lunes , 25 enero 2021

Su abuela la maldijo y perdió la vista y tuvo dos hijos con discapacidad, asegura madre de familia

Su abuela la maldijo y perdió la vista y tuvo dos hijos con discapacidad, asegura madre de familia

Irene Medrano Villanueva

¡Fue la maldición de la abuela…!, asegura Ana Bertha Velázquez estrujándose las manos al no poder dar una explicación por qué ella de pronto perdió la vista antes de procrear a sus dos hijos que nacieron discapacitados.

Del Ejido El Sinaloense, sindicatura de Emiliano Zapata, con 50 años de edad, dos hijos discapacitados, ciega y viuda su vida, ha sido un peregrinar.

Recuerda su época de juventud, su ilusión por tener una familia.

“Como todas las jóvenes, mi ilusión era tener un novio y casarme. Ese día llegó, pero mi abuela no quería a mi novio, estaba en contra de que me casara con él, yo quería una boda, por la iglesia. Entonces, ella maldijo al que fue mi marido y a mí. Desde entonces todo ha sido sufrimiento”.

Procreó tres hijos, María del Carmen, la primera, dice, es la única que se ha salvado de la maldición de la abuela.

Sin embargo, Patricia, de 31 años, y Eladio, de 26 años, nacieron con distrofia muscular, un trastorno genético que debilita los músculos que ayudan al cuerpo a moverse.

Las personas con distrofia muscular tienen una información genética incorrecta o carecen de la información adecuada en sus genes para fabricar las proteínas necesarias para tener unos músculos sanos.

La distrofia muscular debilita los músculos con el paso del tiempo, de modo que los niños, los adolescentes y los adultos afectados por esta enfermedad pueden ir perdiendo progresivamente la capacidad para hacer cosas que la mayoría de la gente puede hacer sin problemas, como andar o sentarse.

En muchos de los tipos de distrofia muscular la expectativa de vida (es decir, lo que puede llegar a vivir una persona) depende tanto del grado de afectación general de los músculos como de la medida en que están afectados el corazón y los pulmones.

Sin embargo, para Eladio y Patricia sus deseos de vivir y de ser útiles a la sociedad están por encima de lo que pueda decir la ciencia médica.

Eladio va a terminar la carrera de ingeniería en gestión empresarial, “luego quiero trabajar para ayudar a mi mamá y a mi hermana que ya terminó la secundaria abierta, queremos ser útiles, pero para eso es necesario que nos den un empujoncito”, dice.

Alegre, bromista, aclara: “no un empujoncito a la silla de ruedas, para eso, me pinto solo”.

Doña Bertha dice que a pesar de su ceguera, conoce perfectamente a sus hijos, porque toda la vida los ha batallado. “Como podía, los llevaba a la escuela, Eladio estudió en el Atorón la Secundaria y la Preparatoria”, recuerda.

“Ellos son mis ojos”, dice, mientras que Eladio asegura que su mamá para él y para su hermana, son sus piernas, sus cuerpos. “Nos complementamos muy bien”, dice emocionado.

“Nadie me ha podido dar una explicación por qué mis hijos nacieron con ese problema, mi esposo y yo siempre fuimos sanos, él murió hace 16 años, así he tratado de sacar adelante a mis hijos, pero a veces siento que las fuerzas me faltan, sin un apoyo económico, porque la pequeña pensión que me dejó mi marido apenas me alcanza para mal comer”.

Asegura que ahora, a través del padre “Jeringas”, ha encontrado un poco de paz en su corazón y el apoyo de la diputada Sylvia Myriam Chávez.

“Me dolía mucho que la gente me dijera que estaba maldita, que esa maldición nos va alcanzar a mi familia hasta la quinta generación, y eso, no quiero, porque el sufrimiento es muy grande, sentir que mis hijos, van perdiendo su fuerza, eso no se lo deseo a nadie”, dice.

De ella, no quiere hablar, señala que todo lo que pueda sufrir, no se compara con la vida que llevan sus hijos.

“Un día, cuando apenas tenía 19 años, estaba en el comal haciendo tortillas y de pronto, ya no pude ver nada, últimamente veo puras sobras”, indica.

Dice que nunca tuvo una explicación por este problema “así nomás, ya no vi”, pero, aclara que ya se resignó con la idea de que este sacrificio sirviera para que sus hijos superaran la incapacidad, pero transcurren los años y la afectación sigue su curso.

Eladio, asegura que nada de eso lo intimida, al contrario, “le pongo muchas ganas, quiero ser profesionista…salir de la pobreza para ayudar a mi mamá, a mi hermana”.

Además de sacar su carrera, dice que lo que más desea es una computadora, un par de tenis, porque los que trae ya piden esquina… y unos zapatos “porque en el trabajo no me van a querer con tenis, soy del ocho y medio”.

Luego en broma da su teléfono; 7-67-14-87 “pregunten por Layo y como dicen los anuncios, las 24 horas del día”.

Eladio pidió a los jóvenes que quieran y respeten a la vida, porque es el capital mayor que tienen y que no se acerquen a las drogas, al tiempo que resaltó la importancia de una juventud comprometida con el trabajo y el esfuerzo porque “todo triunfo significa trabajar y sudar”.

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