miércoles , 18 septiembre 2019

La línea en el PRI se llama «unidad»

Juan Ordorica

El capricho de una persona que vive a mil kilómetros de distancia, quien no tiene más de una docena de visitas a esta tierra y que no ha he estado más de 50 días de su vida en Sinaloa fue suficiente para designar a un candidato y, por ende, apostar que sus intereses son los mismos de todo un Estado libre y soberano.

La democracia en el PRI es una fotografía  borrosa y oxidada, colgada en el último de los cuartos de servicio de sus edificios.

Escondido entre trapeadores, escobas y cachivaches, el espíritu democrático tricolor se niega abandonar las sombras y salir a conocer el Siglo XXI. Son el arquetipo de la  mansedumbre y la resignación.

El PRI se siente muy orgulloso de ser fiel a la línea. Unidad le llaman ellos. Tal vez si el mundo no hubiera cambiado; si México fuera el mismo de hace 40 años y los ciudadanos todavía fueran una figura decorativita para el sistema… las formas de PRI fueran las correctas. Sin embargo, México y Sinaloa ya son otros. Exigimos mejores gobiernos, políticos y, sobre todas las cosas, mayor seriedad en aquellos que pretenden gobernarnos.

El pecado del PRI no se llama Quirino. El pecado del PRI es el desprecio que sienten por sus militantes. Quirino tal vez sea una persona con las suficientes cualidades morales y técnicas para ser un candidato aceptable, pero al final de día es el producto de las maquinaciones de dos o tres personajes;  representa el interés personal de aquellos que poco o nada significa el bienestar de los que aquí vivimos.

Las decisiones de los  partidos políticos ya no son preocupación o afectan únicamente a sus militantes. Cada acción que un partido político materializa es un mensaje para los ciudadanos; es un reflejo de su ideología y el sentido que tienen de la democracia. El PRI ha sido extremadamente claro de lo que piensa de la democracia y sus mayorías: Sus militantes no tienen la capacidad de pensar. Por lo tanto, los dirigentes tienen la obligación divina de guiarlos por el sendero de los virtuosos.

La alianza PAN–PA –PRD tiene la oportunidad de mandar un mensaje en sentido contrario; de no ser así, estaremos ante la triste realidad que la democracia es un bien de lujo en estas tierras llenas de barbarie, buchones e incivilidad.

Aun así, la coalición debe cuidar mucho el proceso de selección de candidato, pues curiosamente, si la consulta es abierta a la ciudadanía en general, el PRI se vería poseído repentinamente de un espíritu democrático  y movilizaría su estructura para determinar el candidato de sus adversarios. Deben ser muy cuidadosos; encontrar el equilibrio entre democracia y estabilidad.

Es nuestro deber como ciudadanos exigir siempre procesos democráticos y evitar uno de los eufemismos más absurdos de la vida política: Unidad no es sinónimo de cohesión. Simplemente es una imposición con palabras amigables.

EL MEMENTO DE HOY

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