miércoles , 18 septiembre 2019

Votando bajo la lluvia

Domingo 6:30 a.m. el día comienza nublado. Una lluvia de gotas finas como las agujas forman las primeras manchas de agua en la calle, nubes de buen tamaño e iluminadas con el último tono de gris del pantone celeste dan la bienvenida a un domingo diferente. Es día de votación. El PAN de Sinaloa se prepara a elegir a su dirigente nacional entre los candidatos Ricardo Anaya y Javier Corral. Los paquetes electorales ya fueron repartidos y los representantes de los candidatos se cuelgan orgullosos el distintivo que los identificara en las mesas de votación.

La lluvia arrecia. Las carpas todavía no se instalan. El reloj marca ya las 8:30; la plazuela Obregón – a los pies de la estatua del emblemático Maquío- es anfitriona por enésima vez de una más de las jornadas electorales de Acción Nacional. ¡Al fin! los trabajadores culminan con su labor de ensamble y las mesas de votación pueden comenzar a instalarse. Entre Saludos cordiales, abrazos sinceros, algún chascarrillo de la noche anterior y algunas ojeras trasnochadas los militantes realizan contentos sus actividades de funcionarios de casilla. Don Tino, siempre comedido, sufre con escoba en mano los embates de la lluvia desconsiderada; Catalina Frank, la Gran Cata, corre de un lugar a otro gritando instrucciones para arrancar la jornada. Todo está listo.

Después de una espera de unos minutos los primeros militantes aparecen en la fila. La señora Marcela, impecable como siempre, con su inigualable sonrisa es de las primeras en depositar su voto. La lluvia no deja de caer y los charcos cada vez más extensos comienzan a reclamar su cuenca, aún así, el flujo de votantes no disminuye. Siguen llegando. Don Pedro, el representante del candidato Anaya, no deje de parlotear, y Cecilia, la escrutadora de la mesa, aguanta estoica la migraña que comienza aparecer producto de los ríos de saliva del parlanchín Anayista.

El Ing. Loaiza hace su aparición como el representante general del candidato Corral. Camina lentamente entre las mesas, saluda con media sonrisa y se retira dejando la consigna a sus colaboradores de informar cualquier situación fuera de lugar. Los votantes siguen llegando. La señora Minerva, representante de Corral ante la mesa, con mirada soturna comenta en voz alta la felicidad que le produce estar en las casillas porque así puede saludar a militantes que hace mucho no ve. Ya es más de medio día. Las nubes se toman un descanso y dan paso al enjundioso sol dominical. Un escandaloso y saludador Roberto Cruz busca su casilla, emite su voto, da un par de abrazos y se retira. Ya casi para cerrar la jornada familia Osorio – Sadol, Javier, Dora, Nelba – pasa lista de asistencia y uno a uno ejerce su voto. Todo ante la vigilante mirada del dirigente municipal, Ignacio Nieblas.

La comida llega tarde. Barbacoa y sopa fría, vituallas que nunca faltan en estas lides, son el menú del día. Cierran las casillas. Inicia el conteo. Los representantes, atentos, no dejan de señalar cualquier voto mal tachado. Se forman dos alteros de votos. Anaya suma papeles a su montón y Corral se rezaga. Un par de boletas, algún folclórico insulto perdido en una boleta y el conteo llega a su fin. Un voto de más, perdido entre las cuentas impide el cierre de la urna; tras varios reconteos aparece el error. Todos de acuerdo y se firman las actas. Los militantes se despiden, funcionarios y representantes, entre abrazos y sonrisas. Adversarios en la elección, amigos al final.
Lo que comenzó como un día gris y de lluvia impertinente termino con el purificante – a veces de más- sol en todo lo alto. Tal vez Anaya tuvo más votos ese domingo, pero los verdaderos triunfadores de la elección son los militantes azules. Al final del día, no hay mejor remedio para los desencuentros… que una buena dosis de democracia en cantidades excesivas.

EL MEMENTO DE HOY

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Twitter: @juanordorica

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