miércoles , 18 septiembre 2019

Una Diva muy limitada

Juan Ordorica

Una frase de la senadora Diva Hadamira Gastélum retrata su identidad en un evento que tendría que ser un republicano informe de labores, y no un apoteótico culto a la personalidad: “La Diva es considerada en el Top de las legisladoras”.

Así, con esa frase, nos damos cuenta de varias cosas: En un intento de fabricar un personaje habla de ella en tercera persona tratando de ser más un producto que un ser individual (el photoshop es un buen ejemplo); utiliza un artículo determinado «la» antes de su nombre propio. Ella quiere ser un adjetivo, no una persona. Ignora o desprecia las reglas mínimas de la gramática. En otras palabras: se insulta a sí misma. Algo que pudiera esperarse de un ciudadano promedio, nunca de una senadora de la República.

Más allá de minucias lingüísticas, las limitaciones de la senadora son más notorias en el fondo de su discurso que en sus deslices lingüísticos. Uno esperaría que la congruencia de su mensaje fuera aparejada de sus acciones. Durante toda su carrera política, Diva Hadamira ha tomado la bandera del empoderamiento de las mujeres en el sector público. Nos ha dicho que las féminas pueden hacer las cosas de una manera diferente a su contraparte de género. Tristemente sus acciones nos dicen lo contrario.

En su informe señala haber realizado la friolera de 100 mil acciones de gestión. Seguramente aquí incluye muchas despensas, dádivas y demás filantropía electorera que regularmente todos los políticos utilizan para lucrar con las necesidades de los ciudadanos. ¿Dónde está la diferencia en eso? En todas esas gestiones es casi imposible encontrar una familia que haya salido de la pobreza por intervención de la senadora

Moviliza camiones repletos de supuestos simpatizantes a sus eventos; todo con la finalidad de mostrar esa aberración llamada “musculo político” ¿Dónde está la diferencia con los otros políticos?

Se llama víctima de la guerra sucia porque se hacen públicas sus múltiples y millonarias propiedades, pero no aclara o hace referencia de ellas en su informe. Aun si fueran adquiridas por todos sus años de sueldos acumulados, es una aberración que un representante de los ciudadanos adquiera todo ese patrimonio al trabajar “por el bien del pueblo”.

¿Dónde está la diferencia en eso?

Su condición de mujer es el pretexto mántrico a la hora de justificar las críticas. Al contrario, la supuesta debilidad a la que aduce es su fortaleza. Sus muy limitados discursos se reducen a una cuestión de cuotas y no de contenidos. Por ser mujer es porque sigue en la pelea

Ayer, durante un acto más de su eterna campaña, la senadora se paseaba por los pasillos del auditorio Juan S Millán (en el PRI les empalagan estos mensajes ocultos), se regodeaba de su evento y se dejaba consentir por su partido. Hubo un discurso hueco, cifras, bailes, acarreados, tortas, muchos abrazos, pero en ningún lugar del recinto existió el acto más republicano de todos: La rendición de cuentas

EL MEMENTO DE HOY

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Twitter: @juanordorica

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