domingo , 22 septiembre 2019

La más feliz de mis heladas

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Hace 5 años, mientras Sinaloa enfrentaba uno de los mayores desastres económico-climatológico de su historia moderna, mi situación era radicalmente opuesta.

Las pérdidas económicas fueron millonarias. Tanto el gobierno federal como el estatal destinaron recursos extraordinarios para solventar el desastre social que trajo consigo la pérdida de cientos de miles de hectáreas a causa de heladas atípicas en la región.

Los productores sufrían un golpe terrible y amargo para sus familias.

En lo personal, y a diferencia del resto de muchos sinaloenses, ese día fue de absoluta felicidad.

Mi hijo Maximiliano llegaba a este mundo en medio del frío penetrante y la crisis colectiva.

Fiel a su personalidad intempestiva, se adelantó 10 días. Sin planeación alguna, vio la luz en el Hospital Civil de Culiacán y me tocó esperar su aparición en plena intemperie a punto de congelamiento.

Una cobija de lana –hasta la fecha ese cobertor de un personaje de Disney sigue siendo el compañero nocturno de Max a la hora de dormir– fue mi única compañía de aquella espera.

Cerca de las 3 de la madrugada finalmente salió al pasillo envuelto en un par de cobertores gigantes. No lo volví a ver hasta muy entrada la mañana.

Cinco años han pasado desde aquel día tan dispar. La naturaleza, maestra de la paradoja y el contraste, me demostró su crueldad y su belleza al mismo tiempo.

Mientras a los más les arrebataba parte de su porvenir, a mí me regalaba el mío. De golpe y porrazo comprendí los verdaderos conceptos de mortalidad y responsabilidad. Nunca antes podría ir por la vida tomando decisiones sin someterme a la consecuencia de mis actos.

Sinaloa superó la crisis. Cada vez parece más distante aquella fecha fatídica para sus habitantes. En cambio, yo cada día tengo más presente ese 5 de febrero de 2011, Maximiliano se encarga de recordármelo con sus primeros pasos, las primeras palabras, algunas medallas de carreras, equipos de futbol, los berrinches eternos, el kínder, dibujos y plastilinas

Tortugas Ninja, villanos espaciales, piratas de nunca jamás, puerquitas en rosa, Dora y un interminable ejército animado son parte de mi vida ahora. Max y sus 5 años son inolvidables. Mucho ha sucedido desde entonces. Eventualmente para los sinaloenses aquella terrorífica helada no será más que un suceso registrado en el almanaque del 2011 y sus consecuencias se perderán con el paso del tiempo. No para mí. La más feliz de las heladas jamás va desaparecer; menos olvidada. Max llegó en el frío, pero descongeló el resto de mi vida.

EL MEMENTO DE HOY

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