jueves , 14 noviembre 2019

La USE, un viaje por el infierno

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Cada viaje a la Unidad de Servicios Estatales (USE) es una experiencia desagradable.

El edificio que estaba destinado a ser una solución moderna y eficiente de los trámites burocráticos se convirtió en una formidable cámara de torturas físicas y psicológicas para el desafortunado que necesite algún servicio en ese lugar de sufrimiento eterno.

Desde antes de poner un pie en la USE el desorden es evidente.

Los congestionamientos viales, la falta de estacionamiento y la nula presencia de agentes de tránsito dan la bienvenida a las pobres almas al primer círculo del infierno burócrata.

Una vez sorteada las vicisitudes del arribo, una explanada repleta de vendedores – cual bravos cancerberos- son los guardianes de la entrada al inframundo gubernamental.

En el letrero oxidado de información, si uno pone mucha atención, se puede leer entre líneas: “¡Vosotros los que entráis abandonar toda esperanza!”.

Si uno va entrar al infierno necesita los servicios de Caronte, el barquero. Por un par de monedas los coyotes de la USE prestan sus servicios para navegar por las aguas del Aqueronte de la corrupción.

En ese lugar de desesperanza la corrupción ha construido un templo magnífico. Nada se mueve sin lubricar los resortes institucionales, dijo el Virgilio Aguilar. De otra forma, las almas perdidas están destinadas a vagar por el limbo de la indiferencia burocrática.

Los 7 pecados capitales son el cemento que mantiene unida a la USE. Todos sufren la gula y la pereza de los empleados que abandonan los puestos de trabajo para ir por sus ricas viandas o ausentarse sin razón ante los ojos de quien sufra en la fila.

La ira es el pecado más popular entre las almas condenadas por sus trámites. Las palancas y recomendados regalan su cuota de envidia y orgullo por no tener que manchar su plumaje en los pantanos de las placas, pasaporte o licencia.

Y por último, la lujuria. Aquellas barbies humanas contratadas por su figura para la atención al público son el castigo cruel para quien las admira. Pueden ver, pero no tocar, ellas ya tienen dueño entre los demonios de mayor jerarquía de aquel infierno.

No hay infierno completo sin un Diablo al mando. El Lucifer de la USE tiene muchas caras. Cambia cada 6 años y no tiene prisa en descongelar el Cocito. Entre más ciudadanos desconsolados caigan en sus terrenos, más grande es el río de avaricia que alimenta los afluentes del poder político.

El arrepentimiento no es suficiente para escapar de aquel infierno administrativo. Es nuestro tormento eterno porque así lo hemos decidido. Nos gusta la tortura y el sufrimiento. Somos esclavos de nuestras propias cadenas y hemos perdido la capacidad de exigir mejores modelos de administración pública.

La tecnología avanza, pero nuestra burocracia prefiere seguir condenando a los sinaloenses a sus demoniacas garras… Después de todo el infierno es su forma de vida; sin él, no son más que pobres diablos sin razón de ser.
EL MEMENTO DE HOY

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