miércoles , 18 septiembre 2019

Quirino Ordaz y las ambiciones de Peña Nieto

Juan Ordorica

De un plumazo, de un dedazo, de un torrente, Peña Nieto, al menos en Sinaloa, terminó borrando la supuesta fama de pragmático y altamente analítico cuando de estrategias políticas se trata.

En esta decisión demuestra que es el más común y corriente de los políticos al preferir a sus cuatachos del alma y futuros patrocinadores de negocios antes que el mínimo sentido común.

La nominación de Quirino Ordaz como candidato a gobernador del PRI en Sinaloa únicamente viene a confirmar el carácter sectario del presidente de la República.

En lo que va del sexenio la administración peñista se ha caracterizado por dar prioridad a los intereses económicos, sobre todo lo demás.

De poco o nada valieron los esfuerzos de 9 aspirantes, que sin ser nada espectaculares, al menos se tomaron la molestia de platicar con la sociedad y esbozar una que otra propuesta.

Nunca en la historia de Sinaloa el PRI había presentado un candidato tan débil para contender por la gubernatura (ni Renato Vega se veía así de mal).

Sus credenciales son bastante pobres y su personalidad es más gris que un bloque de concreto.

A Peña Nieto no le importa Sinaloa, no le interesa en lo más mínimo. Es por eso que regaló esta posición a su caddie favorito, David López Gutiérrez, y a uno de los empresarios del sexenio el “Cthulhu” de la carne, Jesús Vizcarra Calderón.

Sin darse cuenta (o tal vez sí, uno nunca sabe), los iluminados toluqueños regalaron a la oposición un costal lleno de motivación y, al mismo tiempo, estrellaron contra la pared la ilusión de las bases priistas.

Bien dice Sin Tzu que uno de los secretos para tener éxito en las batallas es elevar la moral de tu ejército. En estos momentos la moral de la tropa priista está más abajo que la popularidad de nuestro guapo presidente.

Los priistas están en shock y a oposición llena de espíritu de lucha. Los partidos contrarios al PRI están de fiesta. No porque crean que la lucha esté ganada, simplemente les dieron vida y los suben ring contra un enemigo de un peso más accesible.

Para completar el desconcierto tricolor estamos a las puertas de un drama Shakesperiano.

Quirino Ordaz es la cabeza de playa del vizcarrismo y aguilarismo que están sedientos de sangre después de la afrenta del 2010.

El malovismo tendrá que tomar la decisión de apoyar o no a los que parecen serán sus verdugos en caso de llegar al poder. Una tragedia digna de sofocles: ayudar a sus adversarios y ponerles el cuchillo en la mano para ser sacrificados en la plaza pública.

Seguramente a estas alturas más de alguno se encuentra arrepentido de no dar el salto a los partidos que los cobijaron en la alianza que los llevó al tercer piso cuando tuvieron oportunidad. La fe por las formas priistas terminó ahogándolos en una designación enredada y altamente comprometedora.

En las próximas semanas veremos una campaña intensa para posicionar el desconocido e ignorado nombre de Quirino entre la sociedad.

Lo van a presentar como un producto que se puede comprar en la tienda. No están equivocados: es un producto. Es el producto de las maquinaciones de los intereses de un desarraigado golfista, un ex gobernador que se siente humillado, un carnicero vengativo y un presidente ambicioso y sectario.

EL MEMENTO DE HOY

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