viernes , 15 noviembre 2019

La independencia de México dentro de un huevo kínder sorpresa

Por: Juan B. Ordorica

Antes de comenzar formalmente nuestra columna de hoy permítame, estimado lector, desprenderme de los clichés más socorridos de nuestros activistas nacionales: México nunca ha sido independiente, siempre ha estado ligado a los intereses de extranjeros, el gobierno controla nuestros destinos, la historia de nacional es una mentira oficial, los sistemas del capital mundial nunca van a dejar a nuestro país ser libre…. Etc, etc, etc.

Una vez cumplidos los argumentos de rigor y para quedar bien con nuestros lectores radicales, es tiempo de abrir el huevo kínder sorpresa.

La historia nacional nos cuenta una bella historia de los valores patrios libres de todo interés terrenal de nuestros padres fundadores – Hidalgo, Aldama, Allende, Josefa Ortiz y el mal amado Abasolo-.

La realidad es que este grupo de conspiradores fue descubierto en sus fechorías –que hasta a la fecha no se sabe a ciencia cierta en qué consistía la conspiración, pero los cacharon en el acto y tuvieron que aventarse como el borras–.

Todo salió mal. Quien tenía que ser el líder de la revuelta no llegó a serlo jamás; quien era el consejero moral, terminó siendo un sátrapa genocida cometiendo los peores actos de un criminal de guerra en la Alhóndiga de Granaditas, Pipila incluido. H

Hidalgo murió fusilado y después decapitado sin saber nunca cuál era la razón de su lucha. Es hora que los historiadores no se ponen de acuerdo en cuánto a sus arengas de guerra.

La mal llamada “consumación de la independencia” fue uno de los pocos momentos que esta nación ha vivido una verdadera unidad y armonía nacional.

Los acuerdos demostraron ser más poderosos que las balas; los ejércitos rebeldes y realistas llegaron en santa paz a la capital y con Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide a la cabeza los trajinares de este país comenzaban formalmente su andar por el mundo.

Es una tragedia que en la identidad del mexicano se eligieran como padres de la patria a una banda de insurgentes desorganizada, en ligar de un par de personajes responsables y menos violentos como nuestros héroes modelo. En nuestro origen está nuestra realidad (las balas, el desorden y las turbas sobre los acuerdos, el orden y la concordia)

El chocolate envuelve muchas de las sorpresas de nuestro destino. Tenemos héroes de mentiras y villanos de azúcar. La fatalidad de nuestro origen nos persigue al presente, por más que intentamos seguimos enamorados de nuestro kínder sorpresa. Preferimos en el pedestal de nuestro Olimpo la incertidumbre del chocolate que la sobriedad de la historia. Entiendo que para un niño sea mejor un mal chocolate con una buena sorpresa dentro que una aburrida golosina gourmet, aunque su calidad sea superior.

Seguimos gritando y celebrando nuestra independencia todos los años sin tener muy claro qué significa eso. Si uno se pone a pensar puede llegar a la conclusión que secretamente festejamos a la anarquía y como sorpresa traía incluido un juguete de independencia. A todo esto, como que ya va siendo hora que aprendamos armar el juguetito y saber qué hacer con él.

Twitter: @juanordorica

EL MEMENTO DE HOY

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