domingo , 22 septiembre 2019

Informes de gobierno: penitencias innecesarias

Por Juan B. Ordorica

Nuestra República está llena de rituales obsoletos, anquilosados, derruidos y soporíferos. Sin embargo, de todas las liturgias gubernamentales tediosas los informes de gobierno se llevan el máximo galardón a la inutilidad. Comprendo que la Constitución mandata a los gobernantes informar acerca de sus actividades a la sociedad, pero con las tecnologías modernas y las múltiples herramientas legales que cuenta un ciudadano para conocer la marcha de su gobierno – Leyes, Comisiones, Institutos y demás acompañantes del acceso a la información pública- sencillamente el ejercicio de hacer un magno evento para entregar un informe resulta, por lo menos, redundante.

Desde el Presidente de la República hasta el más humilde de los regidores del País quieran tener su evento especial para mostrarle al mundo sus “avances” durante su gestión. La mayoría de los funcionarios padecen del complejo de la flor más bella del ejido; se sienten con la necesidad de organizar presentaciones interminables para mostrar la pureza de sus acciones y presumir sus logros, eso sí, nunca hay ni dos renglones de autocritica en aquellos ladridos de cifras disparados sin ton ni son

Imaginemos cuánto dinero se pudiera ahorrar del erario si estos eventos no existieran. Si sumamos los gastos de promoción, publicación de libros, renta de salones, personal, viáticos, bocadillos, etc. y multiplicamos este gasto por los miles de funcionarios que organizan informes (alcaldes, diputados locales, diputados federales, gobernadores, regidores, organismos públicos descentralizados y el etcétera más largo que usted guste incluir aquí) los gastos son exorbitantes y su utilidad es nula. Aunque estos presupuestos se trabajan en tres niveles de gobierno al final de las cuentas el dinero sale de donde mismo: de nuestros impuestos. Si los funcionarios se dedicaran hacer su trabajo y transparentaran sus procesos, un ciudadano debería tener la facilidad de revisar el portal electrónico de cualquier dependencia… y listo, ahí tenemos un informe, que no cuesta mayor cosa al contribuyente y no se pierden horas de trabajo organizando eventos faraónicos.

Muchos de nuestros políticos viven exclusivamente para informar; bien generan un par de acciones en sus trabajos y pasan 4 meses organizando un evento para presumir sus ideas –con dinero público, por supuesto- . Soportados de un vademécum de números y cifras enredosas, los políticos nos inundan de cuadernillos bien empastados que nadie lee y mucho menos cree. Es tiempo que las formas de comunicar cambien en el mundo de la burocracia. Ser eficientes y dejar de lado el aplauso artificial de los invitados de escenografía debe ser el nuevo mandato de para nuestras autoridades.

Para satisfacer los egos de los gobernantes propongo la comisión permanente de focas amaestradas, está tendrá como objetivo principal rentarse para sesiones de aplausos al político que así lo requiera, eso sí, el costo será absorbido por el usuario y no con cargo al erario. La informitis es un mal que se debe combatir. Si la viruela pudo ser erradicada con más ganas se puede vencer un padecimiento de ególatras disfrazados de Republicanos.

EL MEMENTO DE HOY

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Twitter: @juanordorica

 

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