miércoles , 27 enero 2021

La periodista Irene Medrano Villanueva, testigo de la agresión a la diputada Sandra Lara Díaz

La periodista Irene Medrano Villanueva, testigo de la agresión a la diputada Sandra Lara Díaz

Irene Medrano Villanueva

“¡No! ¡No venga aquí a amenazar!”, pedía una de las asistentes cuando una integrante del movimiento “Si es mi hijo yo lo educo” le susurraba algo al oído a la diputada Sandra Yudith Lara Díaz, a quien se le desfiguró la cara y, con los ojos anegados en llanto, salía del recinto parlamentario después de que también fue jaloneada.

La señora se enfrentaba a la madre de familia que con su hijo colgado con un rebozo, interpelaba a la diputada.

Es la primera vez que un o una diputada ha sido ultrajada en el recinto parlamentario, pero lo más asombroso es que ningún legislador en ese momento alzó la voz en defensa de la agredida.

“La verdad, me tiene sorprendida, nunca había pasado algo igual aquí en el recinto parlamentario”, señalaba Martita Arredondo, secretaria parlamentaria.

La presidenta de la mesa directiva estaba ausente, presidía el diputado Robespierre Lizárraga y pese a la gresca que estaba ante sus ojos, no intervino.

La secretaria parlamentaria iba por la presidenta, le advertía lo que estaba pasando en el pleno y Yudit del Rincón intervino, después de que la legisladora Sandra Lara salía del recinto parlamentario y los padres de familia eran entrevistados por los medios de comunicación.

“Se le pide al público en general, guardar silencio”, fue lo único que alcanzó a pedir después de la disputa.

La sesión iniciaba en calma, de entrada se tocaban puras pensiones, lo que sorprendía a los asistentes que habían acudido porque estamos en “vigila”, para impedir que se toque en tribuna otra vez la Ley de Niñas, Niños y Adolescentes, dijo una de las asistentes, pero para beneplácito de ellas, no estaba en el orden del día.

Los padres de familia habían llegado temprano, estaban en la parte de arriba del recinto parlamentario, sin embargo, casi para concluir la sesión, sigilosamente empezaron a bajar, uno por uno, la seguridad estaba relajada, no había ni un solo guardia de seguridad en el recinto parlamentario.

La primera en bajar fue la señora Julia Aspacia Gatzionis, quien con su hijo en brazos, llegó a donde estaba la diputada Sandra Lara, quien la atendió y de entrada la acusó de ser la impulsora de la iniciativa.

La diputada rechazaba la acusación y la señora seguía increpando mientras volteaba a la gayola para que sus compañeros fueran bajando, nadie se los impidió.

“Estamos en un asunto de legalidad… no puede ser, insisto, es un asunto de…”, le contestaba la diputada y le pedía: “por favor, tienen que estar dispuestos a escuchar”.

El señor José Antonio López se unía a los reclamos.

“Qué malo que utilicen a las mujeres”, contestaba Magaly Reyes, quien era de las pocas que defendía a la diputada, mientras el tema iba subiendo de tono y la señora Silvia Páez buscaba para todos lados, y preguntaba: “¿dónde está seguridad?… Aquí puede haber golpes, vienen muy agresivos”.

La señora Aspacia Gatzionis le aseguraba a la diputada “la neurociencia comprueba que esta ley afecta el cerebro de los niños”, y afirmaba también que la ley promueve la pederastia.

¿Qué, qué?, preguntaba sorprendida la diputada Sandra Lara.

“Póngase a leer primero”, terciaba Magaly Reyes.

El niño en brazos de su madre no sabía lo que estaba pasando, primero con los ojos muy abiertos, luego asustado, quería llorar, sin embargo, esto no le importaba a nadie, mientras la madre le tenía agarrada la mano.

Héctor Gil Vargas, director de la Unidad de Gestión y Vinculación Social del Congreso del Estado, iba en su auxilio. “Le hablan diputada”, le decía, mientras la priista trataba de zafarse. Por fin, lo logró, pero la señora, la jaloneó para que continuara con el diálogo, mientras Lupita Díaz -asistente de la diputada-, le pedía que la soltara.

Una vez libre la diputada, la señora se acercó al oído, le susurró unas palabras y la diputada soltó el llanto y salió confundida.

“No, no venga aquí a amenazar”, la increpaba una señora ante la confusión de Magaly Reyes, que se preguntaba que le había susurrado al oído que salió llorando.

Sandra Lara Díaz señalaba que cuando las personas agreden física y verbalmente a las otras, en vez de discutir civilizadamente el tema, es porque ya no les quedan fundamento para defenderle.

Se le preguntaba a la diputada si efectivamente había sido amenazada y ella, ni aseguraba, pero tampoco desmentía. “Lo cierto es que me han amenazado tantas veces… por lo mismo”.

Café Negro Portal/El Sol de Sinaloa

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