martes , 25 junio 2019

El debate de los candidatos a la gubernatura vino y se fue

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

El debate de los candidatos a la gubernatura vino y se fue. Nos quedamos con algunas lágrimas, varias risas y un sentimiento abrumador de pena ajena.

Es menester de esta columna hacer un resumen de las cosas sin importancia, pero altamente ilustrativas de la participación de cada uno de los aspirantes.

Ramona “Mony” Rocha (PES): La señora Mony, única candidata mujer a la gubernatura, brilló por su estilo de peinado a la “Donald Trump”. Se enfrascó en una extraña pelea por su nombre y nunca se supo a quién estaba acusando por el plagio de su identidad. Tuvo su momento de gloria al ofrecerse como la Kalhessi de los sinaloenses.

Mariano Gómez Aguirre (PRD): Se perdió ante las cámaras. Nadie le avisaba su turno y parecía desorientado en sus intervenciones. Criticó la reforma fiscal, pero se le olvidó que el PRD -partido al cual representa- fue el promotor de dicha reforma. Sus expectativas eran altas, pero los nervios le jugaron una mala pasada.

Francisco Frías Castro (Independiente): 40 años en el sistema no pasan en balde. Mostró tablas en el micrófono y sacó sus dosis de metralla a todo mundo. Por su puesto que el discurso de independiente no se enmaraba bien en su persona. Se encargó de acribillar cualquier salida política en favor de Cuén.

Héctor Melesio Cuén Ojeda (PAS): El gran perdedor de la noche, y no por su intervención en el debate. Se desplomó el mito de una posible declinación de Frías por su persona, no pudo contestar con claridad los señalamientos e incluso salió con la puntada de no permitir la presión sobre los maestros de la SEP –el chiste se cuenta solo-. Amadísimo líder tenía una finta de vampiro que no podía con ella.

Jesús Estrada Ferreiro (MORENA): En algún artículo de los estatutos de MORENA debe existir la obligación que sus candidatos se parezcan física y moralmente a su líder AMLO. Estrada era una mala copia del Peje, pero muy cómico. De lo malo que era, daban ganas de escuchar sus posicionamientos.

Quirino Ordaz Coppel (PRI): Un poste de luz con el farol fundido brilla más que el candidato del PRI. Frío, balbuceante y sin interactuar en demasía con los otros candidatos, tuvo su cuasi momento de gloria cuando se escondió en la grisura de las cifras burocráticas. No salió, ni por error, del script. Dijo que Sinaloa tiene 20 años estancado -con la pena, pero él ha sido parte de esas administraciones de 20 años-.

Leobardo Alcántara (PT): Hay que ponerse de pie y aplaudir a este maestro del desastre. Nadie fracasa tan magníficamente sin dejar un sentimiento de grandeza en su colosal metida de pata. A Leobardo se le acabó el debate en la primera intervención y repetía una y otra vez la misma cantaleta en sus intervenciones. Se consagró a sí mismo cómo el terror de los viejitos.

Martín Heredia Lizárraga (PAN): Se notó que hizo la tarea, pero algo sucedió. Sonaba a párroco dando sermón. El tono de voz eclesiástico parecía forzado y medio fuera de lugar. Tuvo un par de buenas intervenciones, pero nada extraordinario. Desaprovechó la oportunidad para mostrarse cómo la mejor opción para derrotar al sistema.

El debate dejó muchas más dudas que certezas de la capacidad de los candidatos de enfrenar a la audiencia de forma preparada y ordenada. Tal parece que no hicieron sus tareas y son muy malos improvisando… Después de todo, hay que entender que más que un debate, lo que pudimos ver y escuchar fue una serie de monólogos acompañados unos de otros.

EL MEMENTO DE HOY

debate

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