasiones el primer año porque sus padres en su tierra natal, Chiapas, la ocupan en el campo, “en la siembra de rábanos”, pero ahora se siente contenta, libre y “ya no tengo que ir a labor, porque el patrón le ha prohibido a mi apá que nos lleve a trabajar. Entonces, voy a la escuela”.

En estos días, les han contado tanto del zoológico que llegaron ansiosos. “Yo quiero el trenecito…”, decía Nicolasa del campo Conejo; otros ansiaban acariciar el león «Me gusta su melena, se la quiero tocar”, exponía Sofía de manera ingenua.

Fueron cinco horas de una inolvidable experiencia, cinco horas, donde hubo de todo: payasos, dulces, piñatas, el recorrido del trenecito, tomarse fotos con los animales, porque el zoológico y el buen trato de los que laboran en el parque fue para ellos.

“Algunos niños me dicen que ni durmieron”, dice una de las maestras que acompaña al grupo. “Yo no dormí, quería llegar pronto”, admite Diego.

“Córrele, ven a tomarte la foto con este animalón que está muy gordinflón”, grita Aidé, mientras se abraza a la enorme figura del hipopótamo que está a la entrada del zoológico.

No, yo quiero ver la jirafa, grita otra niña.

Es la inocencia, es la alegría de estos niños que con tan poco se conforman, no piden grandes regalos, están felices de ver a los tigres, los pericos, los zopilotes los asombran. “Nunca había visto uno así de cerquita. Allá en mi pueblo los vemos cuando se comen el ganado muerto, pero no así de cerca, están feos”, comenta Micaela.

Marvella Kimisui se siente liberada. Junto con su hermano, del Ejido Canán , se trepan a un árbol para tomarse una buena foto, está feliz. “Yo me dormí muy temprano para poder levantarme”, dice emocionada.

Jesús y Fabian son dos menores, muy amigos porque las circunstancias y el trabajo los ha unido. Se sienten felices de estar en este lugar. Dicen que es diferente andar “vagando” que estar “destapando” la tierra.

“Eso cansa mucho, a veces hasta sentimos que nos vamos a desmayar porque el sol pega duro…”, señalan.

“Ven, ven a verle las nalgas rosas al chango”, grita otra pequeña.

Llegan con la jirafa, la alimentan, se sienten realizados. “Nunca pensé venir a un lugar así”, comenta Alondra que proviene de Chiapas.

“Ya no me quiero ir pa allá, aquí estudio, las maestras son buenas y este lugar nunca lo voy a olvidar…es un sueño”, dice, y luego en su dialecto, le comenta algo a su amiguita para luego explicar: “hablamos español y zoque porque mis papás no quieren que lo olvidemos”.

Durante su recorrido, todos tienen diversas opiniones, pero todos coinciden que lo que menos les gustó fue el payaso. “Nos tenían sentados viendo al payaso sangrón”, señala Fabiana,

Juanita se siente orgullosa de este paseo. “Es muy bonito, lo que más me gustó fueron los tigres, se ven muy bonitos, yo quería conocer uno, allá en mi tierra andan en la sierra”.

Tiempo les faltó para ver los 650 ejemplares y las más de 170 especies que tiene el zoológico, sin embargo, salieron emocionados, felices.

Gritaban, aplaudían, se reían, eran niños. Ya mañana volverán a sus responsabilidades de adultos.

Café Negro/El Sol de Sinaloa

Simple Share Buttons