miércoles , 13 noviembre 2019

Dos edificios, dos historias, dos realidades

Por Juan Ordorica

Unos cuantos metros separan a un edificio del otro. Una calle es la frontera de dos realidades diametralmente diferentes. En uno se construyen sueños, leyendas, felicidad al instante, historias de éxitos, se escriben novelas a la grandeza del espíritu humano; en el otro la vida desaparece, se extingue, las pesadillas son inquilinos permanentes, las desgracias son parte de la rutina y el dolor se difumina en las derruidas paredes.

Uno es el mejor de su clase; presume ser la élite de la vanguardia en Latinoamérica. No existe nada más lustroso y brillante en su clase, hasta ahora, es único. Su vecino se cae a pedazos, le duelen los cimientos, rechina en las ventanas y se pudre en el olvido.

El edificio de ensueño es el resultado de la cooperación perfecta de todos los niveles de gobierno y de la participación decidida de la sociedad civil. Juntos, gobierno, empresarios y ciudadanos, demostraron que en unidad cualquier proyecto, por más ambicioso que este sea, no tiene obstáculo insalvable. La suma de voluntades todo lo puede.

Al mismo tiempo, cruzando una calle, se levanta un fracaso envuelto en ladrillos. El gobierno y la sociedad construyeron un monumento a la indiferencia, corrupción y negligencia. Nada se puede sin convicción.

Deporte y salud viven y conviven, caminan de la mano. Tan cerca uno del otro, tan lejos como una calle. Los dos tienen su casas, sus edificios.

La clínica del IMSS de Culiacán tiene como invitada VIP al la señora Muerte y la instala en sus palcos premier con su dotación de bacterias.

Accidentes y designios de la vida dicen los directivos. Por supuesto, nadie se va. Perder vidas no es justificación para remover a nadie.

En cambio, en el edificio de enfrente, una mala racha de juegos perdidos y directiva, jugadores, manejador y hasta la afición sufren las consecuencias: despidos de todo aquel que pierda un par de juegos. En el deport, y no en la salud, los errores cuestan trabajos. Hay prioridades.

Ya se pueden ver atrapadas, home runes y ponchados en infraestructura de clase mundial.

Somos aficionados de primera con espacios de primera. Consultas, inyecciones y operaciones se pueden hacer con infraestructura antediluviana.

Parecemos pacientes del Medievo con edificios feudales.

Culiacán merece vivir la experiencia de entretenimiento de primer mundo, no tengo duda de eso, pero también merece espacios mínimamente dignos para conservar la vida. Los edificios se ven uno a otro y no es la envidia lo que los separa, tampoco una calle. Uno debe ser el ejemplo del otro y convertirse en inspiración para un destino parejo. Eventualmente los dos edificios se tienen que ver uno al otro como iguales, de otra forma, uno será el constante recordatorio de la vergüenza de su existencia para su vecino.

Twitter: @juanordorica

EL MEMENTO DE HOY

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