domingo , 22 septiembre 2019

Algo está podrido en Sinaloa

Juan Ordorica

Mientras en el mundo civilizado la llegada de las fiestas decembrinas significa una época de armonía y civilidad colectiva, para Sinaloa representa todo lo contrario.

En este mes es cuando los sucesos violentos se presentan con más frecuencia en la entidad y los espíritus salvajes toman posesión de las voluntades de algunos ciudadanos.

Vivimos una surrealidad muy propia de la sociedad sinaloense.

Lo que un ciudadano moderno y educado ve con desprecio, miedo e indignación, aquí, si bien nos va, lo juzgamos con indiferencia.

Nadie se asusta por la cantidad de hechos violentos que tenemos en nuestras ciudades durante estas fechas.

Es realmente triste observar cómo ignoramos estas situaciones y pocos levanten la voz para denunciar esta normalidad bizarra.

Es una tradición de las posadas sinaloenses aumentar el número de balas que vuelan en el ambiente. No queremos vivir en la normalidad de la modernidad. Nos rehusamos. Preferimos las costumbres de salvajes sin dueño.

Es verdad que la mayoría no tiene estos comportamientos, pero es una realidad que es misma mayoría le gusta callar y hasta presumir a sus parientes y de otros lugares, como si fuera atracción turística, los sonidos de las balas navideñas y de año nuevo.

Parafraseando al buen Hamlet: «Algo está podrido en Sinaloa”. Cualquier gobierno y sociedad que se llame a sí misma moderna busca castigar a los trasgresores.

Aquí en Sinaloa no se conocen personas que estén pagando con cárcel sus arranques de bandolero del viejo oeste, pero tampoco una sociedad que desprecie y exilie moralmente a los “gatillo fácil”

Hemos llegado al triste extremo de auspiciar campañas de comunicación para solicitar a los delincuentes nos hagan el favor de no disparar en estas fiestas.

El gobierno no está para pedir favores a quien viole la ley; su función es otorgarnos seguridad, atrapar y castigar a quien dispare un arma de fuego. ¿Imaginan ustedes a los gobiernos de países civilizados que sufren de terrorismo pedir en comerciales a los yhiadistas el favor de no detonar bombas en sus ciudades? Porque eso son todos aquellos que detonan las balas decembrinas sobre nuestras cabezas. Son terroristas. Nos arrebatan nuestra libertad.

Mientras continuemos negando nuestro derecho a ser una sociedad civilizada estamos renunciando al derecho a la modernidad. Ni siquiera podemos decir que vivimos en el viejo oeste, pues en esa época los cuatreros temían a los sherifes; aquí, se ríen de ellos.

No le podemos exigir a ningún gobierno erradicar este tipo de conductas si nosotros no participamos activamente en la construcción de una realidad diferente a la que vivimos. Hay muchas maneras de contribuir a ello: Si en nuestras familias o amistades existe alguien armado, no hay que invitarlo a nuestras reuniones; no presumir las balaceras como curiosidad divertida; cuando sea prudente denunciar a las autoridades si conocemos donde hay balazos; dejar de ver con normalidad las balaceras, avergonzarnos de ellas y recuperar nuestra capacidad de indignación.

Sinaloa merece una nueva personalidad. Cuándo la mayoría de los ciudadanos decida que los orangutanes no deben de de ser más nuestra carta de presentación ante el mundo, realmente seremos el mejor lugar para vivir.

EL MEMENTO DE HOY

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