miércoles , 13 noviembre 2019

La administración de Edgardo Burgos, ¿buena o mala?

Edgardo Burgos

Por Juan B. Ordorica

La semana pasado Edgardo Burgos Marentes, presidente del Comité Directivo Estatal del PAN, anunció que en los próximos días presentaría su renuncia a este cargo, llegando así el final de un ciclo de casi tres años al frente del blanquiazul.

Edgardo abandona su cargo después que el Tribunal Electoral ratificó la prórroga por un año más a su consejo directivo. Por estatuto será el secretario general vigente, Adolfo –»El Popo»- Rojo Montoya, quien asuma el cargo de presidente y el encargado de afrontar el próximo proceso electoral local del 2016.

Edgardo sale del PAN, entregando números electorales muy parecidos, a los que en su momento, presidentes anteriores tuvieron durante sus gestiones (alcaldías, diputaciones federales y locales).

Cuantitativamente su periodo no puede ser catalogado como mejor o peor. Podemos decir que mantuvo los estándares normales en niveles de votación. Sin embargo, cada presidente tuvo su muy particular estilo de ejercer la presidencia –duelos frontales del Ing. Loaiza contra Juan S. Millán, la pasividad del Dr. Gastelum y la ortodoxia del Ing. Solano–. La personalidad de Edgardo estuvo enmarcada de características muy propias de la juventud que posee (imprudencia, osadía y cierto candor pueden servir de ejemplos).

Durante sus años como presidente Edgardo tuvo que lidiar con un entorno especial y diferente al de sus antecesores, dialogar con un gobierno que fue impulsado electoralmente por Acción Nacional. Este hecho por sí mismo representaba una situación peculiar, no podía tomar experiencias anteriores para definir alguna estrategia, porque simplemente no existían.

Esta novel dinámica trajo consigo algunos hierros propios de la naturaleza de la relación. La crítica para Edgardo por la tibieza en sus posiciones contra el gobierno fueron los reclamos más constantes de la militancia. No obstante, cuando se asumió una posición de dureza –amenazar con romper con el gobierno- fue otro sector del panismo que reclamó ese tipo de actitudes. Nunca pudo conseguir el equilibrio en su discurso que permitiera que todas las voces al interior del PAN se sintieran respaldadas.

A pesar de las luchas internas y externas, Edgardo, pudo puede sentirse satisfecho en varias de sus acciones, consiguió que los 18 municipios tuvieran comités electos por la militancia y no delegaciones impuestas, impulsó las candidaturas electas por mayoría y no por designaciones desde la cúpula y no se le puede escatimar sus esfuerzos por denunciar los abusos que otros partidos cometieron en las elecciones.

El futuro para Edgardo parece un tanto difuso. Aspira a una diputación local y seguir creciendo en su carrera política, desgraciadamente problemas familiares – desde aquí le expresamos todo nuestro apoyo y solidaridad- pueden distraer, lo que hasta hoy ha sido, una buena trayectoria de una persona que es producto del semillero juvenil de Acción Nacional.

La calidad moral está más allá de cualquier puesto que uno pueda tener en la vida. Hasta el día de hoy Edgardo ha demostrado ser un triunfador al medirse en la pesa de los valores humanos. De algo podemos estar seguros: pronto lo volveremos a ver en la arena pública defendiendo los ideales de Gómez Morín.

EL MEMENTO DE HOY

G

Twitter: @juanordorica

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