sábado , 16 enero 2021

«Corrí y ya se lo había llevado el agua»: Madre de Alexander, el menor que murió ahogado

«Corrí y ya se lo había llevado el agua»: Madre de Alexander, el menor que murió ahogado

Irene Medrano Villanueva/ Samuel Sánchez

Culiacán, Sinaloa (Café Negro Portal).- Enlodada, con la ropa sucia y con los ojos enrojecidos, las manos maltratadas de tanto hurgar entre el fango, buscando con desesperación a su hijo que se lo tragó el dren, Mónica Beltrán no sabía cuántas horas llevaba metida en el lodo, solo una misión la mantiene en pie.

¡Dios mío: hazme el milagro de recuperar a mi hijo…! Era el ruego, era el lamento de esa madre desesperada que durante 20 horas no descansó.

Ni la lluvia ni la oscuridad de la noche impidió que ella saliera acompañada sólo de su primo en busca de lo más preciado: su hijo.

Sentada en un montículo de tierra a orilla del dren, lloraba desconsolada, sin aliento, no había comido, ni tomado agua. Su primo no tiene palabras para consolarla. Hasta ese momento no hay noticias de su hijo.

Pero en ese instante allá en la colonia Chulavista se escucha el grito de tragedia, de dolor: ¡Ya encontraron el cadáver de Daniel Alexander!. Los vecinos, no saben qué hacer, no saben de la madre de Daniel Alexander.

“Desde ayer no la vemos”, dice una vecina, mientras todo es consternación, la noticia desde el martes pasado ha paralizado a los moradores de esta colonia, algunos se ponen en el pellejo de la madre del pequeño y lloran desconsoladamente.

Minutos después de que Mónica Beltrán es entrevistada por Café Negro, una patrulla de la policía municipal llega a donde está y le dan la terrible noticia, el cadáver de su hijo fue encontrado aproximadamente a cinco kilómetros de donde el dren se lo tragó; estaba enterrado por basura y llantas, que fueron arrastradas junto con él por la corriente de agua.

Su tragedia empezó desde que una vecina le fue a comunicar que su hijo había desaparecido en el dren, bajo una intensa lluvia.

Con su hijo en brazos a quien lo estaba alimentando, no sabía qué hacer, no daba crédito a lo que le decía la vecina, ya que ella estaba segura que Daniel Alexander, de siete años, estaba en casa.

Salió corriendo desesperada, desde entonces siguió buscando a su hijo. Al igual que ella, elementos de la Policía Municipal, en coordinación con Bomberos y Protección Civil realizaban la búsqueda del niño, hasta que fue encontrado este miércoles a la altura del Piggy Back, pero cada quien por su lado.

“Daniel sabía que no tenía mi permiso para salir a jugar en la lluvia, por el peligro, él lo sabía”, repetía.

Entre sollozos narró que nunca pasó por su mente que mientras daba biberón a su hijo más pequeño, de apenas seis meses de nacido, Daniel Alexander había aprovechado para salir de su hogar y reunirse con uno de sus amigos: Alejandro quien afortunadamente logró ser rescatado por dos hermanos que transitaban por el lugar en una motocicleta.

Sin medir el peligro, los infantes acudieron a disfrutar la lluvia que caía en esos momentos, las sonrisas reflejadas en sus rostros y sin medir el peligro, los niños llegaron hasta la hondonada; Daniel se resbaló y Alejandro lo quiso salvar… Lo demás es tragedia.

“Le estaba dando bibi a mi bebé cuando mi vecina me gritó que el niño se había salido a la calle, corrí y ya se lo había llevado el agua”, recordaba, mientras se estrujaba las manos.

Han transcurrido 20 horas de dolor, ella, ya no se aferra a un milagro, sabe que su hijo está muerto.

En medio de un llanto desgarrador, los recuerdos de su hijo le vienen a la mente, su cara sonriente, juguetona, traviesa, cariñosa, implorante cuando quiere una cosa, como el de jugar bajo la lluvia.

“Le gustaba mucho el agua, por eso cuando empezó a llover, le puse candado al cancel, no me explico cómo logró escaparse y yo no darme cuenta”, narra.

Recordó cómo su pequeño pasaba horas en la alberca y playa cuando salían de paseo.

Ante la llegada de la lluvia y la afluencia de agua en este dren, días atrás le había aconsejado no acercarse al canal, mucho menos meterse.

“Yo le decía que tuviera mucho cuidado, que no se metiera y que si se acercaba estuviera en la orillita”, dijo con la mirada clavada en sus manos llenas de lodo seco.

Con el corazón destrozado y mesándose los cabellos embadurnados de lodo, ella se culpa, reclama y gime de dolor.

Y en medio de su dolor, recordando que hace unos días también falleció otra pequeña en las mismas circunstancias, ahora, con un gemido desgarrador que taladra las fibras más sensibles del ser humano, imploró a los padres de familia que nunca más haya una tragedia como esta.

“Mantengan a sus hijos lejos de los arroyos, porque un descuido como el mío, pueden vivir mi misma tragedia…”

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