miércoles , 18 septiembre 2019

Quirino Ordaz es un gerente de lujo

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Desde la segunda mitad del siglo XX y lo que va del actual milenio los gobernadores de Sinaloa, de alguna u otra manera, compartían y equilibraban el poder, la política y las decisiones del estado con las élites económicas. Los Calderón, Toledo, Labastida, Vega (con todo y sus constantes ausencias), Millán, Aguilar y Mario López Valdez fueron producto de carreras políticas consolidadas, pero sobre toda las cosas constituían el fiel de la balanza entre las élites y los gobiernos.

Con la llegada de Quirino Ordaz Coppel a la candidatura del gobierno de Sinaloa, el PRI oficialmente ha instaurado la era de los gerentes. La élite económica –o los Iluminatis sinaloenses- se cansaron de compartir el poder con los políticos y compraron todo el lote del poder en una sola exhibición. Con tal de evitar sorpresas o sobresaltos, los iluminatis se encargaron de desmantelar a la oposición.

Ya sea por compromiso, cohecho, convencimiento, amenaza o simple complicidad misteriosamente, los adversarios más rentables de la oposición o independientes desaparecieron –aunque algunos aparecieron en fotos con Quirino y padrino muy sonrientes-. Por arte de magia, las críticas al candidato del PRI se transformaron en aplausos por su enorme trayectoria profesional.

Seguramente la persona de Quirino es todas esas cosas maravillosas y bonitas que dicen de un candidato -honesto, “echado pá delante”, trabajador, conciliador, líder, fornido, inteligente y sonrisa deslumbrante-, pero nadie con algo de noción de sentido común debe considerar la carrera profesional y política de Quirino como suficiente para llegar a ser gobernador. De lo contrario, cualquiera que sea diputado federal y con dos o tres posiciones de burócrata debe anotarse en la próxima lista.

El candidato del PRI es un gerente, de lujo si usted así lo prefiere, pero gerente, al fin. Su función principal, en caso de ganar, consistirá principalmente mantener los campos de golf cuidados y abastecidos de amenidades para sus empleadores del centro del país, sobre todo para el caddie de cabecera de los Pinos y obviamente cuidar el negocio de sus patrones locales.

Todos aquellos priistas que sueñan con ser gobernadores están muy a tiempo de cambiar sus estrategias. De nada sirven ya esos años de visitar colonias, repartir despensas, coleccionar puestos partidistas o perfeccionar la servidumbre. A partir de la era de los gerentes, más les vale convertirse en empresarios, aprender a jugar golf, emparentarse con los iluminatis y frecuentar clubes sociales de categoría. De otra forma estarán condenados a rumiar sus penas entre alcaldías y diputaciones – seguramente muy pronto los iluminatis también se van apropiar de estas posiciones-… Después de todo, si ya contrataron un gerente general, nada cuesta ya abrir contrataciones para jefes de piso.

EL MEMENTO DE HOY

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