domingo , 22 septiembre 2019

¿Y si remodelamos a Sergio Torres?

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Cuando el populismo, la soberbia y los aires de grandeza se juntan, al mismo tiempo tenemos como resultado proyectos de remodelación como los de la avenida Álvaro Obregón, que de alguna u otra forma pretenden cimentar las aspiraciones políticas de Sergio Torres. Si los faraones construyeron tumbas majestuosas, qué le dura una calle a nuestro alcalde.

Una ciudad activa, próspera y dinámica necesita reinvertirse cada 30 años; de otra forma corre el riesgo de colapsarse sobre sí misma y asfixiar a sus habitantes. Culiacán es un claro ejemplo de cómo una comunidad creció y su infraestructura urbana y vial se ha convertido en dolores de cabeza para quien aquí vivimos

Últimamente nuestro alcalde se ha dejado llevar por un frenesí de remodelaciones urbanas, muy necesarias todas ellas y algunas hasta urgentes. Por desgracia, Sergio Torres quedó envuelto en los vapores de la construcción, se infundó en un overol y dinamito cualquier vestigio de participación ciudadana que podía quedar en la comuna.

Desde el día que asumió el cargo, Sergio Torres vive en la polémica. Se siente muy a gusto entre la clases populares, las cuales lo ven como un patriarca donador de despensas y curador de males, pero entre la ciudadanía que le exige participar en la toma de decisiones de la ciudad simplemente se achica, reclama o confronta. No tiene la capacidad de apertura, mucho menos de diálogo. Populismo para principiantes se llama su estilo muy particular de gobernar.

Amén que sus ocurrencias han desviado la atención de las cosas verdaderamente importantes: invasiones de morrines inservibles, campañas cívicas disfrazadas de institucionales, pelarse con los circos, etc, haciendo caso omiso de los baches, robos de vehículos o la mínima atención en el espantoso sistema de semáforos que tenemos.

El caso más emblemático de sus arranques de tirano de pueblo se presenta con el par vial de la avenida Álvaro Obregón y Aquiles Serdán. Esta es una obra que le urgía al municipio.

Coincido que somos más los que estamos de acuerdo con dar un cambio a la cara y al tránsito vehicular en estas vialidades, sin embargo, las formas con que se llevaron a cabo los concursos de obra, la consulta y la difusión de la misma son una afrenta para cualquier político que se llame demócrata.

Era muy sencillo iniciar a cabildear, solicitar propuestas y transparentar la ejecución de una construcción tan importante para la capital con un año de anticipación, pero no. Él prefirió arroparse entre las sombras de los programas federales, aducir que los tiempos para aterrizar el recurso tenían caducidad y aventar las máquinas a tapar calles y destruir protestas.

Es tiempo de buscar alguna ventanilla de recursos que posibilite la tarea de remodelar alcaldes. Esto no debe seguir así. Culiacán es mucho más ciudad que cualquiera de sus limitados gobernantes. Modernidad sí, pero nunca pisoteando las libertades del ciudadano.

EL MEMENTO DE HOY
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