miércoles , 18 septiembre 2019

Óscar Lara y la antipatía del poder

Por Juan B. Ordorica

Los eufemismos en política no son cosas nuevas. La ambigüedad de moda dentro del lenguaje político es llamar a los antipáticos sangrones, repugnantes e indeseables cómo “poco rentables electoralmente”.

Estas difuminaciones del lenguaje no ocultan la realidad de muchos pretensos a puestos de elección popular. En el caso particular del ex secretario de Administración y Finanzas, Óscar Lara, evidencian más su personalidad carente de simpatía.

Óscar Lara Aréchiga, poderoso empresario, financiero, líder bancario, tecnócrata y político (más por complemento que por convicción) decidió que es tiempo de buscar gobernar el destino de los sinaloenses.

El dicho popular mexicano: “después de vejez, viruela” aplica a las aspiraciones de este protagonista de la vida pública sinaloense.

Esto no es referencia a su edad biológica, tiene que ver con los tiempos en los que decidió entrar a la carrera por la gubernatura y el alejamiento que tuvo de los reflectores.

Llega tarde, forzado y con un discurso hecho de cartón corrugado.

Por si no teníamos suficientes miembros del Club de los Simpatías, Óscar Lara viene a tramitar su credencial como miembro activo de tan selecta asociación (la presidencia es rotativa y en este momento se encuentra en manos de David López, pero Alejandro Higuera ya se alista para su toma de protesta).

Nadie duda de las capacidades técnicas de Lara Aréchiga, su preparación financiera y el manejo del dinero público o privado; sin embargo, para gobernar se necesita algo más que un buen currículo: debe existir el equilibrio entre el político populista, demagogo y ranchero y un servidor público preparado, eficiente y flemático.

Óscar Lara es uno de los extremos del espectro de lo que un servidor público debe ser. Mucha técnica y poca, muy poca empatía para conciliar los problemas sociales.

La estrategia que parece estar tomando el también ex diputado federal es sumar su nombre a la laaarga lista de suspirantes a gobernador para posicionarse a la hora del reparto de posiciones (o negocios, lo que ocurra primero). Representa el intento de un grupo al interior del PRI por no quedar en medio de la pista sin una silla a la hora que la música se detenga.

No hay que olvidar que Óscar Lara salió de la administración federal (Conagua) por motivos no aclarados, pero que algunos analistas consideran que su carácter despótico tuvo que ver con ello.

El hacer dinero es una virtud y para muchos una cualidad inherente a su persona. Por desgracia, a diferencia del dinero, la empatía es algo más difícil de medir, pero de algo hay que estar seguros: La sonrisas no se venden en los abarrotes y las caras de desprecio no se quitan con buen manejo financiero.

Si Óscar Lara es la apuesta de algún grupo por tomar el control de la política local, quiere decir que las mejores cartas del mazo están en otras manos y a estas alturas jugar al “bluff” es poco menos que una decisión despesperada. Aunque pensándola bien, ya tuvimos un gober antipático; al menos Lara Aréchiga sabe de matemáticas.

EL MEMENTO DE HOY

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Twitter: @juanordorica

 

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