sábado , 14 diciembre 2019

Votando de fiado

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Treinta y nueva millones cuesta al pueblo de México, en general y a los sinaloenses, la impresión de las boletas electorales.

Aunque suene un cliché demasiado utilizado, de nuestros impuestos se eroga esa friolera, cuya única finalidad es tener un objeto de papel en donde marcar el tesoro más valioso de nuestra democracia: el voto.

Uno pensaría que una cantidad de tan considerable tamaño fuera establecida, de antemano, en los presupuestos anuales de alguna de las instituciones encargadas en salvaguardar nuestra decisión. Pues resulta que no. Al parecer, nadie se acordó de este pequeño detalle y faltando un mes para realizarse el proceso, no se han puesto de acuerdo a quién le toca apoquinar con la cuenta.

La democracia es una fiesta, pero a nuestras autoridades les duele pagar por los pases de la pachanga.

Alguien no hizo bien su trabajo y hoy estamos cargando las consecuencias, al vernos como una democracia débil que se queja por los elevados costos de ella, tal como un ejército que quiere ir a la guerra y sus oficiales se comportan plañideramente por el costo de las balas.

La poca importancia que se pone a este tema no es sino el reflejo del pobre trabajo que viene haciendo el Instituto Estatal Electoral, el desinterés del Gobierno de Estado –todo quiere arreglar con mesas de diálogo- y la nula importancia que representa para Sinaloa el Instituto Federal Electoral. El árbitro electoral fue rebasado desde su concepción; han elevado a rango de axioma la falta de recursos para realizar su trabajo.

De ser así, deberían renunciar y exhibir al gobierno, pero no. Mientras sus elevadas percepciones sean cubiertas, qué importa que las boletas vivan en la zozobra de la existencia.

El gobierno ya no debe criticar el elevado costo de organizar una elección. Si nuestra democracia es cara, se debe exclusivamente a las malas prácticas de nuestros gobiernos. La desconfianza y los excesos gubernamentales son el motivo de las onerosas medidas de control. El pecado de hipotecar esta elección es compartido, pero el gobierno se lleva la mayoría de la culpa.

El costo de las boletas electorales descendería considerablemente si cambiáramos nuestra forma de participación en las urnas por el voto electrónico. En países desarrollados está es la forma corriente de votar, pero no aquí. Esto es imposible. La desconfianza es el común denominador en nuestros actores políticos. Partimos de las miserias humanas como la base para juzgar nuestros actos democráticos. Y por supuesto, ¿cómo no dudar de la intromisión oficial en los resultados electorales? Si son ellos los principales sospechosos de ser los actores intelectuales de las marrullerías en campaña.

39 millones de pesos puede parecer mucho, pero el costo de la indiferencia con la que este tema ha sido tratado por las autoridades es de asustarse. Sus atenciones, afectos y lealtades están en otros estados mentales … después de todo, unas cuantas boletas no los deben distraer de sus actividades serviles para cierto candidato tricolor.

EL MEMENTO DE HOY

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