domingo , 22 septiembre 2019

Miguel Calderón Quevedo y sus desplantes de rey egipcio

Por: Juan B. Ordorica

La ironía es la sonrisa que contiene las carcajadas sordas del destino.

Cuando Miguel Enrique -él dice que es Ángel- Calderón Quevedo rindió protesta como alcalde del ahora sugar free Navolato, bajo la techumbre de la plazuela Vicente Guerrero, prometió hacer cumplir las leyes emanadas por el pueblo; de otra forma, la sociedad demandaría su proceder.

Los malos escritores utilizan las coincidencias para lograr que dos sucesos coincidan en tiempo y espacio, pero ni el peor de los escritores pudo haber desarrollado un guion tan mediocre como la mala comedia del alcalde Calderón y su comedia de absurdos.

El rey egipcio Faruq, siendo muy joven, a la edad de 16 años llegó al trono tras la muerte de su padre, al igual que Calderón al tomar protesta.

Faruq prometía ser un gobernante honesto, sensible y el encargado de llevar a su país a la modernidad.

Tras el inicio de la segunda guerra mundial, Faruq tuvo un cambio de actitud muy marcado; sus desplantes megalómanos y autoritarios fueron un dolor de cabeza para un pueblo asediado por los bombardeos.

Mientras Egipto se veía obligado a apagar las luces de la ciudad para evitar ser blanco de las bombas del eje, Faruq jamás apago una sola bombilla de su palacio.

La administración de Miguel Enrique parecía que iba ser un parte aguas en la corta historia del municipio más joven del estado.

Calderón presentaba un buen currículo, incluía una buena formación profesional dentro del sector público y se complementaba con buenas credenciales en la academia; tuvo iniciativas de vanguardia implementando el modelo de administrador de la ciudad, entre otras.

Algo pasó. De la modernidad pasamos a un alcalde que promocionaba como logro conseguir pollos a mitad de precio.

Faruq, el egipcio, se comportaba como un déspota. Un día despertó de una pesadilla donde era devorado por leones. A la mañana siguiente ordenó que todos los zoológicos sacrificaran a los felinos.

Poco a poco se fue quedando sin aliados. Comenzó persiguiendo a la oposición, después ignoraba al congreso y por ultimo depreció al ejército.

Finalmente terminó derrocado en un golpe de estado y huyendo al exilio. La locura lo acompañaría hasta los últimos días de su vida.

Calderón Quevedo no fue a matar leones por el mundo, sin embargo, un día decidió que las plazuelas eran su enemigo natural y ordenó demolerlas.

La modernidad no debe ser justificación para arrasar con las tradiciones de un pueblo. Los tiranos manifiestan su personalidad en pequeñas acciones.

Mientras un regidor es arrastrado por el lodo la democracia es demolida bajo las fauces de los buldóceres

Mientras, por un lado, el acalde presume cara de ángel, por el otro se muestra como pandillero altanero. C cuando se ve atrapado por sus excesos corre en busca de la protección de los suyos. En esta ocasión, mal haría el PRI en dar cobijo a los excesos de una muy mala decisión de gobierno.

EL MEMENTO DE HOY

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Twitter: @juanordorica

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