miércoles , 13 noviembre 2019

La secta Vizacarriana

Juan B. Ordorica

Se mueven en la oscuridad, organizan aquelarres entre las sombras e invocan los fuegos fatuos del señor de los pantanos cárnicos.

La secta de Vizcarra comienza a desempolvar togas y mantos. La fecha de la profecía se acerca; los esbirros los saben. Como hormigas tras las migajas, los fanáticos de la religión del señor Viz comienzan a salir de sus escondrijos subterráneos para regar por el mundo la segunda venida del señor de las chanclitas verdes.

H.P. Lovecraft, piedra filosofal de la literatura de horror-ficción, nos regaló en sus obras al mítico y despiadado demonio Cthulhu, quien con su legión de monstruos pandimensionales, busca retomar el control del planeta Tierra, del cual fueron expulsados.

Cthulhu es una entidad elevada, casi cercano al límite de una deidad. Busca reinstaurar su reinado a sangre y fuego, sin embargo, tiene un desapego con toques de desprecio a sus seguidores: Nunca escucha sus llamados e incluso ignora su existencia. Es un Dios que no necesita creyentes.

Vizcarra se mueve en un plano existencial, superior a la política local; es miembro permanente del olimpo sexenal y un semidiós del panteón de Atlacomulco.

Al igual que Cthulhu, Vizcarra no necesita del llamado de sus seguidores y mucho menos de sus plegarias plañideras. Un par de susurros en el oído adecuado y el señor del eje federalismo eterno se materializara en los páramos sinaloenses.

En los cuentos de Lovecraft, los seguidores de Cthulhu proliferaban por todo el mundo. Sin conocerse, tenían cantos en común, el señor del mal se aparecía en sus sueños, marcaban figuras en su honor y lo más importante de todo, preparaban sus casas para recibir el nuevo orden mundial donde ellos serían los llamados a servir en el reinado del Cthulhu.

En Sinaloa el culto de Vizcarra parece muy animado. Las voces de los fanáticos cada vez son más fuertes y sienten el ardor en sus entrañas por recibir la unción del divino Viz. Los años de su fe reprimida parece que al fin tendrán recompensas. El canto de la secta Vizcarriana retumba en las letras de los pregoneros fieles: “Nuestro señor vendrá y hará pagar por las injurias que cometieron sobre nosotros, sus fieles. Venganza y calamidades sobre nuestros adversarios. ¡Oh, gran Señor Viz!”

Vizcarra no es señor de las tinieblas, ni mucho menos; sin embargo, al igual que Cthulhu, un día despertará de su letargo para contemplar los dominios que le apetecen conquistar, posará su mirada sin emociones, mostrará al mundo su poderosa figura, y así sin más, regresará a dormir al darse cuenta que ese mundo puede esperar.

Los semidioses – aunque sean políticos o empresariales- no necesitan explicar acciones a los seguidores. Las túnicas se tendrán que guardar, los cantos acallar y regresar a las tinieblas por algún tiempo. El llamado Vizcarriano despertó al demiurgo, pero solo para demostrar que existe y que su poder no necesita de plegarias. Volverá al sueño para despertar en un mundo más suculento para dominar.

EL MEMENTO DE HOY

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Twitter: @juanordorica

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