domingo , 22 septiembre 2019

La maldita rentabilidad electoral

Juan Ordorica

Más les valdría a los partidos políticos hacer una hoguera y quemar en ella todos sus estatutos, plataformas y cualquier documento que albergue algún dejo ideológico.

Al paso que vamos es mejor sustituir tantos papeles sin sentido por dos o tres encuestadores de cabecera y dejar todo en manos de los muy falibles estudios de opinión.

De unos años a la fecha estamos inmersos en la perniciosa lógica de la rentabilidad electoral.

Si bien es cierto la meta de cualquier partido político es ganar elecciones, las formas por las cuales se consiguen las victorias tienen que importar.

La rentabilidad electoral está convirtiendo a nuestros candidatos en bufones, filántropos mercenarios y abrazadores profesionales.

En descargo de los candidatos es justo decir que en ocasiones deben hacer todas las maromas posibles por ganar votos, pero los partidos políticos tienen la obligación de cuidar a quien postula.

De otra forma deberíamos desaparecerlos y convertir nuestro sistema político en una gran pasarela de galanes, artistas, simpáticos y risueños personajes.

La popularidad no debe ser la vara que mida a nuestros gobernantes.

En nombre de la rentabilidad electoral se cometen los peores crímenes contra la democracia, se transforman figuras desagradables en productos atractivos para los electores, forjan alianzas aberrantes. Uno tiene el derecho de aliarse con el Diablo, siempre y cuando se comulgue con la doctrina de Lucifer. De otra forma nos convertimos en algo peor; corremos el riesgo de ser unos demonios incongruentes y ven a los partidos políticos como vulgares fabricas de votos sin importar la calidad de sus contenidos.

Si algo hay que exigir a nuestros partidos y que los ciudadanos están tomando en sus propias manos es dar prioridad a la rentabilidad moral. Cualquiera puede ser pragmático. Incluso, el pragmatismo nos ha llevado a elegir algunos políticos que rayan en la idiotez, pero lo verdaderamente necesario es dar prioridad, en todos los partidos políticos, sin excepción, a una rentabilidad de ideas.

La rentabilidad electoral tiene tintes de sociopatía política establece una nueva escala de valores a la hora de entender lo que se entiendo por un buen político, pues éste busca sumar votos de cualquier forma posible y no de gobernar bien o prepararse para el cargo que dice pretender.

Es nuestro deber como ciudadanos poner un alto al discurso fácil de medir a los políticos como ganadores o perdedores. Es tiempo de exigir una rentabilidad social y moral a nuestros partidos y sus dirigentes. Si no comenzamos por ser más exigentes, pronto terminaremos votando por nuestros representantes a través de un 1800.

Seremos un reality show de despensas y photoshop.

AVISO OPORTUNO: El día de hoy viernes, a consecuencia del huracán Sandra, tenemos anunciadas abundantes lluvias. Por favor hay que acatar las recomendaciones de las autoridades, no deje solos por ningún motivo a sus hijos y sólo si no pone en riesgo a nadie, trate de cuidar sus pertinencias.

EL MEMENTO DE HOY

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Twitter:@juanordorica

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