miércoles , 18 septiembre 2019

Caminito de la escuela

Por Juan B. Ordorica

El regreso a clases es una experiencia extraordinaria. Para quienes hemos tenido la suerte de vivirla en ambos lados de la moneda, como estudiante sufrido o padre mortificado, el día de retornar a las aulas se convierte en un ritual de emotivas contradicciones. Los sentimientos, tanto de padres de familia como de noveles escolapios, se arremolinan en las entrañas y no se distinguen con claridad cuál emoción se superpone a la otra.

Por un lado los alumnos sufren el jet lag de meses en la inactividad y desapego a la rutina, disciplina o responsabilidad; tienen que reacomodar sus relojes internos a los nuevos horarios de la actividad académica, esto es el equivalente a pretender entender un libro de Borges después de terminar la colección completa de Condorito, simplemente el cerebro no está listo para cambios tan bruscos en su entorno. Al mismo tiempo, el deseo de regresar a las aulas entre los alumnos es muy fuerte. Ver a los cómplices de las travesuras, a la niña – ó niño, depende del lector- por la que sentimos cierta atracción, las ganas de conocer nuevos compañeros y la incertidumbre de los nuevos profesores se convierte en una motivación sin igual para estar listos y engomados en la entrada de la escuela.

Los padres de familia viven el regreso a clases desde otra perspectiva. Después de un verano agotador y para algunos, demoledor, ven una luz al final del túnel con la cercanía de los días de escuela, pero comienza otro viacrucis…el de los gastos que este evento anual trae consigo. El vía crucis de los uniformes, útiles y otros enseres es muy complicado para muchos padres de familia. Aún con los apoyos de gobiernos municipales y estatales el regreso a clases, más que fechas para estar contentos, es una época de penurias.

No se puede dejar fuera al gobierno de este festival de lágrimas y risas. Él gran ogro filantrópico aporta su dosis de drama a los regresos a clases. A últimos años las entregas de uniformes y útiles escolares- que por lo demás es una buena iniciativa- tienen su historia de suspenso aparte; entre fechas fatídicas, proveedores y accidentes tecnológicos contribuyen en los aumentos de estrés de la población en general. Los ayuntamientos no se pueden quedar atrás y casi siempre dan la nota ante la falta de programas eficientes para resolver el caos vehicular tradicional del regreso a la escuela.

No pueden faltar los innovadores métodos de esquilmar a los padres de familia por parte de los directores de las escuelas. Las tan sonadas cuotas cambian una y otra vez de concepto, pero el resultado es el mismo: hay que soltar plata para el hijo tenga un lugar en el espacio del saber.

Así… entre llantos, zapatos lustrosos, uniformes nuevos, cuadernos forrados, tráfico, cuotas y suspiros somos participes de una de las tradiciones más valoradas en el baúl de nuestra nostalgia: el eterno caminito de la escuela.

EL MEMENTO DE HOY

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Twitter:@juanordorica

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