sábado , 17 agosto 2019

Pedro Infante para gobernador de Sinaloa

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Es una delicia ver una y otra vez las películas del ídolo de Guamúchil, Pedro Infante, particularmente, y para fines específicos de los tiempos electorales que se viven en Sinaloa, el drama/comedia “La oveja negra”.

La divertida película del “Inmortal”, acompañado de Fernando Soler, tiene más de 65 años y parece que la historia de la política en México, narrada en esa historia, se quedó congelada en moldes de celuloide.

El discurso de Silvano Treviño (Pedro Infante) retumba en plazuelas, mítines, escenarios y tribunas sinaloenses: “Este pueblo tiene carestías, desgarriates en la justicia, mordidas y mangoneos. ¿Esto nos pasa por falta de civismo y valor? … Nos pasa por güeyes porque hasta la coyunta lamemos. Se acabarán los coyotajes, los mangoneadores y los lambiscones.

Para ganar necesito su voto por unanimidad y colectivamente y hay que estar decididos a triunfar por lo que queremos caiga quien caiga. «Así caigamos unos o caigamos varios…”

Tenemos políticos de rancho con campañas de rancho. Somos una parodia de lo que debería ser la política. Basta recordar los altercados que se vivieron durante el debate entre candidatos a gobernador.

Los bandos del PRI y del PAS tomaron la plazuela en asedio; parecían escenografía de película de Ismael Rodríguez, pero sin la puntillosa y entrañable actuación de los hermanos soler.

Una cena entre los “notables” del pueblo es motivo de cotilleos exacerbados.

Si la cúpula del PRI se reunió para cenar, contarse chismes o jugar baraja, produce una serie de orgasmos analíticos a nuestros opinadores, lambiscones y coyotes; por el otro lado, algunos adversarios se retuercen entre los calambres de la incertidumbre. Llegan al extremo de actuar como si los priistas fueran los dueños del rancho y con ello las decisiones de la tertulia fueran palabra de hacendado.

Ninguno de nuestros candidatos tiene el carisma de Pedro Infante, pero todos están haciendo campaña en blanco y negro. Incluso Cancia, el famoso caballo de Silvano Treviño, sería, sin duda, un mejor entretenimiento de campaña que todas las botargas, comparsas y brigadas juntas que se muestran en las calles. Hay que recordar que el caballo Cancia tenía la curiosa habilidad de bailar y era, por mucho, mejor bailarín que Quirino bailando el mamotreto del Quirinazo.

Silvano Treviño ganó la elección enfrentando a su propio padre. Don Cruz Treviño Martínez de la Garza era un opositor firme y decidido, pero al mismo tiempo desconocía los resultados de las urnas, lanzaba alegatos de fraude en las boletas y desconocía a la autoridad, es decir, nada nuevo bajo el sol electoral. En ocasiones los perdedores no reconocen sus derrotas y se emborrachan, al igual que Don Cruz, en el etil del rencor eterno, no importando que con ellos se lleven la tranquilidad del pueblo.

No estaría mal que Pedro Infante fuera gobernador. Su política de plazuela no es diferente a la que tenemos hoy en día, pero, sin duda, es tremendamente más divertido… Después de todo, si nuestros candidatos insisten en discursos que tienen 65 años de antigüedad, más nos valdría ser gobernados por Pedrito y su caballo.

EL MEMENTO DE HOY
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