jueves , 14 noviembre 2019

David López de Canterville

Juan Ordorica

El fantasma de Canterville es un conmovedor cuento de Oscar Wilde. Un espíritu otrora imponente y poderoso es venido a menos con el paso del tiempo y de las generaciones modernas. El viejo fantasma de Canterville termina su vida chocarrera recluido en el diván de su centenaria casa; los nuevos propietarios y moradores de la propiedad hechizada ignoran las leyendas y cuentos que giran en torno al maléfico ente.

David López parece vivir en la mansión de Canterville en un tiempo que ya fue; se pasea penando por una tierra extraña a sus sentidos. Camina por las colonias populares de Sinaloa con el Choclo boleado, pantalón planchado con raya longitudinal perfectamente definida y camisas de vestir. La percha capitalina lo acompaña a cualquier lugar donde se presenta. Fuera de lugar y con muy poco conocimiento del terreno, David regala sonrisas congeladas y soturnos apretones de mano…extraña, añora, recuerda los placeres de palacio. Alejado de los afectos del soberano, quiere encontrar en una tierra, que ignoró por muchos años, el retiro dorado en el diván de un puesto público.

Simón – el nombre del fantasma del cuento- era un fantasma feliz; asustaba a cuánto inquilino osara apropiarse de su mansión con todos los trucos que un espectro que se respete puede tener en su arsenal: Cadenas oxidadas, quejidos lastimeros, visiones terroríficas y su arma secreta… la eterna mancha de sangre frente a la chimenea. No importaba que se cambiara el piso, pintaran las baldosas o tallaran con lejía. La mancha simplemente seguía apareciendo. Un día llego la modernidad a la casa. Los hijos del matrimonio que adquirido la mansión decidieron divertirse con el fantasma. Aceitaron las cadenas, repararon las sabanas, ignoraron los lamentos y la afrenta final: borraron la mancha con una dotación de los más modernos y efectivos productos químicos de limpieza. El viejo fantasma aristócrata toco retirada y se atrinchero en el lúgubre diván.

El ahora diputado federal electo, David López, sufre. Perdedor y exiliado de las luchas palaciegas fue arrinconado al congreso. Las antiguas estrategias, que durante muchos años fueron efectivas en el mundo de la comunicación, dejaron de impresionar a las nuevas generaciones. Enfrentó el mundo de la tecnología, las redes sociales y la modernidad con chayotes, borregos, maquinas de escribir y hasta señales de humo. El mundo de la comunicación actual y la política lo rebaso algunos lustros atrás; incluso su mancha indeleble y sello personal de susto – la cercanía con el Dedo divino- poco a poco es borrada por los nuevos tiempos.

Al final del cuento, el fantasma de Canterville es liberado de su penar por intervención de la hija de la familia Otis. Simón abraza la luz y abandona las cadenas de sus penurias sin nostalgia dejando tras de sí la existencia a un mundo, al cual, ya no pertenecía ni en vida ni en muerte.

David López, más por inercia que por convicción, aspira a la gubernatura de Sinaloa. Sin embargo, sus verdaderos deseos están en buscar un retiro digno del trajinar político. La luz liberadora que busca no está en Sinaloa. Apunta más al sur. Donde el chilorio pierde su sabor y los aromas del chorizo inundan los pulmones, David quiere colgar las sabanas y dejar de ser el fantasma de un sueño que ya no fue.

El MEMENTO DE HOY

p

 

Twitter: @juanordorica

Hazte seguidor de Café Negro Portal con solo darle “Me gusta” a nuestra página www.cafenegroportal.com.

Simple Share Buttons